La noche del fútbol.

La noche del fútbol. 

Recuerdo con exactitud cómo te conocí. Caminaba teniendo 5 añitos por el club y de pronto detrás de una gran mata de flores te vi por primera vez. Ahí estaba ese maravilloso rectángulo verde y además estaba repleto de otros niños, todos uniformados de rayas blancas y azules, y sin saber qué pasaba dentro salí despavorido como quien ha visto a la muerte a los ojos, tenía que ser ya, ahí, en ese momento, busqué a mi madre y la arrastré hasta el verde y le rogué que hablara con aquel hombre que parecía dirigir aquello, yo tenía que participar de esa fiesta. 

No recuerdo bien el desenlace de mi primer entrenamiento de fútbol, pero me inunda la sonrisa recordar mi salida, pleno, feliz, como si me hubiera tocado la lotería, me sentía grandioso, enamorado, como flotando, aquello que alguna vi en la televisión, se podía jugar a mi edad y quedé ahí atrapado por siempre. 

Pronto llegó el mundial del 82, pero en mi casa, que no era futbolera, salvo por mi abuelo, casi pasó desapercibido para los que éramos muy pequeños, pero así, igual de rápido llegó el mundial de 1986 en México, en casa. 

Ambiente, festejos, partidos, fiestas y unas tarjetas de cartón que regalaban los comercios para ir llenando los resultados de los partidos y poder seguir los emparejamientos, mi primer álbum de cromos, fantasía pura y entonces después de un trayecto corto en carretera llegamos a Querétaro y ahí estaba él, hizo 4 goles en aquel partido y siendo como era ya mi ídolo de la niñez, mi corazón casi explota en un éxtasis que aún me eriza la piel, Don Emilio Butragueño, el Buitre. Ahí, justo ahí le juraba amor eterno al deporte más hermoso que el hombre había creado y me juraba que algún día yo sería ese héroe, en un estadio y que marcaría un bellísimo gol en un mundial. Luego “me chingué la rodilla” y no se pudo. 

Lo que sí se pudo, fue recorrer miles de campos, marcando cientos de goles, corriendo y defendiendo mi camiseta con pundonor, ese que me habían inculcado mis primeros entrenadores que hablaban del equipo como si lo fuera todo y de alguna forma me inyectaron en las venas ese veneno lleno de pasión y coraje que nunca se fue y que me pedía ganar siempre, a toda costa. 

De ese amor propio recuerdo mi primer gran gol, no por la factura, sino por que significaba que mi equipo ganaba la copa al marcar en el tiempo extra, de manera instintiva algo explotó adentro, una increíble sensación de poder, de alegría desmedida. Miraba al correr aquella tribuna repleta de gentes gritando y coreando mi nombre, como Butragueño. Felicidad pura, única, adicción inmediata. 

Los años pasaron y cada vez que me sumergía en el balón: amigos y un montón de enemigos; incluso hubo tiempos en los que se antojaba más calzarse una cota de malla y un buen yelmo en lugar de las botas. Las guerras con sus fantasmas de la adolescencia. Pero de hasta aquellos enemigos íntimos con el paso del tiempo algunos siguieron siendo íntimos pero ahora amigos.

Todo se lo fui debiendo al fútbol. Y es que en las turbulencias siempre fue refugio, fue la sonrisa en medio de la desgracia, el gol dedicado al abuelo caído y los guiños de los primeros amores, todo circundando en ese objeto blanco y negro que volaba y cuando lo hacía volar deseaba con ansias que regresara a mis pies para golpearlo como fuerza o con delicadeza, todo dependería del momento. Ese momento en donde el tiempo se detenía y se convertía en un filme en cámara lenta, una mueca, una amago, perfil, golpeo y un viaje despacio con giros simétricos trazando una elipse que parece alejarse pero que al regresar tomaba al guardameta desprevenido y entonces su cara de horror y un lance estéril, diana detenida por aquella red que de moverse conseguía hacer rugir gargantas. Carrera corta, festejo y abrazos llenos de pasión. 

Tiempo después “lo dejé”, vamos que la prioridad en ese momento era la enseñanza, con hijos pequeños la tarea era simple, enamorarlos del juego, llevarlos y corear ahora sus nombres y preferir el orgullo antes que la gloria propia y mezquina, No, ellos ahora y adelante. Para mi suerte, mi cambio al otro lado de la línea de cal fue bastante exitosa, con los amigos campeonatos y finales, haciendo jugar y con mis hijos de pronto como regalo inesperado clasificación y final justo el día de mi cumpleaños. Nervios en todo lo alto, padres, madres, abuelos, tíos, hermanos, todo el universo en ese pequeño campo. Los chicos temblando y yo en las arengas finales. Todo listo. A rodar y aquello fue tan dramático que tuvimos que definir en la tanda de penaltis. Como buen estratega faltando escasos segundos en el reloj hice un cambio en el arco y aquello resultó definitivo, mi improvisado arquero de uno con veinte se lanzaba como león a un costado sacando el último balón y entonces todo explotó de nuevo, como en aquel gol de 20 años atrás. Uno de mis hijos, curiosamente el guardameta sacrificado en el tanda, corrió a mis brazos y nos abrazamos para dejar sentir la adrenalina correr, lloramos de felicidad y al cabo de unos segundos me vi rodeado por más de veinte chamacos que probaron por primera vez la gloria. 

Un poco más viejo, regresé al campo a jugar con ellos ya más grandes y de vuelta a enseñar al más pequeño. También “cascaritas” de veteranos y una última liga de ancianos. A punto de cumplir los 50, pero me sentía en forma, comenzaba a recuperar sensaciones y regresaron las anotaciones, tomé la titularidad en el equipo apenas al segundo juego y de ahí a ver quién me sacaría. Ansiaba de nuevo esos jueves por la noche. Las tardes de partido me descubría imaginando un regate, un tiro, un amago… de vuelta a la felicidad y las sonrisas. 

