Síganme los buenos…

Como si se tratase de una película con mucha psicodelia, efectos especiales o situaciones absurdas, todos los días los mexicanos nos despertamos y a través de nuestro medio favorito para buscar información nos topamos con una nueva situación que comentar, alguna idiotez u ocurrencia para iniciar las quejas, las burlas, los memes y las mentadas. Pero justo eso es el plan, decía María Félix “que hablen bien o mal…pero que hablen”. Y mordemos el anzuelo días si y día también. Y nosotros, sin importar si estamos a favor o en contra replicamos el mensaje, cualquiera que ese sea y con ello, provocamos la división, el pleito, la confusión, la desinformación y la caída. 

La historia no miente y todos sabemos que los sistemas socialistas empobrecen a las naciones, las dejan en quiebra, con generaciones perdidas entre ideologías y la ignorancia absoluta, tan solo combatible cuando les retuerce el estómago del hambre y como chispazo divino comienzan a luchar contra lo que ellos mismos crearon. Ahora bien ¿cómo lo detenemos? Es simple en la teoría, pero complicado en la ejecución. Pero lo único que se necesita es que dejes de amplificar el mensaje…

Cuando te quejas… amplificas. 

Cuando explotas y reclamas… amplificas.

Cuando aplaudes… amplificas.

Cuando comentas la puntada del día… amplificas.

Cuando analizas… amplificas.

Cuando te burlas… amplificas.

Cuando compartes el meme… amplificas.

Cuando compartes la nota que te mandó la tía Chenchis… amplificas.

Cuando te encuentras con la vecina y le comentas lo mal que está el país… amplificas.

Cuando abres la boca nada más llegar al trabajo… amplificas.

Cuando presumes tu beca del bienestar… amplificas.

Cuando le llamas moralmente derrotado al alguien en el metro… amplificas.

… amplificas.

… amplificas.

… amplificas.

¿Ahora lo entiendes? Cada vez que amplificas generas el debate, generas que se hable de todo aquello puesto en la agenda sin importar que los frijoles se paguen como caviar. ¿Y si por un tiempo no amplificamos? Todos, sin importar el color de la camisa, sin importar la ideología o facción política que te guste o te represente. ¿Y si tenemos silencio? ¿Y si escuchamos en ese silencio carente de agendas? ¿Y si pasamos un tiempo mirándonos a los ojos y nos saludamos como antes? ¿Y si hacemos como si hubiera un terremoto y nos ayudamos? ¿Y si dejamos de pensar en política? ¿Y si nos damos la mano? ¿Y si hacemos como que ellos (todos los políticos, todos, sin trampas) no están? ¿Hacemos que no existen? ¿Y nos cuidamos entre nosotros un rato? ¿Y si no nos ponemos apodos? ¿Y si les ayudamos a ellas en su búsqueda de igualdad y que todos tomen su lugar? ¿Y si no nos estorbamos? ¿Y si no nos metemos en la fila? ¿Y si no abusamos de nadie? ¿Y si festejamos a los nuestros que triunfan de verdad? ¿Y si no les envidiamos? ¿Y si…?

Afuera de esa realidad que nos pintan y nos cuentan y nos crean y nos acomodan, estamos nosotros, todos en el mismo barco y nos necesitamos más que nunca porque estamos en medio de una guerra que van ganando los malos, estamos perdiendo niños porque no hay con qué curarlos, si carajo, nuestros niños. Nos necesitamos porque hay madres buscando a sus hijos y hay padres sufriendo por que su hija no volverá o por que ha salido a buscarse la vida y alguien podría querer lastimarla. Nos necesitamos porque tenemos un atraso gigantesco en educación y eso nos cierra las puertas con el mundo, nos necesitamos porque los desastres naturales no esperan, nos necesitamos porque no queremos mexicanos empobrecidos estirando la mano o cruzando fronteras, nos necesitamos para que las siguientes generaciones estén lejos de las drogas que han logrado necrosar el país desde el fondo. Nos necesitamos todos los buenos y jugando en el mismo equipo. Nos necesitamos para recobrar esos lazos de comunidad que alguna vez tuvimos y sigue vivo en nuestro ADN, es solo cuestión de ejercitarlo. 

Yo me apunto al silencio, yo no amplifico. ¿Me ayudas?

#YoNoAmplifico

El último nivel.

Imaginemos por un momento que somos un personaje de video juego y que lo hemos conseguido casi todo, llegamos al último nivel, el más difícil y a su vez el que nos engaña, nos tienta, nos invita, nos acaricia el ego, nos seduce la victoria que ahora está a nuestro alcance. Damos nuestros primeros pasos en el nivel pensando que algo se esconde en algún lado y de pronto saltará a por nosotros, pero no pasa nada, todo está quieto. Los ruidos estridentes se escuchan afuera y nosotros estamos envueltos en los encantos de un violín.

