Querido Mike

Querido Mike.

 

Sr. Mancera, permítame dedicarle un poco de mi tiempo, no es que usted lo merezca, pero me ayuda con mi indigestión.

 

Quisiera decirle primero, que lo considero un cínico y partir de esta apreciación se dicta el resto del contenido del presente.

 

Cuando usted llegó al cargo que ocupa actualmente, lo hizo por una demoledora votación de los capitalinos, que alcanzó un histórico 60% de los votos. Pero no se engañe a si mismo, no fue su popularidad la que entregó esos números, sino fue la “percepción” de gobernabilidad que mantenía el Sr. Ebrard, a quien no puedo declarar santo de mis devociones, pero esa “percepción” le permitió a usted hacerse del cargo. Incluso, pienso que usted pudo haber pasado la temporada electoral sentado en su sofá viendo María la del barrio y aun así habría llegado al cargo.

 

Ahora bien, creo que esa falsa asimilación de popularidad que usted cree tener, recuerde es falsa, ya lo verá cuando quiera ser Presidente, ya lo verá cuando el Partido que lo postuló pierda muchísimo de su porcentaje de preferencia electoral, repito, ya lo verá. Yo voté por usted, pero de acuerdo a la “percepción” que dejó el Sr. Ebrard, así de claro. Yo a usted no lo conocía, sabía que había trabajado para el anterior gobernante, pero hasta ahí. Sus mañas salieron a flote después.

 

Ahora bien, usted ha creado en los años que lleva de mandato, un sentimiento, que se propaga a toda velocidad, de animadversión hacía cualquier cosa que provenga de usted y le explico de manera sencilla: usted prometió preguntar qué hacer, cómo gobernar.

 

Pues bien, le comento que: usted a mí no me preguntó si las calles interiores de las colonias deberían de estar infestadas de microbuses, créame el servicio de taxi que ahora tienen, no beneficia a nadie. Usted a mí no me preguntó si quiero que alumbren mi calle, o que este bien pavimentada, o sí necesitamos más seguridad. Usted a mí no me preguntó si quería o necesitaba tal o cual obra.

 

Ya, pero es que usted no le ha preguntado a nadie, salvo a usted mismo. Y de ahí que ahora tengamos, por citar algunas cosas, lo siguiente:

 

  • Índices de inseguridad altísimos.
  • Calles en total estado de putrefacción.
  • El mayor atasco de tráfico del que tengamos recuerdo. (Ya ve, al interior de las colonias no había tráfico, gracias).

 

No obstante que tengamos todo eso, también usted, decidió (en su imaginación) que los capitalinos, tenemos ingresos tipo un londinense, por lo tanto tenemos que pagar lo siguiente:

 

  • Multas a precio de primer mundo. (Vamos, si nuestras calles también fueran de primer mundo, la cosa no estaría tan mal).
  • Nuevos precios de verificación. (Ojalá encontráramos una buena explicación al respecto. ¿Cambiaron los equipos y no nos avisaron? ¿El servicio es tres veces más eficiente? ¿Las instalaciones son o han sido mejoradas en algún punto? ¿No verdad?).
  • Pago para estacionarse en la vía pública. (Claro, sus parquímetros, que proliferan por muchas colonias, más las que vendrán. Eso sí, los traperos siguen ahí, la gente apartando lugares sigue ahí, por no repetir que las calles son una porquería en toda su infraestructura).
  • Pago de vías de cuota. Sí, los segundos pisos, con precios basados en… ya sé, lo que sus cuates constructores y operadores quieran, no creo que hayan mirado el salario mínimo o la canasta básica para tasarlo.
  • Pago de placas. Vamos cómo se ve que un día amaneció desatado de tanta creatividad, pues pensó, a estos londinenses les tenemos que sacar ahora una lana por las placas, malditos ya ni siquiera pagan tenencia.

 

En fin, que usted se dio vuelo con los pagos y la manera de tasarlo. Por lo tanto nos vemos en la necesidad de aclarar algunos detalles:

 

  • Somos mexicanos y el salario mínimo en la Ciudad de México es de $73.04 pesos, es decir, $2,191.20 pesos mensuales. Y usted dirá, esos no tienen coche, pues que le cuento, que va siendo que si que lo tienen, porque otro magnífico gobernante como usted, hace 20 años decidió que los coches no deberían de circular, por lo que en ese tiempo se han quintuplicado los vehículos que circulan en la capital, y esos de hace 20 años, que se venden por 2 peniques (¿sabe qué son peniques?), siguen circulando, muchos en manos de personas con el salario mínimo. Sin embargo, usted pretende que con ese salario paguemos multas que van desde los $700.00 (qué barato) hasta los $18,000.00 pesos o más. Vaya, los rangos que pagan los españoles van desde $1,610.00 hasta los $10,065.00 pesos, pero debo recordarle que ellos tienen ciudades de primer mundo y ganan en Euros. ¿De verdad nuestras calles valen esas multas? No.
  • Por otra parte, si usted nos dice que todo el dinero recaudado será reinvertido en nuestras calles, pues quizás haríamos de tripas corazón y dejamos sin comer a los niños un mes para pagar la multa del radar que además no sirve.
  • Pero no creemos que vaya a ser así, con la tenencia pasaba lo mismo (y ahora esta disfrazada de refrendo y además te dan el “beneficio del subsidio”, de verdad que son magnánimos en todo, gracias) y sin embargo el dinero no llega nunca a las calles.
  • Sí el dinero no llega a las calles, dónde está. ¿En su cuenta, esperando a juntar para un monumento con su busto? ¿En la cuenta de algún familiar? ¿En la cuenta de un amigo con el que hace contratos públicos? ¿En manos de dirigentes de taxis y micros, para no amotinarse y votar por usted después? ¿En dónde está? Porque los capitalinos no lo vemos por ningún lado. ¿Ya se hizo usted su casa blanca?

 

Pues bien, mi querido Mike. ¿Le puedo decir Mike? ¿Así le dicen sus amigos? Yo lo siento tan cercano, que no sé pero me da por llamarlo así. Y lo siento tan cercano, que cada vez que hago cuentas de cuánto le debo, veo su cara sonriendo, cada vez que bajo la mirada para no pasar los límites de velocidad, veo su cara sonriendo, cada vez que los regreso al camino y me llevo un susto porque algo se me atravesó por ir viendo el velocímetro, veo su cara sonriendo, cada vez que recuerdo la verificación, el refrendo, las placas, veo su cara sonriendo, cada vez que caigo en un bache, veo su cara sonriendo, cada vez que llego a mi calle sin iluminación, veo su cara sonriendo, cada vez que tardo más horas en llegar a trabajar, veo su cara sonriendo.

 

Ya ve, lo veo en todos lados, eso sí, siempre sonriendo, por eso el atrevimiento de llamarlo Mike, mi querido Mike, que mereces la horca por mercenario, que la mereces para que no llegues a gastar todo ese dinero del que hablamos en tu campaña presidencial y que no llenes las calles de basura electoral con tu cara sonriendo.

 

Por vía de mientras, mandaré esta carta, a mis amigos, a mis conocidos, para que no vayan a tener ideas progresistas de votar por ti en la grande y de paso algunos de ellos, conocen a gente de otros estados, que ellos no te conocen, conocen a otros, pero tu, joya de la corona, no, pero para que te vayan conociendo y no se vayan a dejar cautivar por tu sonrisa, si la sonrisa del millón.

 

Gracias Mike, querido Mike.

 

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