Todo marchaba y veía en el horizonte una vez más un campeonato, un trofeo más y una explosión tardía que no imaginaba pero que estaba al alcance. Y de pronto un día, haciendo ejercicio en el gimnasio, un “clack”, un dolor muy agudo entre el pie y tobillo. Tan sólo estaba haciendo una plancha y no entendía como aquello era tan intenso. Por la mañana siguiente el dolor se intensificó y los días pasaron sin mejoría. Me reporté de baja por lesión ese jueves y al no ver cambios, cita en el médico. 

Radiografías y resonancias trajeron consigo la peor de las sospechas. El cartílago de mi tobillo izquierdo ya no existe, queda lo justo para caminar y con el tiempo eso también será un problema, Hablamos de cirugías y bla, bla, bla, o eso le escuché al doctor porque mi cabeza se había marchado ya. Volaba de regreso al verde, volaba trayendo de vuelta imágenes de jugadas, de goles, de pases, de amigos, de ilusiones, desilusiones, fracasos, victorias, uniformes, añoranzas, arañazos, patadas, golpes, suerte, mala suerte, sudor, sangre, lodo, mucho lodo y al volver el galeno pronunciaba la sentencia “no podrás volver a jugar nunca más”. 

Algunos meses más tarde llegan estas palabras, que tan sólo pretenden decir adiós. Que pretenden darte la despedida que mereces. Porque me lo diste todo y te dejé hasta la salud, no nos debemos nada y aunque nos queramos como nadie se ha querido debo dejarte en paz. No volveré al verde, no volveré a golpear la pelota, pero ahora, lo hago mientras sueño y ahí resuena la emoción perdida. Volveré a verte detrás de la valla cuando los míos jueguen y me traigan las emociones que no tendré por mi mismo. Te agradezco todas las enseñanzas y la disciplina y mucho más, te agradezco a cada una de las personas que pusiste en mi vida bajo pretexto de jugar al fútbol. Te seguiré mirando por la tele como siempre y siguiendo al mismo equipo, me conoces y sabes que hasta que deje de respirar será el de siempre. Mojaré mis ojos mirando las batallas que tengas para ofrecer y me contendré en silencio cuando te extrañe más que nunca, cuando me hagas falta para descargar la vida en el rectángulo mágico, cuando necesite disfrutar y reír y ya no estés más para mi. Miraré con envidia a los que siguen ahí, te lo digo en secreto pero es así, me gustaría ser yo el que corre tras la pelota. 

Te miraré siempre como quien mira el amor perdido sabiendo que no volverá, te amaré en la distancia y vigilaré de cerca a quien te maltrate o te maldiga porque tu eres pureza, tanta que eres capaz de unir al mundo, tanta que brillas y reconfortas a miles de millones de personas y eres en ocasiones la única sonrisa de los niños que no te tienen más que a ti. Confieso que alguna vez también sólo te tuve a ti y no me dejaste solo, me rodeaste de diez gladiadores más y fuimos a la batalla. 

Pero ahora ha llegado la noche, miro a lo lejos aquella portería que lo es todo y no es nada, pero que es el sueño de todos, el anhelo y la dicha. Lo miro en el horizonte lejano con el corazón en la mano y por fin te digo adiós, eres el mejor amigo que nunca tuve. 

Gracias por todo. 

«Sustancias Incompletas»

Me gustaría empezar con una declaración. No soy si seré crítico literario. No se me ocurre algo más injusto. Pero sí que es verdad que toda promesa ha de ser cabalmente cumplida, por entonces, me veo aquí delante del lienzo por que di mi palabra y la mía es contrato.

Tampoco tengo idea de cómo se haría un crítica a un libro, pero sé que hacer con la emociones y a ello me atiendo. Sin más y de cabeza vamos ahí.

A Giovanna la conozco por los años suficientes para decir que no tenía la más remota idea de su talento para escribir, pero, no es escribir, es capacidad de emocionar, cosa que valoramos los lectores de todo el mundo por sobre todas las cosas. Y entonces comenzamos los compases de Marion y Paris como quien enciende un cigarrillo.

De pronto, al inicio, sin cuartel te deslizan ante los ojos brotes inagotables de adrenalina. Pero niña… ¿y ahora cómo vas a mantener la tensión por el resto del libro? Y dude, pero como aquella botella de mezcal en la comienzas la fiesta y te retumba una bofetada en todo el hocico diciéndote ¡aquí estoy! Para después irte embriagando a besos, manteniendo el vilo, ese caminar por el alambre, seduciéndote, no queriendo saber más, como pasa en los libros más comunes. No, este te lleva a querer ser parte de la historia. Te imaginas enrolado en sus aventuras y anhelas los sudores, el riesgo, el pacto, el silencio, madre mía que envidia lo que viven estos dos y yo aquí en el sillón.

Esa transportación, hace que «Sustancias incompletas» sea de esos libros vitales, que los dejas en la mesita de noche y te hablan al oído, te joden que no duermas, que sigas, al fin tu vida ya es lo suficiente aburrida y te seduce a su vértigo. Parece latir al estar inerte esperando, te invita a volver y una vez más como el buen mezcal que ya te tiene en la lona, te da un respiro para que regreses y te dejes llevar por la fuerza del martillo que golpea la cabeza del último clavo.

«E alla fine, quel sospiro di sollievo, seguito dall’incertezza, si trasforma nell’esercizio più sublime: quello dell’immaginazione. Congratulazioni, non potrebbe esserci dono più grande».

En medio.

Afuera el hielo, adentro la hoguera.