Nos vamos sintiendo cómodos, vemos aquella luz al final del túnel que los viejos dicen que existe, pero como nunca estuvimos antes en aquella obscuridad no teníamos idea de qué iba aquello. Ahora sí que lo estamos, nos queda ese último nivel y vamos bajando los brazos ya cansados de luchar: maldito año, perdón, juego de mierda, se lo llevó todo. Sin previo aviso suena el teléfono, han caído uno dos tres, carajo. Las farmacéuticas avisan y avisan, el antídoto es casi listo, pero tendrás que dar ese salto, parece simple, das al botón y pierdes una vida, sí una más, miles de ellas.

Tienes ganas de gritar, no sabes cuándo correr a la luz, si… está ahí al fondo pero surcos en el piso y ese jefe malo del nivel es el último al que habrá que vencer, entrar en su arena con todo lo aprendido y con aquel movimiento que no supimos dar. Luchamos contra la naturaleza con las armas de ciencia y soñando con que ese arcabuz funcione, pero hemos tenido que luchar encarnizadamente contra los nuestros, los de nuestra especie, los que negaron y quizás, siguen negando la existencia de este último nivel y del jefe que lo habita. Hemos tenido que luchar contra la ignorancia de los pobladores de la aldea del juego, nunca saben, no ayudan, está ahí tan sólo para complicar los niveles y que tengamos que repetir nuestros pasos varias veces… ¡carajo! otra vida perdida, miles. Hemos tenido que luchar con otros jugadores que quieren ganar también pero se saltan las reglas, las normas, lo quieren todo y de su falta de respeto, su poca conciencia de lo que los rodea más vidas perdidas. Algunos incluso tienen la versión premium extendida del juego y han jugado niveles extra, sin aire, confinados, sin ayuda, sin defensas y sin otra motivación que la de llegar ahí, en donde estamos todos, ese punto etéreo y nebuloso que deja vislumbrar una luz ahí en lo que parece ser el fondo.

Jugadores hábiles, jugadores muy experimentados, jugadores importantes, jugadores buenos, jugadores entrañables y de otras muy buenas clases han perdido la única vida que nos dieron para atravesar esto. Los jugadores más jóvenes nunca entendieron el juego, saltaron a él y al entrar una estrella brillante les dijo que podían seguir el camino sin casi tener daños o bajas y salieron y fueron y no les importó que otros teníamos que empezar a jugar desde el nivel más bajo. Cuando, aún ahora, salen y después coinciden con los jugadores mayores algo pasa en el juego que el joven sigue y el viejo muere. El juego seduce y atrae al joven para poder llegar al viejo que ha estado acorazado. Sí, nunca lo entendieron y ahora en el último nivel han despejado sus dudas «no pasa nada» y de esa nada los jugadores viejos que estaban por dar el salto caerán. Juego más injusto jamás se jugó.

Allá en los lugares donde el juego comenzó antes, lo saben, no ha terminado y cada vez que bajaron la guardia se les recordó que no había terminado, que debían cruzar el último nivel, ese que de su noticia disparó a las calles y avenidas a los jugadores, se hicieron hogueras, se hicieron cantos, se abrazó y se besó al prójimo y como quien sopla un diente de león varias vidas más no salieron del túnel.

Dependiendo de dónde te conectas al juego, existe un líder, en algunos casos con manuales del juego más avanzados. Siempre los asiáticos, siempre con sus trucos, siempre antes y mejor. Ellos inventan el juego y se guardan el manual o quizás les explicaron a sus aldeanos mucho mejor el juego, porque desde acá todo salió mal, el jodido traductor del juego no se enteró de qué iba el tema y quedamos en manos de un idiota o dos.

Pues bien, juguemos el último nivel al fin no hemos ganado nada. Juguemos y con suerte encontrémonos allá en la luz, sólo te pido una cosa. Ayuda a todos a vencer al jefe malo, ayúdanos al no bajar la guardia, ayúdanos cuidando a los jugadores mayores, ellos cuando viene la flama no pueden dar al botón tan rápido y pierden su vida, ayúdanos a dar el salto y te prometemos que aquello que hoy te urge por hacer será mejor del lado de la luz y con los jugadores completos.

Hoy jugador joven, tú eres el jugador más importante y, o nos haces ganar el juego o nos ayudas a perder y con ello perderte a ti porque en el juego que empieza en la consola de la vida al llegar a la luz, ingresaremos a un nuevo juego y los manuales siempre los tienen los viejos jugadores, en serio los necesitamos.

