La protesta

Esto que hoy se ve en Estados Unidos y que genera un clamor en el mundo, precisamente por ser ellos, o los otros dramas del primer mundo (ya ven que lo mismo pasó en Guadalajara y en Bangladesh no se ha dicho nada), es una réplica de las protestas que desde hace años va generando pequeños incendios en el mundo. Grupos que se ven afectados por cualquier cosa y deciden protestar, hasta ahí muy bien y es muy necesaria. ¿Pero lo estamos haciendo bien?

Vamos a Minneapolis. Cuatro descerebrados matan a una persona. La gente cansada de los abusos policiales salen a las calles, comienza la protesta y se dirigen a atacar las comisarías de policía. Fantástico, la protesta está dirigida pero… esa misma gente revuelta con oportunistas, vándalos y otros contagiados del estado de caos, deciden que es muy buena idea saquear comercios y quemar y vandalizar y golpear. Ya la cagamos. En qué punto destrozar el patrimonio de otros legitimiza tu punto de vista, ya seas negro, LGBT, feminista, anti lo que sea y cualquier otra minoría activa. ¿De verdad se pide paz a garrotazos? Alguna vez escuché: “es la única manera de que nos escuchen o nos vean”, Gandhi no pensó igual por ejemplo, Luther King tampoco y curiosamente lograron cambiar algo. 

En el mundo hay muchísima gente pidiendo cambios a las clases políticas, nuevas formas de entender, nuevas formas de administrar, nuevas formas de convivir y nuevas formas de relacionarnos. Queremos que los recursos que generan los pueblos se gasten en las cosas necesarias, en donde los cuidados de la gente son lo esencial. No se necesitan más armas, no se necesitan refinerías o trenes, se necesita salud, se necesita seguridad entendiéndola desde la propia necesidad de la paz y no a madrazos. Se necesita alimento para los niños, se necesitan espacios de calma y gozo en la vejez, se necesitan recursos que recuperen la naturaleza, se necesita respeto y seguridad para la mujer, necesitamos científicos y necesitamos cultura, arte, cine, teatro… todo lo demás podría caber si sobra de esto otro. Pero como pueblos somos muy básicos, parece que la evolución en estos términos no jala, no avanza, al menos en Latinoamérica y el Caribe. No sabemos actuar como grupo y es fácil seguir el consejo del manipulador, del violento, del visceral. No, así no se logra nada.

Vemos cómo los líderes de opinión de estos días (youtubers, influencers, instagramers, tuiteros, etc.) no tienen ninguna credencial, no tienen filtros y se han puesto ahí por sí mismos, por lo general por ser divertidos. Hace años los divertidos estaban en el circo, hoy son generadores de ideas políticas y de modas que un montón de gente aburrida ha decido replicar, no jodas. Quieres ser activista ve allá y lucha mientras que el cuadrito negro lo pongan los niños de 12 años. 

De estos manipuladores salen ideas fabulosas como: vamos a saquear las tiendas Nike. ¿Y eso cambia algo? Quieres cambiar a la policía y tu idea es cometer un delito, justo aquello para lo que fue creada la policía. Pues te van a reprimir, o había que esperar otra respuesta, otra acción para detener tu insensatez, tu abuso, tu incoherencia, tu violencia. ¿No eso era lo que pretendías cambiar y entregas más de lo mismo? El mensaje debería ser, señalando todos a la vez lo mismo, apuntar con sus dedos al cobarde y hacerlo pensar y modificar sus conductas, pero no ganarás nada en ir y desatar tu propia violencia contra ellos. Así los dos bandos generan rencor entre sí y podríamos seguir eternamente en el mismo cuento. 

Por lo tanto nos quedan tareas pendientes:

Uno: entender, entender y entender que ese no es el camino. 

Dos: volver a entender que ese no es el camino. 

Tres: actuar en consecuencia, ser democráticos y escoger mucho mejor a los servidores públicos, renovar a los que están y no sirven de nada. No escuchar sus excusas, no escuchar sus promesas y sus discursos. Ya sabemos que no son aptos, ninguno. 

Cuatro: llenémonos de pasión, de fuego interior, de fuerza y hagamos los cambios en el sentido correcto. 

Cinco: unámonos en contra de aquel que ataque nuestro bienestar: salud, seguridad, alimento, fuentes de ingreso. 

Seis: recuperemos la dignidad del trabajo. Entendamos problemas graves desde otras perspectivas, por ejemplo: las drogas son un problema de salud, si no hay consumo no hay distribución y mejor aun, no hay prohibición madre del problema. 

Siete: no podemos seguir fraccionando la vida en minorías, tu elección sexual es un tema de tu casa y no de la vida pública ni de tu trabajo, así no tendrías que excusarte en términos de discriminación, tampoco tu etnia, tu género, tampoco tu estatura, tu peso, tus sentimientos o cualquier otra pendejada que hayas inventado para justificarte ante los demás. Concentrémonos en las minorías que en verdad requieren ayuda, aquellos con necesidades especiales como minusválidos, etc. Tu culo no te hace merecedor de leyes o tratos especiales, ve a tu casa y haz con él lo que te plazca. 

Ocho: alejarse de los actos violentos escondido en un pasamontañas y rodeado de imbéciles, que por lo general lastiman a alguien exactamente igual que tú. O bien, ten el valor de ir a enfrentar al verdadero culpable, ya ves que después de una buena madriza nacen grandes amistades. No dañes lo que alguien más construyó, sí tú hubieras construido algo, sabrías del esfuerzo que representa. 

Nueve: no confíes en aquello que te llega como regalo, quizás disfrazado de ayuda, es un trampa, solo busca que dejes de luchar para obtenerlo por ti mismo, busca que creas algo que no existe, busca confundir tu mente, busca que odies al que lo generó y alabes al que te lo dio. No es así, repito, es una trampa, en caso contrario el mundo entero sería comunista o al menos una comuna hippie y no lo es. 

Diez: no seas un maldito cerdo, limpia todo y no dejes tus huellas allá donde vas, máxime si estás en la naturaleza. 

Pues bien, esto no es la guía de la felicidad, no lo pretende ser, no lo será, pero quizás ayuda a pensar a redefinir aquello que decidimos seguir, ayuda a pensar que tu cuadrito negro o amarillo, tu hashtag, tu arcoíris, tu puño, tu mancha de sangre, etc. no sirve, literalmente, ni para limpiarte el culo. 

Ahora, ve critica, señala, protesta, deja de aplaudir. 

Demonstrators protest the wake of the recent death of Minneapolis’ George Floyd in front of Edinburg city hall on Saturday, May 30, 2020, in Edinburg. (Joel Martinez | jmartinez@themonitor.com)

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