
Cada vez que lo pienso, llegan reacciones distintas y también confusas, qué chingados pasa en este país.
Hoy artistas, futbolistas, payasos y un gran número de buenos para nada (léase Patricio Zambrano entre otros), optan a cargos de elección popular, más algunos otros escondidos en las listas plurinominales que ningún ciudadano lee.
Vamos todos sabemos, que el presidente no da para mucho, es evidente, es torpe, no sabe hablar porque además ya sabíamos antes de elegirlo que no leía, pero el panorama con todos estos títeres pinta negro, aunque cabe la poquita esperanza de arreglar algo o nada con los votos.
Sin embargo, lo más preocupante de todo, es que a través de todo este enredo, los ciudadanos de a pie, ilustrados por Facebook y muy celosos seguidores de los videos de: «véanlo rápido antes de lo que quiten», parecen que van o vamos perdiendo los papeles, vamos, que algunos ya quieren de Presidenta una periodista tan sólo porque se peleó con su patrón, patrón que sirve al poder (como todos los medios) y poder que tan sólo sirve a uno.
Ese uno, el gran titiritero de este país. No tengo su nombre, no conozco su cara y tampoco me las voy a dar de adivinador como el Peje, no, no sé quien sea, pero sé que le conviene que todos estos personajes «populares» lleguen a cargos políticos, apoyados por una masa de votantes tan estúpidos para pensar que hacer novelas o meter goles es lo mismo o más fácil que gobernar aunque sea la cuadra en donde viven. Ese misterioso titiritero está sentando bases y gente en puestos en donde los que van a sufrir de la crítica, el golpe político y el golpe bajo son aquellos títeres, mientras en la sombra todo se mueve, todo baila al son que él toca. Su principal muñeco es guapo, con mujer guapa, tienen una familia feliz, viven en un palacio, viajan en carrozas de la realeza, visten bien y siempre, siempre estarán mejor con la boca cerrada.
Este inmenso circo, esta confusión, esta idea de querer poner en la cumbre a quien más chinga al poder (Aristegui), podría ser bueno, pero en realidad es un desastre, zapatero a tus zapatos decían antes. La periodista que busque algún trabajo en un periódico, en otro medio, en lo que sea, pero que sea periodista. El jorobado que meta goles, que narre partidos, que se vuelva Director Técnico, pero que deje a los habitantes de la eterna primavera en paz, que bastantes problemas tienen. Que la otra Carmen, que siga saliendo en anuncios con su guardia pretoriana y siendo matrona en películas de ficheras. Que el payaso vaya a fiestas, haga reír a los niños, que disponga de su carisma para hacer felices a la gente en los palenques, en los teatros y deje la perla a alguien más, alguien que la pueda administrar y no convertirla en la isla de la fantasía. Mención a parte, merece un personaje más obscuro, que su única virtud ha sido aparecer en un reality show, hacerle piojito a la tigresa y decir, casi parafraseando a nuestro presidente, pendejada tras pendeja y que ahora pretende gobernar Monterrey.
Mientras con nuestro voto podemos poner oposición a este futuro más digno de Walt Disney que de un país en «vías de desarrollo», el titiritero sonríe en la sombra, sus peones avanzan a paso seguro, lo alfiles, caballos, torres y otros enemigos también son parte de su tablero, el circo ha comenzado, tan sólo queda esperar si también pondrá en la mesa el pan.