La protesta

Esto que hoy se ve en Estados Unidos y que genera un clamor en el mundo, precisamente por ser ellos, o los otros dramas del primer mundo (ya ven que lo mismo pasó en Guadalajara y en Bangladesh no se ha dicho nada), es una réplica de las protestas que desde hace años va generando pequeños incendios en el mundo. Grupos que se ven afectados por cualquier cosa y deciden protestar, hasta ahí muy bien y es muy necesaria. ¿Pero lo estamos haciendo bien?

Vamos a Minneapolis. Cuatro descerebrados matan a una persona. La gente cansada de los abusos policiales salen a las calles, comienza la protesta y se dirigen a atacar las comisarías de policía. Fantástico, la protesta está dirigida pero… esa misma gente revuelta con oportunistas, vándalos y otros contagiados del estado de caos, deciden que es muy buena idea saquear comercios y quemar y vandalizar y golpear. Ya la cagamos. En qué punto destrozar el patrimonio de otros legitimiza tu punto de vista, ya seas negro, LGBT, feminista, anti lo que sea y cualquier otra minoría activa. ¿De verdad se pide paz a garrotazos? Alguna vez escuché: “es la única manera de que nos escuchen o nos vean”, Gandhi no pensó igual por ejemplo, Luther King tampoco y curiosamente lograron cambiar algo. 

En el mundo hay muchísima gente pidiendo cambios a las clases políticas, nuevas formas de entender, nuevas formas de administrar, nuevas formas de convivir y nuevas formas de relacionarnos. Queremos que los recursos que generan los pueblos se gasten en las cosas necesarias, en donde los cuidados de la gente son lo esencial. No se necesitan más armas, no se necesitan refinerías o trenes, se necesita salud, se necesita seguridad entendiéndola desde la propia necesidad de la paz y no a madrazos. Se necesita alimento para los niños, se necesitan espacios de calma y gozo en la vejez, se necesitan recursos que recuperen la naturaleza, se necesita respeto y seguridad para la mujer, necesitamos científicos y necesitamos cultura, arte, cine, teatro… todo lo demás podría caber si sobra de esto otro. Pero como pueblos somos muy básicos, parece que la evolución en estos términos no jala, no avanza, al menos en Latinoamérica y el Caribe. No sabemos actuar como grupo y es fácil seguir el consejo del manipulador, del violento, del visceral. No, así no se logra nada.

Vemos cómo los líderes de opinión de estos días (youtubers, influencers, instagramers, tuiteros, etc.) no tienen ninguna credencial, no tienen filtros y se han puesto ahí por sí mismos, por lo general por ser divertidos. Hace años los divertidos estaban en el circo, hoy son generadores de ideas políticas y de modas que un montón de gente aburrida ha decido replicar, no jodas. Quieres ser activista ve allá y lucha mientras que el cuadrito negro lo pongan los niños de 12 años. 

De estos manipuladores salen ideas fabulosas como: vamos a saquear las tiendas Nike. ¿Y eso cambia algo? Quieres cambiar a la policía y tu idea es cometer un delito, justo aquello para lo que fue creada la policía. Pues te van a reprimir, o había que esperar otra respuesta, otra acción para detener tu insensatez, tu abuso, tu incoherencia, tu violencia. ¿No eso era lo que pretendías cambiar y entregas más de lo mismo? El mensaje debería ser, señalando todos a la vez lo mismo, apuntar con sus dedos al cobarde y hacerlo pensar y modificar sus conductas, pero no ganarás nada en ir y desatar tu propia violencia contra ellos. Así los dos bandos generan rencor entre sí y podríamos seguir eternamente en el mismo cuento. 

Por lo tanto nos quedan tareas pendientes:

Uno: entender, entender y entender que ese no es el camino. 

Dos: volver a entender que ese no es el camino. 

Tres: actuar en consecuencia, ser democráticos y escoger mucho mejor a los servidores públicos, renovar a los que están y no sirven de nada. No escuchar sus excusas, no escuchar sus promesas y sus discursos. Ya sabemos que no son aptos, ninguno. 

Cuatro: llenémonos de pasión, de fuego interior, de fuerza y hagamos los cambios en el sentido correcto. 

Cinco: unámonos en contra de aquel que ataque nuestro bienestar: salud, seguridad, alimento, fuentes de ingreso. 

Seis: recuperemos la dignidad del trabajo. Entendamos problemas graves desde otras perspectivas, por ejemplo: las drogas son un problema de salud, si no hay consumo no hay distribución y mejor aun, no hay prohibición madre del problema. 

