
El momento que vive nuestro país, por así decirlo, es crítico. Por un lado enfrenta la posibilidad de que en el país vecino y primera potencia mundial, los mandos queden en manos de un pinche lunático, lo cual me hace recordar a la Polonia de 1936.
Ahora bien, al interior del país, se vive una crisis terrible. Por un lado, todos los días se destapa un nuevo caso gravísimo de corrupción en los gobiernos, federal y estatales. Y no es que sorprenda, así ha sido el sistema durante años, pero en la era de la información, no se puede tapar el sol con un dedo: «no estamos bien, ni estamos mal, sino todo lo contrario» parece la retórica del poder y mientras los vemos huir (Duarte) y los vemos reírse en nuestras narices (Peña). Sin embargo, la temperatura del pueblo sigue entre los 36.5º y los 37º, es decir, aquí a nadie le sube la temperatura de esta situación, cuando casi galopando estamos ya en la elecciones de 2018 y comenzarán (desde ya y todo el 2017) a volar promesas y recados de un lado para el otro, se aparecerá un mesías que es «limpio y puro»… pero son ellos mismos, el mismo sistema, la misma gente.
Mientras contemplamos (algunos horrorizados) lo anterior, nuestra pequeña burbuja llamada «calidad de vida» se explota y se hace cada vez más pequeña. En principio la seguridad es inexistente, no hay resquicio en el país que no esté infestado de ratas (de las del párrafo anterior y de las que viven a su amparo, gracias al nivel de impunidad existente) y estas ratas atacan y devoran cada espacio de los pueblos y de las ciudades.
Tenemos dos caminos a seguir, el camino al que debemos de denominar el del «agachón» que no es otro que: mirar, callar y seguir caminando y de paso ir cooperando con la causa de las ratas, vamos, que dejarnos asaltar cada tercer día parece lo indicado, incluso podemos ponerlo en el presupuesto de las familias.
Otro camino, que no parece probable, debido que no hay fiebre y si no hay fiebre no hay infección, este camino se llama lucha social, en la que todos juntos y en vía de la desobediencia civil, le rompemos la madre al gobierno, en principio por medio de la lana, pero repito, estamos lejos de unirnos y eso es perfecto para ellos: «divide y vencerás».
Un último camino u oportunidad se mostrará en la urnas en el 2018. En ellas debemos los mexicanos, por primera vez, pensar, si carajo, pensar. Es difícil pensar, pero con un poco de esfuerzo podemos. Y ese pensamiento debe estar dirigido a cómo cambiamos esto. ¿Aparecerá un caudillo independiente que sostenga la bandera de la esperanza? ¿De entre los partidos existentes hay alguna posibilidad de un candidato honesto? No lo sé. Sólo sé que habrá que pensar y mucho.
En fin, estamos en terapia intensiva y solo nuestra voluntad y unión como pueblo nos puede sacar de aquí.