
Me gustaría empezar con una declaración. No soy si seré crítico literario. No se me ocurre algo más injusto. Pero sí que es verdad que toda promesa ha de ser cabalmente cumplida, por entonces, me veo aquí delante del lienzo por que di mi palabra y la mía es contrato.
Tampoco tengo idea de cómo se haría un crítica a un libro, pero sé que hacer con la emociones y a ello me atiendo. Sin más y de cabeza vamos ahí.
A Giovanna la conozco por los años suficientes para decir que no tenía la más remota idea de su talento para escribir, pero, no es escribir, es capacidad de emocionar, cosa que valoramos los lectores de todo el mundo por sobre todas las cosas. Y entonces comenzamos los compases de Marion y Paris como quien enciende un cigarrillo.
De pronto, al inicio, sin cuartel te deslizan ante los ojos brotes inagotables de adrenalina. Pero niña… ¿y ahora cómo vas a mantener la tensión por el resto del libro? Y dude, pero como aquella botella de mezcal en la comienzas la fiesta y te retumba una bofetada en todo el hocico diciéndote ¡aquí estoy! Para después irte embriagando a besos, manteniendo el vilo, ese caminar por el alambre, seduciéndote, no queriendo saber más, como pasa en los libros más comunes. No, este te lleva a querer ser parte de la historia. Te imaginas enrolado en sus aventuras y anhelas los sudores, el riesgo, el pacto, el silencio, madre mía que envidia lo que viven estos dos y yo aquí en el sillón.
Esa transportación, hace que «Sustancias incompletas» sea de esos libros vitales, que los dejas en la mesita de noche y te hablan al oído, te joden que no duermas, que sigas, al fin tu vida ya es lo suficiente aburrida y te seduce a su vértigo. Parece latir al estar inerte esperando, te invita a volver y una vez más como el buen mezcal que ya te tiene en la lona, te da un respiro para que regreses y te dejes llevar por la fuerza del martillo que golpea la cabeza del último clavo.
«E alla fine, quel sospiro di sollievo, seguito dall’incertezza, si trasforma nell’esercizio più sublime: quello dell’immaginazione. Congratulazioni, non potrebbe esserci dono più grande».