Siete: no podemos seguir fraccionando la vida en minorías, tu elección sexual es un tema de tu casa y no de la vida pública ni de tu trabajo, así no tendrías que excusarte en términos de discriminación, tampoco tu etnia, tu género, tampoco tu estatura, tu peso, tus sentimientos o cualquier otra pendejada que hayas inventado para justificarte ante los demás. Concentrémonos en las minorías que en verdad requieren ayuda, aquellos con necesidades especiales como minusválidos, etc. Tu culo no te hace merecedor de leyes o tratos especiales, ve a tu casa y haz con él lo que te plazca. 

Ocho: alejarse de los actos violentos escondido en un pasamontañas y rodeado de imbéciles, que por lo general lastiman a alguien exactamente igual que tú. O bien, ten el valor de ir a enfrentar al verdadero culpable, ya ves que después de una buena madriza nacen grandes amistades. No dañes lo que alguien más construyó, sí tú hubieras construido algo, sabrías del esfuerzo que representa. 

Nueve: no confíes en aquello que te llega como regalo, quizás disfrazado de ayuda, es un trampa, solo busca que dejes de luchar para obtenerlo por ti mismo, busca que creas algo que no existe, busca confundir tu mente, busca que odies al que lo generó y alabes al que te lo dio. No es así, repito, es una trampa, en caso contrario el mundo entero sería comunista o al menos una comuna hippie y no lo es. 

Diez: no seas un maldito cerdo, limpia todo y no dejes tus huellas allá donde vas, máxime si estás en la naturaleza. 

Pues bien, esto no es la guía de la felicidad, no lo pretende ser, no lo será, pero quizás ayuda a pensar a redefinir aquello que decidimos seguir, ayuda a pensar que tu cuadrito negro o amarillo, tu hashtag, tu arcoíris, tu puño, tu mancha de sangre, etc. no sirve, literalmente, ni para limpiarte el culo. 

Ahora, ve critica, señala, protesta, deja de aplaudir. 

Demonstrators protest the wake of the recent death of Minneapolis’ George Floyd in front of Edinburg city hall on Saturday, May 30, 2020, in Edinburg. (Joel Martinez | jmartinez@themonitor.com)

Tu miedo ¿el de todos?

Leo y leo y vuelvo a leer en los posts de redes sociales que hacen mis amigos y otros que no tengo el susto de conocer y sólo leo miedo.

La información que nos llega todo el tiempo es una campaña de miedo. Que tengas miedo, hará que votes o no por determinado candidato. Pero… ¿miedo a qué?

No es verdad que eres su superviviente de las crisis de los ochenta y los noventa (entiendo que algunos votantes más jóvenes no lo sean). No eres un superviviente de más de 70 años de saqueos sistemáticos al país por parte de PRI. No eres acaso, un superviviente de las guerras contra el narco. No es eres un superviviente al tipo de cambio, a las reformas y sin duda, no eres de aquellos que son supervivientes a todas las ratas que han ejercido cargos públicos desde siempre y con el mismo fin último que es robar.

Pero resulta que tienes miedo y andas publicando que estás a favor del voto útil aunque favorezca al PRI… ¿neta?

Perdón, tu no tienes miedo, no tienes memoria y por consiguiente no tienes madre. ¿Te has puesto a pensar sobre cuál encuesta vas a basar tu voto útil? Y eso no te da miedo, resulta que cualquier pelado te va a decir por quién votar según para lo que ese mismo pelado interprete como segundo lugar… ¿eso no te da miedo?

Yo no te puedo decir por cuál candidato votar, es más, no he perdido ni un sólo minuto en promocionar a ninguno, pero si te puedo decir que te tengo miedo a ti, a tu supuesto miedo y que no seas capaz de decidir libremente tu voto, que no seas capaz de razonar tu voto y a través del «miedo» hagas muchas pendejadas como condicionar tu voto a un lugar en la tabla y no ponerte a pensar qué demonios te gustaría para tu país, tu ciudad, tu colonia y hasta tu calle, pero te indigna que los menos favorecidos pudieran llegar a vender su voto… espejito, espejito, dime quién es más pendejito.

Hace unos días publiqué mi manual del voto y ejercicio democrático, lo vuelvo a hacer y espero les sirva de algo, aunque sea que les dé miedo de que algunos votaremos no como borregos, si no como hombres y mujeres libres ejerciendo un derecho y principalmente sin miedo alguno:

Manual para votar en México:

1.- Vote por quien usted quiera.
2.- Vote en consecuencia al punto 1, es decir ayude a su candidato a poder gobernar. Esto significa que le deberá de dotar de diputados y senadores.
3.- Vote a partidos grandes, eso limita el registro de los chicos, mismos que sólo son un negocio de sus dirigentes, por eso son rémoras de los grandes.
4.-Si piensa que un candidato de X partido es mejor para el país y uno del Y para la ciudad, vote así, pero sin olvidar el punto 2.
5- Si pretende castigar a un partido o candidato, es simple NO vote por él.
6.- Si le fallan en esta ocasión, recuerde que podrá castigarlos dentro de 6 años.
7.- No pierda la memoria.
8.- Si le gusta algún independiente, vote por él.
9.- Vote siempre, siempre vote.
10.- Nunca venda su voto.