Afuera la sonrisa, adentro el llanto. 

Afuera la estridencia, adentro el silencio. 

Los puños bien cerrados, se busca pelea. 

Adentro la rabia, afuera la marea.

Adentro las ruinas, afuera los palacios. 

Adentro la furia, afuera el arte.

Ceño fruncido, sangre en vena.

Afuera la calma, adentro la pena. 

Afuera la brisa, adentro el tornado. 

Afuera la pausa, adentro la prisa. 

Tambores, nervios de guerra. 

Adentro el fuego, afuera la tierra. 

Adentro el miedo, afuera el arrojo. 

Adentro siniestro, afuera el encanto. 

Gritos, espadas, lanzas y flechas. 

En medio la nada. 

Cenizas

Te dejo mi ausencia. Suspira y observa la calma, la paz que tanto buscaste, la tranquilidad que ofrece el silencio de habitaciones vacías. 

Te dejo el orden absoluto, límpidos espacios llenos de nada. 

Te dejo el pensamiento de las noches de pasión y de los abrazos de invierno, las aguas del otoño, el sofoco del verano y los aromas de la primavera. 

Te dejo en la quietud de los aires atrapados llenos de pasados y huérfanos de futuro. 

Te dejo el chisporroteo de la fuente que nunca encendimos y que ahora gotea sus lágrimas de sal sobre una arena blanca y que no dibuja ya nada. 

Te dejo la calma, me llevo la tormenta. 

Te dejo el descanso para que el alma se regocije en tiempos inmóviles. 

Te dejo las caricias, los besos y las risas, déjame llevarme el dolor. 

Te dejo mi alma, ya no la necesito, extiéndela al sol y que seque. Que sirva de vela y te lleve navegando hacia la estrella del norte, que vuelve a la seguridad de aquello que quizás llames hogar. 

Me voy con Caronte y como no llevo monedas que ofrecerle, espero escapar del Hades de nuevo para volver a la tierra como las otras veces. Siempre sorteando a la muerte, algún día tocará perder. 

Me llevo los huracanes, los terremotos, los tornados y las golondrinas. 

Me llevo los llantos, los gritos, la sangre, el fuego y el hielo. 

Me llevo los negros, los grises y te dejo los blancos. 

Me llevo mis pasos que no han sido capaces de alcanzarte. 

Me llevo la lucha, la fuerza, la batalla y te dejo el triunfo. Espero se escuchen los vítores allá donde me encuentre, sabré que son para ti y esbozaré una sonrisa. 

Me llevo el caos, el desorden, los trastos sucios, te dejo el mármol. 

Me llevo las tristezas, las penas y las derrotas, te dejo la alegría.

He cerrado el lugar donde te guardo, ahí serás eterna en luz. Ahí podré ver tu mirada iluminada. Ahí podré escuchar tu voz y despertar tu sonrisa cuando necesite de ánimos. 

Me quedo el tiempo y en él sentado, espero a que la niña blanca un día decida usar la guadaña. Mientras tanto viviré como siempre intenté, a toda prisa, sin pausas, exprimiendo cada segundo, cada emoción y cada verso; dejando que el fuego consuma todo, ya ves, al final solo éramos cenizas. 

El miedo

Llegar a media vida; y es que he vivido exactamente los mismos años en cada siglo. Ese momento en el que nos imaginamos estaríamos mejor, al menos yo sí que lo pensé, lo añoré, incluso lo busqué. Pero nada, ahora quizás llega la edad del miedo. Porque nuestros padres y los padres de nuestros amigos van cayendo como hojas de otoño, poco a poco uno a uno sin remedio. Porque miramos a los que nos quedan y no sabemos por cuánto tiempo y porque sabemos que les extrañaremos lo que nos quede. Sabemos que sin ellos será todo un poco peor, sabemos que ese amor que les tenemos será dolor dentro de poco y que intentaremos reconvertirlo en amor de nuevo, otro amor muy distinto, más adentro y con puntas afiladas que de vez en vez cortan y sangran.

Que miedo llegar al día que los amigos también nos falten, por que se cansaron, porque cambiaron, porque se fueron, se mudaron o murieron y sí esto último sucede que maldito miedo porque estaremos más solos que nunca.

Que miedo que aún sintiendo el tanque con tres cuartos de gas, a veces nos fallé la voluntad, las ganas y nos clave una lanza el recuerdo haciéndonos llorar. Que miedo no encontrarnos en las miradas de aquellos que nos han visto crecer y no les reconocemos, se han ido, son otros, nos hemos perdido, pero es así, nada aseguraba felicidad, si hubo alguna vez que apostar debía ser al negro, ese no falla, no engaña.

Que miedo cuando despiertas en soledad y lo ecos de una casa vacía y en la que las voces que lanzas sin sentido y que regresan para decirte que puedes contar contigo pero quizás con nadie más. Y llegan otros miedos porque los días que vendrán pudieran traer norte y no sur, porque no sabemos donde está el fondo y lo necesitamos para poder echar un impulso y volver a salir a respirar. Que miedo pensar en todos los años que han pasado, cómo pasó todo aquello, por qué tan rápido y es que tan solo ayer fui un niño sin ningún miedo.

Pero en cambio miro la vida de frente, queda mucho y nada por vivir, quedan risas, miradas, ojos que mirar en los cuales reflejarse, quedan abrazos y besos y más besos y más abrazos, que miedo no tenerlos. Quedan descubrimientos, quedan emociones, quedan llantos, momentos de orgullo, quedan incluso dolores por descubrir, quedan poesías que escribir en lienzos imaginarios y llenos de colores brillantes, llenos de fuego, quedan pasiones, quedan los amores que sembramos, que van germinando y quizás en el ocaso, aunque sea por un instante podamos disfrutar. Queda no caer herido de muerte por otro engaño, por otra jugarreta de la vida, queda terminar los sueños, queda también todo lo bueno que tuvimos y aunque se escurra como agua en la manos reconozcamos que al menos nos ha alcanzado para mojarnos los labios de esa savia llamada vida y que de tanta belleza que hay en ella un día tiene que morir. Quedan días para desobedecer al doctor y manos que sujetar en el camino. No queda tiempo que perder.

