La reelección mexicana.

Nota: Si eres chairo favor de no seguir leyendo. Termina aquí porque lo que continuación se describe no te va a gustar, es posible que no le entiendas y si lo entiendes, es posible que no lo creas y si no lo crees, mejor no lo leas.

Sufragio efectivo, no reelección cantó Madero allá por 1910 y no estaba equivocado. La reelección no es buena y mucho menos en México en donde el poder sirve al que lo tiene y nada más. Donde las leyes son para unos cuantos muy favorables y muy mierdas para el resto, pregúntenle a Ovidio.

Ahora al traste. Se acaba de aprobar la revocación de mandato por iniciativa del presidente. Pues bien, no es más que abrir la puerta a la reelección. ¿Por qué? Es muy simple. En primera instancia hace ver al sujeto como valiente y capaz de aceptar que si no se le quiere en el cargo lo va a dejar pero… El punto es que el sujeto es juez y parte. La votación para tal efecto es a través de una consulta popular, con 4 pelados en las esquinas, vota quien sea y las veces que haga falta, al final no hace falta el conteo y se publica con bombo y platillo que la gente adora a su presidente.

Pues bien, como el pueblo “adora” al presidente, pues no verá con malos ojos que se reelija. Una vez más siendo juez y parte y con el control absoluto del proceso; primero para aprobar dicha ley; y después el control electoral (vamos que por tener, tienen hasta a Barlett) y como resultado el Peje tiene seis años más. Los puede terminar y hacer todo el camino anterior para otro período, esta vez  quizás de 8 años, término que se aprobó vía otra consulta popular afuera del estadio de béisbol. Puede que muera en el camino y la herencia del mandato la obtiene después de muchos enjuagues muy raros un tipazo (perdón: tipejo) como Noroña y…

Ya el presidente dijo que no se va a reelegir pero también dijo que primero los pobres y les quitó el seguro popular,dijo que no hay bronca con las medicinas y los hospitales trabajan bajo protesta y en efecto la gente (niños) se muere por no tener medicamentos,  dijo que la casa de Los Pinos era un excentricidad y republicanamente se fue a vivir a un ¡palacio!, dijo que se reúne con su gabinete de seguridad todos los días, pero que no sabía del operativo en Culiacán, y dijo y dijo y dijo, es decir, no se vayan a creer el cuento de que no se va a reelegir y que conste que se los digo justo el día después de que se comparó con Jesucristo, vamos que ni el Comandante Pajarico tuvo semejantes huevos.

Latinoamérica sufre el síndrome del socialismo que les promete el cielo a hordas de ignorantes que los sistemas educativos han procurado. Si tú entendiste lo anterior (y no eres chairo) sabrás que tienes una tarea gigante delante de ti, de hacer proselitismo político con todas las personas que te rodean con el único fin de arrebatarle las cámaras al Peje en las elecciones intermedias o bien, hacer las maletas y convertirte en un emigrante. Ambas opciones son empresas enormes. 

A mitad de camino.

Es recurrente pensar que a mi edad nos encontramos a la mitad del camino. Nos encontramos en ese lapso en el que hemos dejado atrás los arranques infantiles o juveniles, hemos madurado, que no significa del todo y que no haya nada en el horizonte. Muy al contrario miramos siempre ese horizonte y lo sentimos más nuestro, quizás porque los pasos que damos hacia él son más firmes con menores dudas. Sin embargo, qué pasaría si algo sucede y se corta el camino precisamente ahora.

Imagino que mis hijos tendrían la tarea de terminar de conocer a su padre a través de las historias que les contaran sobre mí las personas cercanas, o aquellos que de pronto y por casualidad se cruzan en la vida y resulta que me conocieron. A través de los amigos de su viejo que tendrán mil historias que contar, buenas y malas, pero quizás coincidan en que fui una persona que estaba ahí cuando se me necesito. A través de la familia que se encargaría de borrar de un plumazo los recuerdos no gratos y magnificar todo lo bueno, exaltando y creando héroes, que de momento para ellos sí que lo fuimos. A través de todas las palabras que he dejado por escrito y que podrán contarles de formas de pensar, de sentir, de vivir, de sufrir y de esa imaginación que nunca me faltó.