La normalización de la violencia

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Hace unas semanas, quizás muchos de nosotros seguimos el caso de un chamaco en España que no aparecía por ningún lado y el caso es que lo mató la novia del papá y todo aquello que revuelve el estómago al más duro. Y también vimos como un país entero estaba desbordado con la noticia. Sí, la violencia les duele, les perturba, los hace vomitar de miedo y de angustia, por más que estén en el otro extremo del país, por más que no hayan conocido a las víctimas. La violencia se percibe como tal y genera repudio y miedo en casi todo el mundo.

 

Ahhh, pero qué tal nosotros. Los mexicanos hemos normalizado tanto la violencia que nos parece tan común como ir a comprar las tortillas del día. Hace unos días, en un operativo en Monterrey, desde un helicóptero balearon a toda una familia, con niños pequeños incluidos y el país no está de cabeza por el asunto. No, se dice que es un daño colateral y punto, hasta que llegue el siguiente muerto para darle el mismo tratamiento.

 

Hoy no es tan raro que la violencia haya alcanzado a nuestros conocidos, familiares o bien, a nosotros mismos. Y es muy grave. También es muy grave que hayamos asimilado la violencia como parte de la vida misma. Es decir, que en México se observa a la muerte de manera tan común como si viviéramos en la antigua Roma y pasáramos por encima de un cadáver de un esclavo y nada más.  El problema es que con siglos de separación y al parecer muchos desarrollos en materia cívica, nos sigamos matando como si nada y peor aún, que lo veamos y convivamos con ello de la misma manera que respiramos o vamos al baño.

 

Ahora bien, estamos en medio de campañas políticas y vemos como los políticos, han normalizado tanto el tema, que ninguno de ellos es capaz de centralizar un discurso sobre el tema. Para ellos es en sí y en su fuero interno es «daño colateral» y punto. Mientras lo importante es: que si este es honesto (todos los son, ya sabemos), que si este es gordo, estos prietos, este bicolor, este hace negocios con aquel… en fin, un discurso interminable, repetitivo, el mismo de todos los procesos. A mí, en lo personal, me preocupa que así como se normaliza la violencia, se traten todos los problemas como si por el simple hecho de existir no deban de ser atendidos.

 

Es común que las personas de mi generación, recuerden haber transitado las calles de su Colonia, haber visitado el parque cercano sin supervisión de un adulto. Es común haber regresado a casa chorreando sangre porque caímos de una bici y no porque nos alcanzó una bala. Y el punto es que hablamos, incluso con cierto aire de nostalgia, que hicimos de la calle nuestro campo de juegos y de sueños. Hoy hemos integrado a la violencia de tal manera que pareciera utópico que los niños pudieran estar solos en las calles. Eso si, desde el gobierno se envían mensajes (que algunas madres toman muy en serio) que hay que combatir la obesidad infantil, que no deberían los niños de estar con videojuegos y que es mejor que hagan ejercicio. Muy bien, señores gobernantes, regrésenos las calles y verán como volvemos a 1980, en donde los gorditos eran pocos y siempre les tocaba ser portero.

 

 

¿Y la ayuda?

Regresé de un viaje largo, del cual entre otras cosas, puedo decir que tuve la fortuna, junto con mi familia de no vivir todos y cada uno de los desastres del mes de septiembre. Y después de una semana, pude comprobar con mis propios ojos derrumbes, albergues y mucho de lo que con mucha solidaridad los mexicanos hicieron para nuestros hermanos en desgracia.

Llegó tarde a esa primera oleada de ayuda, sin embargo estoy fresco para la más necesaria, esa que se requiere cuando el resto afloja, sin embargo esto me lleva a algunas reflexiones:

 