Que miedo dejar de hacer lo que nos hace felices. Pero me queda claro algo, que aunque algunas pequeñas cosas me llenan de miedo, no dejaré de caminar al borde del abismo, por que a lo único que jamás le he tenido miedo es a morir.

Síganme los buenos…

Como si se tratase de una película con mucha psicodelia, efectos especiales o situaciones absurdas, todos los días los mexicanos nos despertamos y a través de nuestro medio favorito para buscar información nos topamos con una nueva situación que comentar, alguna idiotez u ocurrencia para iniciar las quejas, las burlas, los memes y las mentadas. Pero justo eso es el plan, decía María Félix “que hablen bien o mal…pero que hablen”. Y mordemos el anzuelo días si y día también. Y nosotros, sin importar si estamos a favor o en contra replicamos el mensaje, cualquiera que ese sea y con ello, provocamos la división, el pleito, la confusión, la desinformación y la caída. 

La historia no miente y todos sabemos que los sistemas socialistas empobrecen a las naciones, las dejan en quiebra, con generaciones perdidas entre ideologías y la ignorancia absoluta, tan solo combatible cuando les retuerce el estómago del hambre y como chispazo divino comienzan a luchar contra lo que ellos mismos crearon. Ahora bien ¿cómo lo detenemos? Es simple en la teoría, pero complicado en la ejecución. Pero lo único que se necesita es que dejes de amplificar el mensaje…

Cuando te quejas… amplificas. 

Cuando explotas y reclamas… amplificas.

Cuando aplaudes… amplificas.

Cuando comentas la puntada del día… amplificas.

Cuando analizas… amplificas.

Cuando te burlas… amplificas.

Cuando compartes el meme… amplificas.

Cuando compartes la nota que te mandó la tía Chenchis… amplificas.

Cuando te encuentras con la vecina y le comentas lo mal que está el país… amplificas.

Cuando abres la boca nada más llegar al trabajo… amplificas.

Cuando presumes tu beca del bienestar… amplificas.

Cuando le llamas moralmente derrotado al alguien en el metro… amplificas.

… amplificas.

… amplificas.

… amplificas.

¿Ahora lo entiendes? Cada vez que amplificas generas el debate, generas que se hable de todo aquello puesto en la agenda sin importar que los frijoles se paguen como caviar. ¿Y si por un tiempo no amplificamos? Todos, sin importar el color de la camisa, sin importar la ideología o facción política que te guste o te represente. ¿Y si tenemos silencio? ¿Y si escuchamos en ese silencio carente de agendas? ¿Y si pasamos un tiempo mirándonos a los ojos y nos saludamos como antes? ¿Y si hacemos como si hubiera un terremoto y nos ayudamos? ¿Y si dejamos de pensar en política? ¿Y si nos damos la mano? ¿Y si hacemos como que ellos (todos los políticos, todos, sin trampas) no están? ¿Hacemos que no existen? ¿Y nos cuidamos entre nosotros un rato? ¿Y si no nos ponemos apodos? ¿Y si les ayudamos a ellas en su búsqueda de igualdad y que todos tomen su lugar? ¿Y si no nos estorbamos? ¿Y si no nos metemos en la fila? ¿Y si no abusamos de nadie? ¿Y si festejamos a los nuestros que triunfan de verdad? ¿Y si no les envidiamos? ¿Y si…?

Afuera de esa realidad que nos pintan y nos cuentan y nos crean y nos acomodan, estamos nosotros, todos en el mismo barco y nos necesitamos más que nunca porque estamos en medio de una guerra que van ganando los malos, estamos perdiendo niños porque no hay con qué curarlos, si carajo, nuestros niños. Nos necesitamos porque hay madres buscando a sus hijos y hay padres sufriendo por que su hija no volverá o por que ha salido a buscarse la vida y alguien podría querer lastimarla. Nos necesitamos porque tenemos un atraso gigantesco en educación y eso nos cierra las puertas con el mundo, nos necesitamos porque los desastres naturales no esperan, nos necesitamos porque no queremos mexicanos empobrecidos estirando la mano o cruzando fronteras, nos necesitamos para que las siguientes generaciones estén lejos de las drogas que han logrado necrosar el país desde el fondo. Nos necesitamos todos los buenos y jugando en el mismo equipo. Nos necesitamos para recobrar esos lazos de comunidad que alguna vez tuvimos y sigue vivo en nuestro ADN, es solo cuestión de ejercitarlo. 

Yo me apunto al silencio, yo no amplifico. ¿Me ayudas?

#YoNoAmplifico

A su imagen y semejanza

Estos últimos tres años han sido un verdadero desastre con respecto a la vida pública del país. Está a la vista de todos, sin embrago, existe un gran número, inmenso diría yo, de personas que se han logrado ver… no sé si representadas o ese espejo en el que se ven por la mañanas les dice que quizás algún día ellos podrían llegar a ser algo, lo que sea, en la administración pública. 

