La indignación selectiva

A fechas recientes, aunque no únicas, se ha ido incrementando un fenómeno al que me ha dado por llamarle la “indignación selectiva” y vamos a ello. 

En México y en el mundo se van sucediendo eventos trágicos uno tras otro. Y como vamos montados en la ola de la información y nos llegan todos estos al instante en el que suceden, pues hemos tenido que desarrollar una selectividad con respecto a aquellas situaciones a las que reaccionamos, justo unos segundos antes de pasar a la que sigue. En otros tiempos, cuando el internet no era el centro del universo, por citar un ejemplo, cuando ocurría una guerra, esta jamás terminaba y mantenía en estado de alerta a la población hasta que en efecto terminaba y había algún derrotado. Mire usted, no había comenzado la guerra en Ucrania cuando la muerte de una joven en Monterrey se llevó los reflectores, sí, hablo del caso de Debanhi. Tantos reflectores hubo, que el padre ya estaba figurando para rock star. Llegué a leer de alguna mujer muy indignada que los hombres no se habían pronunciado en el caso y le ocasionaba mucha indignación la no indignación, sin embargo no se indignó a los pocos días que asesinaron a Ángel Yael en Jalisco, pero es que hemos seleccionado en el menú que las muertes de los hombres no son indignables. ¿Recuerdan el post ese que dictaba que el “tío/tía” (nombre del posteador) podía pasar a recoger a sus hijos en cualquier momento? Una joya de la moralidad digital…nunca vimos el teléfono del “tío” o la “tía”. Pero se veían muy bien colocándose la corona del salvador del mundo. Estoy completamente seguro que el 99% de estos súper héroes digitales no contestarían un número desconocido a las 2 de la mañana y mucho menos saldrían a la calle a buscar a alguno de mis hijos a quienes no tienen el gusto de conocer.  

En este último mes se han sucedido matanzas de todos los colores en México y es que el presidente (así en minúsculas) ha salido a defender a los que matan y pareciera que los encargados de nuestra defensa ya están en franca retirada y háganle como puedan. Pero el grado de indignación tan sólo formó parte de una sección de la población. Pero una vez más, duró un suspiro por que un tipo entró en el vecino país del norte a un centro comercial y como si fuera video juego comenzó a matar gente, esos cuantos (aclaro que duelen todos) produjeron una terrible indignación, mientras que los de Michoacán apenas fueron reportados. Y como guinda al pastel, otro loco, se tomó la molestia de cometer el peor de los crímenes y ajustició a niños y entonces el indignómetro rompió todos los récords de indignahercios

Ninguna situación es menor, ninguna es broma, son vidas cayendo como hojas de otoño, son almas partidas para siempre, son familias sin esperanza, son seres irrecuperables que otros, los suyos, los esperaban a cenar en casa y jamás volverán.  

Y es justo aquí donde tenemos que detenernos, porque la importancia de estos eventos nunca deberá de medirse a través de tu nivel de indignación, ni de cuánto criticas a quién no se ha indignado tanto como tú. No lo mires con recelo, no puedes asegurar qué estará pasando en su vida que tu indignación podría no ser importante para el vecino. Nos estamos juzgando los unos a los otros cuando deberíamos de mirar qué demonios pasa, cómo esta barbarie parece no tener fin. 

Sí, nuestra especie siempre ha sido violenta y de verdad no sé cómo hemos llegado hasta el 2022 sin consumirnos en nuestro comportamiento salvaje y sin sentido. La información hoy, más que cuando no la teníamos nos separa, nos hemos vuelto dueños de una verdad que ni siquiera existe, nos hemos vuelto dueños de la moral del mundo, pero a ti quién te dijo que la moral tiene propietarios. 

El segundo párrafo parece una broma pero todo eso ocurre y ocurrió y lo peor, es que volverá a ocurrir, pero debemos de enfocar las baterías de otra manera. No importa si la persona que es víctima de violencia es hombre o mujer, debemos de preguntarnos por qué ocurre y dónde podemos detenerlo sin géneros, sin razas, sin fronteras.

Debemos de entender que las personas que ostentan el poder, EN TODOS LOS CASOS Y PAISES, no deben de perdurar en el poder mucho tiempo, 6-8 años como máximo y así no se les ocurre mandar a nuestros niños a la guerra mientras los suyos vacacionan en la Costa del Sol. Debemos de atender los orígenes de la violencia desde la salud, nunca desde la justicia aunque al final intervenga, pero si entramos en la prevención seguramente tendremos menos vidas que lamentar por la sin razón. Incluso, la violencia que se genera desde la droga se puede manejar como un tema de salud, menos adictos menos negocio menos violencia y menos muertes. Al final seguro que no tendrías tanta indignación y no estarías en la búsqueda infinita de la indignación de moda para quejarte, subir a una red tu foto o posteo de la indignación y adjudicarte la bandera de la moral del mundo. Quizás debamos de ser un poco menos selectivos y más empáticos (con todos) al tiempo que educamos a una futura generación en cómo evitar la violencia y no en cómo quejarse o las miles de bonitas e ilustrativas formas de mostrar su indignación. 

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Rodrigo Casanueva Tarno
Rodrigo Casanueva Tarno

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