  • Estando en Madrid, hicimos donativos destinados a México. Ese dinero y de muchas partes del mundo, junto con los anuncios de personajes y empresas entregando cantidades irreales ¿a dónde va a parar? Cuando los ciudadanos hablamos de reconstrucción, lo primero que pensamos es en los hogares de las familias que lo perdieron todo. Y si uno, es ingenuo de verdad, como lo soy yo, pensara que ese dinero, se pondrá en manos de las familias para construir viviendas.
  • De lo anterior, imagino y pienso mal. Que muchas de esas enormes cantidades, podrían construir más edificios de los colapsados, pero llegan a manos del gobierno para reconstruir qué. Quizás haya algún ciudadano mejor informado que yo que pueda saber qué demonios reconstruyen, porque desde la óptica de éste desinformado, también podría ser usado para reconstruir la imagen pública de los gobernantes que tan mal parados quedaron.
  • Si el gobierno, desde la presidencia en días seguidos, nos pide cobijas, tiendas de campaña y además propaga la idea del ilustre presidente (así, en minúsculas) de que se vayan haciendo tandas para volver a hacer casas entre vecinos, ¿dónde chingados está el dinero?
  • Ya también vimos, en plena era de la información, donde ocultar las cosas requiere de cierta preparación y estrategia, a gobernantes como el gobernador (así, en minúscula) Graco Ramírez, robando despensas para su uso político, o al presidente (así, en minúsculas) fingiendo una fila de solidaridad.
  • Hoy en las noticias, el jefe (así, en minúsculas) de gobierno de la capital, anunciaba créditos al 9% para damnificados. ¿Pues no le hemos mandado mucha lana para reconstruir?

 

Entonces, ¿dónde quedó toda la lana? Entiendo, que veo esto desde la más absoluta ingenuidad, pero en serio, ¿dónde quedó? ¿quién la tiene? ¿en qué exactamente se va usar?

Quizás en otro momento, podamos explorar muchas otras reflexiones, como los castigos por corrupción, o bien las elecciones venideras, pero ahora, lo que importa es saber dónde quedó la bolita (lanita), que así como exigimos el dinero de los partidos (saben cuántos edificios podríamos construir con más de 7 mil millones de pesos), debemos de buscar e informarnos dónde está toda esa ayuda, porque seguimos viendo a nuestra gente, durmiendo en la calle, comiendo de nuestra ayuda, pero con una terrible incertidumbre sobre su futuro. Ahora, es cuando verdaderamente la unión que tenemos debe ser la fuente misma de una exigencia sin precedentes.

 

 

 

¡Quítate pendejo!

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Me he pensado mucho escribir sobre esto, ya que estarse quejando de las nuevas vialidades de cuota en la CDMX es un poco snob, pero hoy después de haber vivido el colmo de todos los comportamientos en ellas, no puedo más y aquí va.

 

Resulta que el trayecto que va desde Viaducto Tlalpan y San Jerónimo en la mayoría del trayecto está construido con dos carriles, hasta aquí todo un lujo, excepto cuando uno tiene que viajar por ahí en horas pico. Y es que toda clase de pendejos y pendejas, les encanta ir paseando, mandando mensajes, checando Facebook, viendo el paisaje y muchas otras actividades. Cabe mencionar que son increíblemente respetuosos con los límites de velocidad del nuevo reglamento de tránsito, no pasan de 80 ni a mentadas de madre, pero al parecer no han leído la parte que dice que no debe uno de atender el celular en cualquiera de sus formas, es decir, justifican su velocidad con el reglamento y la parte del celular se la guardan por el orto.

 

¿En que chingaos nos afecta? Pues bien, estos engendros viajan todo el tiempo por el carril izquierdo de la vía y jamás permiten rebasar, incluso se molestan por que uno pretende hacerlo y va a pasar el límite de velocidad que ellos celosamente cuidan y les permite postear en Facebook al mismo tiempo «un idiota me quiere rebasar y voy a 80». Pues bien, el que va a rebasar, va a rebasar y le importa una mierda si tu vas a 80 y como consecuencia tiene que rebasar por la derecha, situación que es altamente riesgosa (por la visibilidad) y en la que las estadísticas te dicen «te vas a romper la madre».

 

He visto de todo mientras intento pasar a estos pendejos (sí, es el calificativo más lindo que me permito para con ellos) incluso una que me quería grabar para convertirme en #lordsegundopiso pero nunca se dio cuenta que cuando esquivé su frenada para «el film» la salvé a ella de otro que venía con la misma intención de pasar y casi se empotra con ella, por el simple hecho de que no la veía y creía que yo era la tortuga justiciera de las redes sociales. Suerte para la próxima estúpida y ojalá al matarte no vayas a matar a nadie.

 

Si en este punto de la lectura, te sientes profundamente ofendido y con ganas de mentarme la madre… si, eres tú, eres tú, uno de esos pendejos que por creerse justicieros van provocando accidentes. Si eres tú, uno de los que motivó este escrito, por que hoy por la mañana en ese celoso velar por los límites de velocidad de Mancera, no dejaban pasar una ¡Ambulancia! con la sirena prendida y con un enfermo visible desde la parte trasera, mismo que hubieran podido ver de dejarla pasar… hijos de su puta madre (como verán me lo estoy tomando con calma y me encuentro totalmente relajado). Por lo tanto hazte a un lado y permite pasar ¡pendejazo!

