Apenas el domingo el México de hoy se mostró en descampado tal y como se encuentra. Polarizado completamente.
Podemos ahondar mucho en quién es el culpable y por qué, pero lo que preocupa en realidad es la inserción de ideologías en la gente. Las redes sociales, las calles y las charlas de sobremesa están saturadas de comentarios resultantes de tal o cual corriente, de izquierda o de derecha, fifí o chairo, derechoso o izquierdoso, pueblo bueno u oligarca , víctima o mafioso del poder.
Pero calma pueblo bueno y sabio, el punto es que estas ideologías que están diseñadas para separar, etiquetar y agrupar a personajes. No son más que una trampa para que en ningún momento el pueblo se logre organizar como un solo ente.
Y pensemos un poco. En caso de que el pueblo se integrara en un solo frente, todos los ciudadanos seríamos críticos sobre las acciones de X o Y gobierno. Todos buscaríamos lo mejor para el país y por lo tanto nos convertiríamos en una masa implacable, a la que no se le puede engañar, a la que no se le puede manipular.
Ahora bien, mientras tu eres de los que critica al Presidente todos los días y recuerdas el lago, el cerro y el ganso, existe en el otro lado un mexicano que piensa que aquello es correcto, es decir que jamás vamos a pensar igual, pero si nos quitamos la venda de los ojos, si nos dejamos de lados y actuamos como mexicanos en una sola dirección, seríamos capaces de no comprar discursos, de no creerle a ninguno y exigir lo mejor para el país en todos los rincones de México.
Pues bien, en el papel es fácil pero tenemos que empezar a limpiar la mente de millones de personas y sólo es posible limpiarla con educación (principalmente cívica). Un ejemplo de la dificultad podría ser: Imaginen a una persona que recibe $3,500.00 pesos al mes tan sólo por respirar, pues este individuo lo normal es que ame al responsable de que ese dinero llegue a sus manos. Por el otro lado, hay una persona que ha pagado sus impuestos (incluido el dinero que llega a manos del otro) pero que lleva años peleando por que reparen los baches de su calle. ¿Quién lleva razón? La verdad es que ninguno, porque en el mundo ideal, aquél que pagó sus impuestos pensaría que lo mejor es que, aquél que recibió el dinero tapara el bache de su calle y cobrara un salario justo por eso, quizás así debería de ser, pero no lo es, porque nos quedamos estancados en los lados.
Quizás si formamos un gran equipo y nos dejáramos de señalarnos los unos a los otros, juntos podríamos exigir tapar el bache y que las personas tengan empleo, salario y un vida digna.
Ahí radica la verdadera tarea de nuestra sociedad.