Los ejemplos de personajes pequeñitos, sin ninguna clase de talento, más que el de ser un completo inútil, incompetente, incapacitado para la labor, imbécil en muchos casos, pero leal y principalmente sumiso abundan y es que MORENA, encontró una vía muy singular de colocar candidatos. La fórmula es simple, un perfecto ignorante que representa en espejo el perfecto ignorante que ha de votarlo. Y eso es un éxito sin precedente. Con ese simple gesto el votante se siente representado con un ente que habla igual de mal que él, que piensa en las mismas idioteces, igualmente fácil de adoctrinar, que vende de manera simple un voto por el aquí y el ahora sin jamás meditar lo que pasará mañana. Este ente a los ojos de muchos es la cosa más absurda, pero cuando en su discurso (si es que aquello pudiere definirse como tal) menciona algo como “dijistes”, “nadien” o “apsoleta” como la alcaldesa (con minúsculas) de Acapulco cuando dijo que recibió una Secretaría de Seguridad “apsoleta” (https://twitter.com/ruleslogi/status/1535814480306655232?s=20&t=vTR5qfBletlhXAEwaE8ouw)

Abelina López alcaldesa de Acapulco

y siguió balbuceando otras pendejas de ese tamaño (como la vez que dijo que la violencia en el puerto es por la calor y la mala alimentación; )

sin inmutarse e incluso haciendo gala de porte de discurso importante, hacen que ese pueblo olvidado y profundamente ignorante se vea en el espejo y quizás como con la selección de fútbol griten… ¡si se puede! 

Pero no, no se puede. No se puede permitir que la ADMINISTRACIÓN pública se encuentre en manos de personas con ninguna capacidad de “aczolutamente” nada. Porque ahí donde están se encuentran con problemas, algunos simples, como construir un puto puente y hacerlo bien;

o algunos muy complejos que requieren del administrador capacidad y talento en la resolución de problemas, velocidad, urgencia y conocimientos más allá de medio saber “ler” y medio saber escribir. 

En los próximos años, México enfrenta un reto de dimensiones nunca antes vistas y es que, se debe de enfrentar a través del voto (vía previa a la pólvora) a esos gobernantes que poco o nada hacen por el progreso del país y lo hacen retroceder y también a un sector del pueblo que ha sido comprado por nada pero que a su vez se siente representado. Aquel personaje de corbata, bien vestido, perfumado y con palabras que no cuajan en el pueblo por desconocimiento de las mismas, tiene ahora que entrar a un ring o bien a una cancha muy dispareja, porque ese espejo donde el electorado se ha visto representado, le llena de esperanza aunque el mundo se caiga a pedazos. Ellos ya han recibido la información de que los culpables de su miseria son precisamente aquellos encorbatados y que sus desgracias actuales y las futuras son por las trampas que estos siguen haciendo desde la sombra. 

Pues bien, esa oposición que nadie tiene clara y que no se sabe quiénes son en realidad, empecemos por proyectarla. Somos nosotros, los que entendemos que esos personajes absurdos están haciendo daños irreparables y tenemos la absoluta obligación patriótica de intentar abrir los ojos de los que no pueden ver. A los personajes públicos les tocará modificar su imagen, quitarse la corbata y comenzar a chanclear en las calles como nunca lo han hecho y sólo así se combatirá esta caída. 

Abelina López la esperanza de Acapulco, quizás y en una de esas se enfrenta a la calor para que no haga de las suyas.
José Luis Urióstegui Salgado  Presidente Municipal de Cuernavaca quien no sabe que los seres humanos llevamos más de 2,000 años haciendo puentes colgantes y que en realidad no es tan difícil hacerlos.

La indignación selectiva

A fechas recientes, aunque no únicas, se ha ido incrementando un fenómeno al que me ha dado por llamarle la “indignación selectiva” y vamos a ello. 

En México y en el mundo se van sucediendo eventos trágicos uno tras otro. Y como vamos montados en la ola de la información y nos llegan todos estos al instante en el que suceden, pues hemos tenido que desarrollar una selectividad con respecto a aquellas situaciones a las que reaccionamos, justo unos segundos antes de pasar a la que sigue. En otros tiempos, cuando el internet no era el centro del universo, por citar un ejemplo, cuando ocurría una guerra, esta jamás terminaba y mantenía en estado de alerta a la población hasta que en efecto terminaba y había algún derrotado. Mire usted, no había comenzado la guerra en Ucrania cuando la muerte de una joven en Monterrey se llevó los reflectores, sí, hablo del caso de Debanhi. Tantos reflectores hubo, que el padre ya estaba figurando para rock star. Llegué a leer de alguna mujer muy indignada que los hombres no se habían pronunciado en el caso y le ocasionaba mucha indignación la no indignación, sin embargo no se indignó a los pocos días que asesinaron a Ángel Yael en Jalisco, pero es que hemos seleccionado en el menú que las muertes de los hombres no son indignables. ¿Recuerdan el post ese que dictaba que el “tío/tía” (nombre del posteador) podía pasar a recoger a sus hijos en cualquier momento? Una joya de la moralidad digital…nunca vimos el teléfono del “tío” o la “tía”. Pero se veían muy bien colocándose la corona del salvador del mundo. Estoy completamente seguro que el 99% de estos súper héroes digitales no contestarían un número desconocido a las 2 de la mañana y mucho menos saldrían a la calle a buscar a alguno de mis hijos a quienes no tienen el gusto de conocer.  

En este último mes se han sucedido matanzas de todos los colores en México y es que el presidente (así en minúsculas) ha salido a defender a los que matan y pareciera que los encargados de nuestra defensa ya están en franca retirada y háganle como puedan. Pero el grado de indignación tan sólo formó parte de una sección de la población. Pero una vez más, duró un suspiro por que un tipo entró en el vecino país del norte a un centro comercial y como si fuera video juego comenzó a matar gente, esos cuantos (aclaro que duelen todos) produjeron una terrible indignación, mientras que los de Michoacán apenas fueron reportados. Y como guinda al pastel, otro loco, se tomó la molestia de cometer el peor de los crímenes y ajustició a niños y entonces el indignómetro rompió todos los récords de indignahercios

Ninguna situación es menor, ninguna es broma, son vidas cayendo como hojas de otoño, son almas partidas para siempre, son familias sin esperanza, son seres irrecuperables que otros, los suyos, los esperaban a cenar en casa y jamás volverán.  