 

Ahora bien, en el último estudio realizado por mí a este respecto, he detectado que estos pendejos, tan sólo actúan en grupo, por eso su zona de influencia se reduce a las horas pico. Si uno recorre la misma ruta por decir, a la una de la tarde, además de que va a encontrar a estos pendejos dispersos y pocas cantidades, se dará cuenta de que ya cuando uno se está acercando, vamos incluso hasta ponen la direccional para avisar que dejan paso. Pero en horas pico, se dan valor entre ellos,  es decir, que seguramente piensan, si el pendejo del Tsuru no se ha quitado, por qué he de quitarme yo y así formados se van juntando, se van otorgando valor, se dan likes a sus estados en contra de los feroces rebasadores, van saludando (podrían hasta platicar) con los que viajan (respetando a todos) por el carril derecho, vitorean sus bloqueos y sobre todas las cosas, disfrutan y sienten y un gran placer al constatar con sus propios ojos, al mirar por el retrovisor, una larga fila de autos, un kilómetro o dos de largo, entre más mejor, de autos contenidos por su valor cívico.

 

Si conoces a alguien que no permite pasar, recomiéndale que permita pasar, que bien puede postear en Facebook desde la derecha, incluso es mejor, ahí nadie los molesta. Si tu esposa, tu novia o tu mamá es una de ellas, con cariño, con gracia y con ternura comenta el punto como si fuera el chisme de alguien más, de tu tía Chencha, etc. quizás caiga en la cuenta, no te arriesgues de más y educa con el ejemplo. Si eres conductor de Uber ya de una vez ¡chinga tu madre! Y finalmente, me vale madre si compartes esta queja esnobiana, con que te quites es más que suficiente.

 

 

 

Terapia intensiva.

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El momento que vive nuestro país, por así decirlo, es crítico. Por un lado enfrenta la posibilidad de que en el país vecino y primera potencia mundial, los mandos queden en manos de un pinche lunático, lo cual me hace recordar a la Polonia de 1936.

Ahora bien, al interior del país, se vive una crisis terrible. Por un lado, todos los días se destapa un nuevo caso gravísimo de corrupción en los gobiernos, federal y estatales. Y no es que sorprenda, así ha sido el sistema durante años, pero en la era de la información, no se puede tapar el sol con un dedo: «no estamos bien, ni estamos mal, sino todo lo contrario» parece la retórica del poder y mientras los vemos huir (Duarte) y los vemos reírse en nuestras narices (Peña). Sin embargo, la temperatura del pueblo sigue entre los 36.5º y los 37º, es decir, aquí a nadie le sube la temperatura de esta situación, cuando casi galopando estamos ya en la elecciones de 2018 y comenzarán (desde ya y todo el 2017) a volar promesas y recados de un lado para el otro, se aparecerá un mesías que es «limpio y puro»… pero son ellos mismos, el mismo sistema, la misma gente.

Mientras contemplamos (algunos horrorizados) lo anterior, nuestra pequeña burbuja llamada «calidad de vida» se explota y se hace cada vez más pequeña. En principio la seguridad es inexistente, no hay resquicio en el país que no esté infestado de ratas (de las del párrafo anterior y de las que viven a su amparo, gracias al nivel de impunidad existente) y estas ratas atacan y devoran cada espacio de los pueblos y de las ciudades.

Tenemos dos caminos a seguir, el camino al que debemos de denominar el del «agachón» que no es otro que: mirar, callar y seguir caminando y de paso ir cooperando con la causa de las ratas, vamos, que dejarnos asaltar cada tercer día parece lo indicado, incluso podemos ponerlo en el presupuesto de las familias.

Otro camino, que no parece probable, debido que no hay fiebre y si no hay fiebre no hay infección, este camino se llama lucha social, en la que todos juntos y en vía de la desobediencia civil, le rompemos la madre al gobierno, en principio por medio de la lana, pero repito, estamos lejos de unirnos y eso es perfecto para ellos: «divide y vencerás».

Un último camino u oportunidad se mostrará en la urnas en el 2018. En ellas debemos los mexicanos, por primera vez, pensar, si carajo, pensar. Es difícil pensar, pero con un poco de esfuerzo podemos. Y ese pensamiento debe estar dirigido a cómo cambiamos esto. ¿Aparecerá un caudillo independiente que sostenga la bandera de la esperanza? ¿De entre los partidos existentes hay alguna posibilidad de un candidato honesto? No lo sé. Sólo sé que habrá que pensar y mucho.