Dejaría atrás a una grandísima mujer y qué terrible porque habíamos hecho el plan de envejecer juntos porque nos queremos y nos habría encantado caminar más tiempo juntos para reír, para llorar, para viajar, para pelear, para discutir y para tener ese espejo todos los días en quien mirarse y redescubrirse cada mañana.

Si esto fuera el final del camino me iría contento de haber llegado a donde llegué porque llegar hasta ahí fue producto de mi esfuerzo, me iría orgulloso de haberlo siempre intentado, de haber dejado lo mejor de mí en cada proyecto, en cada tarea, me iría feliz de saber que nunca escatimé al entregar el corazón a mi familia y mis amigos, me iría triste de no caminar más pero yo no decido cuándo.

Ahora bien, no creo que sea el final, aun nos queda mucho por vivir y por enseñar a los que vienen detrás, pero si somos capaces de reflexionar por un momento sobre el mundo sin nosotros, sabríamos tres cosas: que el mundo seguiría caminando, que alguien nos extrañaría mucho y que mientras estemos aquí hagamos lo mejor que tengamos y disfrutemos cada segundo en la siguiente mitad.

Orden, orden, orden, orden, ord…

Casi todos aquellos que se han tomado la molestia de leerme alguna vez, han o tienen la posibilidad de viajar a países desarrollados, y seguramente una de las cosas que quizás pasan desapercibidas pero al reflexionar se hace evidente, es el orden.

No hay país desarrollado que no se encuentre en orden y la matemática es muy sencilla, es más fácil que dentro del orden se identifique y se corrija al desordenado. Pues bien, en el mundo subdesarrollado se vive principalmente en el caos y en ese caos, el ordenado tiene muy cuesta arriba la salud mental.

El orden empieza por lo pequeños espacios: se empieza por hacer que los espacios sean homogéneos, es decir, las banquetas son iguales (en todos sitios) y está perfectamente reglamentado cómo deben de ser y lo hace el Estado. En el mundo sub las hacen aquellos que construyen algo ahí y básicamente como les salga de los huevos. Y podemos decir que al final no pasa nada, pues no, sí que pasa, en muchos de los casos la gente transita por las avenidas poniéndose en riesgo por el simple hecho de que es plano caminar ahí. Después, es común que existan calles, por ejemplo en la Ciudad de México (decenas de miles), en las que no es posible saber qué sentido tienen y pues como no hay, pues es doble sentido. Hasta aquí no hay problema, el punto es que no existe un ordenamiento en el que se distinga (por un color pintado en la banqueta, tan simple como eso) en dónde se puede la gente estacionar. Como no sucede así, pues todo mundo se estaciona donde, una vez más, le sale de los huevos y transitar es un infierno. Vamos, que si las calles sólo tienen un sentido y marcamos dónde se debería de estacionar la gente, el asunto se arregla de cuajo.

Las dos acciones anteriores permiten ciertos flujos, tanto de gente como de vehículos, es decir, queda ordenado, una vez ordenado se puede reglamentar las sanciones por no cumplir con esa disposición y se deja en evidencia al que rechaza el orden. Por otra parte y como acto seguido, ese orden nos lleva a la limpieza. Esos espacios ordenados pueden también crear las condiciones necesarias para designar qué demonios hacemos con la basura y cómo mantenemos las calles limpias, una vez más dejando en evidencia al marrano. Con acciones así y en pequeñas escalas (Colonias) se podría ir ordenando los espacios públicos. Después de esto sigue la educación y con la misma directriz, el orden, ya verían que pronto cambian las cosas.

Y no, no es utópico, Europa en la década de los 80 era, en principio, un patatal. ¿Cómo es ahora prácticamente todo el continente? Es homogéneo y todo sigue el mismo orden.

Para lograr una cosa así, tan sólo se requiere de la voluntad de aquellos que ejercen el poder, pero más allá de la idea o color que usted tenga a bien seguir o defender, entienda una cosa: ellos nos quieren divididos, ellos nos quieren incapaces de tener ideas como esta, ellos viven a través del caos, ellos no quieren un pueblo con pensamiento crítico, ellos le tienen miedo a usted si usted es capaz de unirse con muchos más que piensen igual que usted, ellos lo quieren bien pendejote, lo quieren sumiso, quieren su voto y después que no reclame.

Pues ya lo he dicho antes y no me cansaré de repetirlo aunque no tenga mayores efectos, si vamos todos juntos los jodemos y cambiamos todo, pero ellos (entiéndase más que cualquier otra persona al Presidente de México) nos quieren discutiendo entre nosotros para poder seguir haciendo con nuestro futuro un verdadero desmadre.