Y es justo aquí donde tenemos que detenernos, porque la importancia de estos eventos nunca deberá de medirse a través de tu nivel de indignación, ni de cuánto criticas a quién no se ha indignado tanto como tú. No lo mires con recelo, no puedes asegurar qué estará pasando en su vida que tu indignación podría no ser importante para el vecino. Nos estamos juzgando los unos a los otros cuando deberíamos de mirar qué demonios pasa, cómo esta barbarie parece no tener fin. 

Sí, nuestra especie siempre ha sido violenta y de verdad no sé cómo hemos llegado hasta el 2022 sin consumirnos en nuestro comportamiento salvaje y sin sentido. La información hoy, más que cuando no la teníamos nos separa, nos hemos vuelto dueños de una verdad que ni siquiera existe, nos hemos vuelto dueños de la moral del mundo, pero a ti quién te dijo que la moral tiene propietarios. 

El segundo párrafo parece una broma pero todo eso ocurre y ocurrió y lo peor, es que volverá a ocurrir, pero debemos de enfocar las baterías de otra manera. No importa si la persona que es víctima de violencia es hombre o mujer, debemos de preguntarnos por qué ocurre y dónde podemos detenerlo sin géneros, sin razas, sin fronteras.

Debemos de entender que las personas que ostentan el poder, EN TODOS LOS CASOS Y PAISES, no deben de perdurar en el poder mucho tiempo, 6-8 años como máximo y así no se les ocurre mandar a nuestros niños a la guerra mientras los suyos vacacionan en la Costa del Sol. Debemos de atender los orígenes de la violencia desde la salud, nunca desde la justicia aunque al final intervenga, pero si entramos en la prevención seguramente tendremos menos vidas que lamentar por la sin razón. Incluso, la violencia que se genera desde la droga se puede manejar como un tema de salud, menos adictos menos negocio menos violencia y menos muertes. Al final seguro que no tendrías tanta indignación y no estarías en la búsqueda infinita de la indignación de moda para quejarte, subir a una red tu foto o posteo de la indignación y adjudicarte la bandera de la moral del mundo. Quizás debamos de ser un poco menos selectivos y más empáticos (con todos) al tiempo que educamos a una futura generación en cómo evitar la violencia y no en cómo quejarse o las miles de bonitas e ilustrativas formas de mostrar su indignación. 

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Rodrigo Casanueva Tarno
Rodrigo Casanueva Tarno

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Me caes mal Andrés

Querido Andrés, me refiero así en confianza en el mismo sentido en el que tú te has referido a mi, quizás sea esa parte tuya tan campechana de ser y por lo mismo, pues que sea de ida y vuelta.

Me gustaría empezar por decirte por qué me caes mal y es probable que aquí podrías imaginarte muchas cosas que tan sólo habitan en tu mente, tales como: soy un derechoso, he perdido mis privilegios y/o cualquier cosa que dicte tu discurso, pero nada más lejos de la realidad. Me caes muy mal porque has engañado al sector más vulnerable de la población y eso al final me afecta mucho, porque ahora, ese sector cree que las cosas están cambiando para bien y tú sabes que no es así. Tú bien sabes que el plan original no era crear una gran nación, el plan original no incluye a eso que definiste como pueblo bueno y sabio, el plan original era tener todo el poder de un país para hacer lo que más o menos podemos definir como «lo que te dé la gana». Tú bien sabes que quieres miles de estadios de beisbol porque a ti te gusta y te vale mucho madres si al resto del país le gusta, así funciona tu mente y así actúas. Sabes también que quieres buscar la manera de mantenerte en el poder (si reelegirte) y has hecho alguno que otro experimento (o pensabas que no sabíamos de tu interés en la ley Bonilla) para saber si el pueblo bueno y sabio podría darte la oportunidad porque además, piensas que eso sería lo correcto y eso me cae muy mal, nadie debe nunca permanecer en el poder, siempre sale mal.

También me caes muy mal porque hiciste a creer a la gente que las personas que tienen una empresa fueron privilegiados por los gobiernos anteriores y neoliberales del pasado y tú bien sabes que eso no es verdad, los empresarios, la inmensa mayoría de ellos no tuvieron jamás un contrato con el gobierno, nunca tuvieron un compadre en un puesto de gobierno, nunca tuvieron diferencia en sus pagos de impuestos, nunca obtuvieron «riqueza» por corruptos, no. Lo hicieron trabajando duro, poniendo en riesgo todo, lo hicieron y lo siguen haciendo a pesar de que los gobiernos cambian y cada uno llega con algún nuevo capricho, no se diga de los tuyos, muchos o ninguno necesario. Esos que engañaste miran al empresario como la persona que les ha «robado» algo y bien sabes que no es verdad. Hoy esos creyentes de tu discurso miran con desdén al productor, al emprendedor y tu bien sabes que tan sólo es la persona capaz de generar empleos, de generar a través del trabajo la verdadera dignidad, porque la dignidad nunca ha llegado a ningún lugar al estirar la mano hacia el «programa social». Esos a los que atacas un día si y otro también son los que hasta ahora llenan con sus impuestos las cuentas para que tu construyas estadios. Y al final esos engañados no viven mejor, cada empresa que destruyes impacta en ellos y las quejas del empresario nunca han sido por privilegios, son el reclamo de que se les deje trabajar, como siempre ha sido, con el sudor de su frente, que tu ya te encargas de asignar contratos directos en la total de las opacidades a tus amigos. Eso es ser privilegiado. Nunca lo aceptarás y has enseñado a los que creen en ti, que si la queja viene del sector privado es que viene del demonio. Muy bien Andrés conseguiste algo importante: que las personas de este país (algunas claro está) defiendan a un gobierno, cuando ninguno y en ningún momento debe de ser aplaudido. Los aplausos en el poder generan confusión, uno podría creerse más de lo que verdaderamente es con facilidad (para muestra un Andrés).

