La amistad de estos días

En estos tiempos que corren, entablar amistad con alguien o mantener las añejas tiene complejidades que nunca se conocieron, que no fueron necesarias y que parecen modificar el sentimiento que se tiene hacia las personas.

Vamos allá. Cuando yo era niño, bastaba con hablar con alguien, repetir la operación un par de veces y ya se podía contar con un nuevo amigo. Pues bien, ahora hay hablar con alguien, husmear en su instagram, facebook, twitter, snapchat y un largo etcétera, para quizás comenzar: primero a «seguirlo» y después si es que todo sale bien, chatear algo, compartir algún post o comentarlo. No es necesario tener una conversación cara a cara. También es factible que cualquier cosa pequeña como un «like» a un determinado artista, o comentario a otra persona pueda dar por concluida la amistad. Punto no hay más nada que decir.

 

Sin embargo, el tema de mantener las amistades antiguas, jamás pensé que derivara en lo que es hoy. En este punto quizás yo no quise seguir el ritmo, no quise ponerme en la posición de estar al tanto de los mensajes de mis amigos en cada momento del día, etc. Por lo que me he salido sistemáticamente de todos los chats en los que me suben, en algunos es curioso pero me vuelven a subir. Y me salgo porque aunque me interesa la vida de mis amigos, estoy muy en contra de la inmediatez con la que se vive hoy y en muchos casos la intensidad de los chats me parece completamente insoportable.

 

Me ha tocado estar en alguna reunión con personas de mi edad que no tienen nada que decirse que contarse, ya todo está escrito. Las preguntas: qué ha pasado contigo, cómo estás, cómo te va, han perdido completamente el valor de su existencia.

 

Ahora bien, muchos que han caído en la trampa de la «cercanía» del chat, también han modificado su pensamiento. ¡Este ni contesta! ¡Ya no quiere ser nuestro amigo! ¡Ya no le interesamos! ¡Era nuestro amigo! Que jodido tema, es decir, que aquello que nos hizo amigos antes de la existencia del chat no significa nada. El recuerdo de muchos momentos buenos y malos, risas y llantos y tantos abrazos fraternos han quedado en la nada del chat.

 

Pues yo estaré loco, pero pienso que de alguna manera aquellos que fueron mis amigos, lo siguen siendo, les tengo el mismo cariño y disfruto enormemente encontrarme con ellos. Sobretodo aquellos, que cuando me ven lo disfrutan igual y todo pareciera que nos hubiéramos visto la semana pasado. En cambio hay otros a los que habrá que aguantar las primeras dos horas con la letanía y los reclamos por el chat, por qué esto, por qué lo otro. Quizás se les olvida que hay la misma distancia de aquí para allá, que de allá para acá, pero siempre se justifica en un lado con: ¡pues lee el chat! ¡Yo estoy en el chat!

 

Hoy es triste pensar que algunos de mis antiguos amigos ya no me consideran así, porque no les escribo el resumen de mi día en un jodido chat, lo simpático es que si nos encontráramos tendríamos miles de cosas que contarnos porque no nos hemos visto en años y como no me he tomado la molestia de leer el chat, sé lo mismo de ellos que ellos de mi.

 

En este punto he de confesar que tampoco voy mucho a las reuniones porque como no leo el chat, nunca sé cuándo son. Aquí sí que estoy mal, pero para enterarme tendría que leer vida y obra de todos y ya para qué voy, si estoy enterado de todo.

 

Pues bien, mi adaptación al estilo amiguístico de estos tiempos en nulo, pero sepan amigos y los que ya no consideran como tal por mi falta de intensidad chatística, que a todos les guardo un gran cariño, que me llena de emoción verlos, que espero  cuando los vea me hablen de cómo están sus vidas, sus familias y ya les contaré de lo mío.