Amigo taxista.

Hoy me ha dado por reflexionar el tema de los taxistas y quizás con alguna extensión a otros transportes públicos, pero como el día de ayer nos dieron con todo estos señores, pues empecemos por ahí.

El gremio de taxistas decidió que ahogar a la Ciudad de México es una interesante medida de presión. Quizás lo aprendieron del Presidente de la República, no lo sé, pero sí sabemos que su decisión afectó a cientos de miles. Su “legítimo” reclamo es en contra de las plataformas digitales: Uber, Cabify, Didi y las que se acumulen. Estos señores no están de acuerdo en que los otros operen y trastoquen el monopolio del servicio de taxi que existía.

Ahora bien señores taxistas, el problema no es un app, no es el gobierno que las permite, el problema real es la decisión que ha tomado el consumidor (yo entre ellos) de no utilizar sus servicios. En la medida que entiendan al usuario, quizás puedan ver la luz de su problema, pero es que no les interesa, quieren ir por la vía corta, así como cuando se brincan todas las filas que hacemos otros. De igual manera su intención es que el Gobierno prohiba las apps y entonces ustedes obligar al consumidor a regresar con ustedes y su pésimo (y me parece poca descripción) servicio. Seguramente después vendrán a cerrar calles para exigir mejores tarifas como lo han hecho antes, pero nunca jamás se habrán detenido a pensar el por qué nosotros, la gente, no lo usamos. Aunque para tales fines me tienen a mí y les explico.

Empecemos por su aspecto, a ustedes no les importa a nosotros si. El aspecto de sus vehículos es un poema al valemadrismo, vamos, que algunos se están haciendo pedazos y siguen en la calle, pero eso sí, la revista la pasaron con un lana. Las abolladuras de sus unidades son el cénit de sus virtudes como conductores, son el monumento perfecto tallado en lámina de Tsuru de todas las veces que se le cerraron a alguien, de las veces que se metieron a la brava en una fila, de todas las veces que no cedieron el paso, de todas las veces que omitieron darse por enterados de que los semáforos tienen alguna finalidad, de todas las veces que no frenaron por un peatón o una bici, de todas las veces que algún pasajero salió herido, asaltado, violado, golpeado, secuestrado, extorsionado o por decir lo menos estafado, de todas las veces que tapaste una calle, de todas las veces que te detienes y estorbas al resto de vehículos porque tus necesidades son más importantes que las del resto, de todas las veces que abusaste de un visitante, de todas las veces que escogiste la ruta más larga, de todas las veces que modificaste el funcionamiento del taxímetro, de todas las veces que excediste la velocidad, de todas las veces que hiciste base en lugares prohibidos, de todas las veces que no coincide la licencia con el conductor, de todas las veces que circulas sin placas ni permisos, de todas las veces que no señalaste con tus intermitentes, de todas las veces que casualmente te perdiste, de todas las veces que quisiste joder al que te da de comer, que no es otro que el cliente y el que ti no te importa en lo absoluto.

El consumidor, repito, el que te da de comer, ha tomado la decisión de viajar de otra manera y  eso no hay gobierno que lo pueda cambiar, el gusto por transportes de mucha mayor calidad a la que tu ofreces es cuestión del que paga. En años anteriores su gremio contó por numeroso como un bloque el cual hay que mantener contento porque votan. Bien, vayan y voten por su chingada madre si quieren, pero nuestra lana ha tomado otro rumbo y cada vez que bloquean las calles, más allá de darles más lana a esos competidores de los que se quejan, más ayudan a decidir no utilizar sus servicios.

Ayer se vivieron algunos dramas reales a cuenta de sus acciones (pendejadas), como gente que no llegó a un hospital para salvar su vida, gente que perdió un empleo, gente que dependía su futuro de llegar a una cita, gente que perdió su vuelo a casa o los muchos niños encerrados (cagados y meados) en los autobuses escolares. Bien, toda esa gente es muy probable que hoy piensen: “no jodas hay que ayudarles a los taxistas, son súper buen pedo”. Sigan haciendo amistades en las calles.

En fin, si usted es taxista y ha leído hasta aquí, chingue usted a su sacrosanta madre, yo seguiré usando el app.