Me cae muy mal que nunca te rodees de asesores o personas capaces que harían un mejor líder de ti, pero creo que no lo aceptas por varios motivos: el primero es que las personas capaces cuestionan, impugnan, contradicen y tienen ideas propias, eso no te gusta, sé que piensas que tu lo sabes mejor que todos; te rodeas de imbéciles para que tu figura sea siempre la central y la que monopoliza el discurso; pones a personas en puestos de los que no tienen idea para que tú seas quien dicte las normas y los rumbos, lo simpático es que tampoco tienes idea de qué carajo hacer con la mayoría de éstas. Ya vemos los ejemplos en Economía, Salud, Función Pública, Gobernación y en todo lo que está cerca de ti. Te rodeas también de personajes obscuros (te recuerdo a Barlett) que de ser daneses como a veces piensas que somos, estaría en la cárcel por muchas cosas, entre ellas traición a la patria. Vamos, que para muchos mexicanos que esa persona tenga un cargo público es un insulto y una aberración, excepto para ti claro está; te rodeas de personas irresponsables, que no hacen su trabajo, que no tiene voluntad y sólo lo haces para mantener el control y que las luces nunca se dirijan a ningún otro lugar que no sea la perorata mañanera en la que una vez más te rodeas, esta vez de aplaudidores, de «chayoteros» que están de tu lado y no de otro, pero lo mismo. Y finalmente, te rodeas de personajes extraídos del pueblo (siempre bueno y sabio) que han encontrado en las dádivas un modus vivendi y que harían lo que fuera por permanecer eternamente enganchados a la teta del gobierno: ninis (parece mentira) en edad de votar (curioso caso), menores de edad (que votarán pronto, otros más pequeños no convienen aun) y un largo etc. Me caes mal por lo que le enseñas a esta gente, tu mensaje de que no deberán de valerse por sí mismos, que no deben de realizar un esfuerzo por conducir su vida a algún sitio (hablamos otra vez de dignidad). Tus clientes y en los que basas tus mediciones, tus datos de popularidad.

Me caes mal porque nunca dejaste de ser candidato, nunca te diste cuenta que te convertiste en aquel que dirige, no, tu sigues siendo candidato, porque prometer no empobrece, dar es lo que aniquila y nunca has sido capaz de dar: niños enfermos, mujeres, desastres naturales, arte y cultura, etc. Solo das y darás a tus amigos, a tus clientes y a las cosas que sólo a ti interesan (beisbol).

Ahora bien, a los que nos caes mal, que somos muchos (si, ya sabemos que tienes otros datos) tenemos la consigna patriótica de sacarte de la silla y no es porque nos caes mal, eso es aparte. Necesitamos sacarte de ahí para intentar poner a alguien capaz, a alguien que no finge que habla mal para empatizar con un pueblo mal educado deliberadamente (¿te acuerdas que bien pronunciastes ((sic)) Trump delante de él?); necesitamos poner en ese lugar a una persona que vea el futuro del país y no su pasado, que entienda muchas cosas y que tenga al mejor asesor a su lado en las que no entiende; necesitamos poner a una persona que hable para todos los mexicanos y no para algunos; necesitamos a alguien que aunque nos caiga mal, regrese la autonomía a las instituciones (mismas que desde antes del poder mandaste al diablo y allá están ahora); necesitamos a una persona que vea por lo enfermos y que nos defienda de una amenaza (pandemia), que haga que los daños sean los menores en serio («un escenario catastrófico serían 60,000 muertos y van…); necesitamos que el trabajo, el empleo, sean el conducto de un nuevo tejido social hoy completamente destruido y sin ningún tipo de cohesión (te has aplicado bien en fragmentarlo); necesitamos orden, necesitamos seguridad y justicia, hoy es muy fácil ser criminal y que nadie te moleste (Ovidio), ya ves que aquí la impunidad es total, más si se es amigo o familiar (ni Pío de que a la prima se le arrima… el presupuesto), defenderlos o acabar con los temas es un plumazo de tu santa voluntad; hemos necesitado por años buenos gobernantes y es verdad que no los hay, tu mismo lo dijiste, pero eres uno de ellos y ahora que me detengo en eso, quizás eres el peor, el más opaco. Necesitamos a alguien que cuando dice que compró vacunas de verdad lo haya hecho.

Los mexicanos hemos sobrevivido a terribles gobiernos, en todas sus formas, bueno, nos falta la monarquía moderna que quieres instaurar (jajaja es que eso de vivir en un palacio, de verdad que tienes un gran sentido del humor, convertir un casa en un museo y un museo en un palacio para ti, grandioso el chiste y todavía nos falta el mausoleo que seguro quieres construir dentro de sus muros ((espero no haberte dado una idea)) para la memoria futura de tu grandeza. Espero también, que no se te ocurra que el poder se hereda, te gusta mucho el pasado) y vamos a sobrevivir a la 4T, esperemos tener aun medios para hacerlo, ¡te estás acabando el sinfín! y no es tarea fácil, pero ahí la llevas. Aun así lo haremos sin ti y quizás sin tus seguidores que espero logren ver la realidad y dejen de poner atención en el discurso, que es eso, discurso y no es acción.

En fin Andrés, quería tan solo decirte que me caes mal, que no recurro al insulto, eso es lo tuyo, que mi fuerza ante este sentimiento es el voto, del que ahora me has convertido en promotor y es que necesito que voten en tu contra, desde ahora en el 2021 y que no puedas consolidar tus sueños (catastróficos) y después en el 2024 para que eso que necesitamos pueda tener una oportunidad. Votaré pensando que los representantes elegidos sean suficientes para quitarte tus «privilegios», los del poder absoluto. Votaré pensando que jamás debemos de reelegir a nadie, por bueno que fuera (tu menos). Votaré por la empresa, por las energías limpias, por los manglares que mandaste el diablo (Dos Bocas). Votaré por eliminar la censura en los medios o de los comunicadores que no se arrodillan ante su majestad (te encantaría que te dijeran así). Votaré por los niños con cáncer y votaré por las mujeres, por los seguros populares y por todo aquello que de alguna manera funcionaba y te lo cargaste. Votaré por poncharte ya que tu porcentaje de bateo es de risa ¡no alcanza ni para las ligas menores! y le diré a todos que voten y que de verdad salgan a votar en tu contra.

¿Me vacuno?

En las últimas semanas y raíz del inicio de la vacunación en todos los puntos del orbe, saltan todos los días millones de expertos e individuos opinando sobre los efectos de la vacunación. Ahora bien, la mayoría de estos expertos nació en la era de las vacunas y quién sabe cuántos de ellos no estarían con nosotros de no ser porque sus padres, antes de que se volvieran en expertos y tuvieran una opinión «súper investigada» (en Facebook), los llevaron con su pediatra de confianza y zas, vacunas y vacunas y vacunas… la polio, la triple, la quíntiple, sarampión, paperas, viruela… todas potencialmente peligrosas, todas casi erradicadas, hasta que un experto con miles de horas de investigación en redes sociales propagó un estudio avalado por su tía la «Chenchis» que dicta, que vacunarse es malo: que si te van a poner un rastreador, que si modifica tu adn, que si provoca cáncer, que si te da diarrea un par de días, que si…, que si… ¡Vamos! cuánta información y cuánta sabiduría.

Pues vamos ahí. ¿De verdad están pendejos o se hicieron así con el tiempo? La expectativa de vida del ser humano en nuestros tiempos es de 80+ años, y ustedes expertos en mutaciones virales y reacciones conspirativas que tan sólo ocurren en las películas, por qué creen que es tan alta. Seguramente han de pensar que por la miel con limón y té de jengibre que les dio su abuela, pero temo informarles que no. La expectativa de vida se ha ido incrementando gracias a la ciencia, responsable de crear vacunas. Si nos adentramos en el siglo XX en términos de expectativa de vida, nos encontramos que de pronto sube y sube y sube…hasta llegar a nuestros días. ¿Por qué sucedió? Por las vacunas. ¿Por qué han regresado algunas enfermedades? Por los imbéciles de los «no vacunas». Simple.

Expectativa de vida de los últimos 100+ años. Cabe resaltar que del siglo I al inicio del XX la expectativa era muy similar. Es simpático pensar que los consejos de ancianos de las civilizaciones antiguas era conformado por personas de 35 a 40 años.

Con relación a la propagación del Covid-19, el mundo se abocó a conseguir una vacuna y la ciencia con la panza llenita de recursos lo consiguió en tiempo record y no por eso la vacuna es dudosa, NO, es por los recursos y la cantidad de voluntarios para las pruebas. Ya ven lo que pasa cuando el dinero llega a la ciencia y no se gasta en tanques… Su efectividad, la misma que las otras vacunas con las que te agujerearon hace años. La pandemia no se puede parar hasta que la inocuidad sea muy alta (quizás entre 70% y 80% de la población MUNDIAL) por lo que, la ciencia (esa responsable de traernos hasta acá) indica que ese es el camino y punto. Que el dióxido de cloro que te vendió la vecina que curó a su papá con ello, no, ese no es el camino. Que el spray nasal que crea un escudo nasal… no, ese no es el camino y un largo etc, que aumenta todos los días por la proliferación de expertos «que ya lo leyeron» (en ninguna publicación científica, pero lo leyeron).

También en fechas recientes hemos encontrado entre los expertos, a unos muy singulares que te dicen: yo no me voy a vacunar, pero a mis jefes si». Fantástico, entonces de seguro a ti te va a cuidar un detente. Pues déjeme decirte que las mutaciones (de esas que sabes un chingo) son más propables en los virus que siguen circulando a gran escala, sí se reduce el número de portadores, es posible, por pura lógica, que la mutación también se detenga, los seres no capaces de reproducirse (incluidos los virus) no son capaces de evolucionar (te suena el apellido Darwin, sí un científico) y la mutación es más o menos eso mismo.

Yo no tengo el poder de hacer pensar a la gente, tampoco tengo el poder de obligarlos a vacunarse, pero si te puedo decir que no estás contribuyendo en nada, que no estás ayudando a una nueva familia a evitar un deceso o a otra a repetirlo porque tú eres muy chingón y ya lo leíste o te dijo el del taxi. ¿Sabes cuántas familias habrían hecho lo que fuera por vacunarse? Hasta hoy, más de 2 millones. Pues bien, como no tengo el poder de nada, tan sólo te puedo decir una cosa: deja de hacerle al pendejo y cuando te toque, pínchate, duele poquito y quizás ayudes a salvar muchas vidas.

Por último, podrás decirme que soy un pendejo absoluto y que estoy completamente equivocado y puede ser que tengas razón, pero la ciencia es exacta, cuando tiene certeza de algo, la tiene, no me jodas, por eso decimos sobre algo concreto y probado que es científico, es decir que no admite dudas. ¡Y LA CIENCIA DICE QUE TE VACUNES!