En  fin, estamos en terapia intensiva y solo nuestra voluntad y unión como pueblo nos puede sacar de aquí.

Querida Clau

Como muchos de ustedes saben, la Sra. Claudia Sheinbaum es la actual Delegada en Tlalpan. Cargo al que llegó el año pasado y que al juzgar por los hechos le queda grande.

Mi Clau, debo decir que no vote por ti. No estabas en la lista de mis preferencias electorales,  nunca te vi en mi Colonia, en mi calle, en mi barrio, eso sí, vi tu foto, siempre escoltada por  el Peje, no fuera a ser, que los votantes menos ilustrados no fueran a reconocer que eres parte cercana del equipo de Andy nuestro querido amigo y mesías salvador del frijol con gorgojo.

 

Y no estabas por la misma razón que te escribo ahora. No vives en la Delegación, desconoces a su gente, desconoces las calles y los barrios y el resultado a unos meses de tu gestión es simplemente un horror. Me parece que has puesto a la Delegación al servicio de AMLO, vamos hace apenas unos días le cerraste el Centro para que viniera a hacer su eterna campaña y la verdad es que está fuera de lugar. Quiero pensar que no le costó a la Delegación un peso la visita, pero no soy tan ingenuo.

 

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Con las obras de Viaducto Tlalpan no fuiste quién para defender los árboles que cayeron por cientos y eso que fuiste Secretaría del Medio Ambiente, carajo, una de las Delegaciones más arboladas se destruye todos los días bajo tu supervisión y tu silencio, tu omisión.

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Hablando precisamente de omisión, los ciudadanos de Tlalpan, creo yo, somos más educados que en otras demarcaciones, es decir, tenemos buenos hábitos, ¿nunca te has fijado como pasamos uno X uno en las calles del Centro? En ese sentido cívico construimos nuestras quejas, por lo general por las vías que tu Delegación a puesto a nuestra disposición, es decir, que nuestras denuncias llegan por la vía correcta, sin embargo, todas las denuncias no son atendidas, son invisibles para ti y para tu equipo. En concreto tu omites vista, oídos y lectura a las necesidades de la gente que vive aquí.

 

Entonces, debemos de suponer que tu chamba está orientada a atender las necesidades de tu patrón moral el Peje, porque los patrones reales que son los ciudadanos no son atendidos. Esa chamba, al igual que la hecha por el PRD, va haciendo que la gente en Tlalpan esté hasta las narices de tu silencio, de la nula actividad en pro del progreso de la Delegación que has hecho.

 

Ahora bien, te quiero poner un ejemplo, el cual ya conoces. Te pedí que retiraran un autobús abandonado en Tlalcoligia. Hemos presentado muchos vecinos la queja, por las vías correctas, sin embargo tu has hecho caso omiso y el problema no es que tengamos una camión ahí, el problema es que hoy en día se utiliza como «picadero», como resguardo que quién sabe que clase de gentes que entran ahí por las noches. El olor a su alrededor es nauseabundo. Te podrás imaginar que la basura y los desechos orgánicos de años ahí debajo y al interior, no son un bonito olor a lavanda.

 

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Esta situación, además de insalubre, va a degenerar en una desgracia, se va a convertir, si es que no lo es ahora, en tema de seguridad grave. Lo único que queremos es impedirlo. No estamos molestando con que arregles las banquetas que son un asco, o que cambies el alumbrado, que estaríamos mejor a velas y antorchas, no, estamos pidiendo una acción concreta relacionada a nuestra seguridad y quizás de la salud.

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Todo esto, está en tus manos, la Delegación también, por lo que mi querida Clau, entendemos que quieres con toda tu alma que el Peje sea Presidente, no tenemos bronca con eso, tenemos una bronca grande con que hagas la chamba que te entregó el pueblo para hacer. Queremos que cuides nuestros árboles que más que nunca nos hacen falta, queremos que nuestras calles sean seguras, queremos ver al personal de la Delegación atendiendo toda clase de quejas, no nada más tapar un bache para la foto de Facebook.

Queremos menos frijoles con gorgojo y eso significaría que tú estás trabajando.

 

 

El justiciero digital, asesino de tus derechos

El ejercicio de hoy, o habría que llamarlo mejor hipótesis, consiste en demostrar cómo le hacemos la vida fácil a los gobiernos (excepto en Islandia, ellos si son cabrones) para controlarnos y cubrir sus abusos.

 

Hoy en día, más que en cualquier otra época que yo recuerde, existe una creciente indignación con los gobiernos, sobremanera los corruptos y abusivos, como el nuestro, que es en efecto, la definición perfecta de corrupción. Sin embargo, también hoy en día las propias herramientas (internet y sus redes sociales) que nos podrían convertir en una fuerza incontenible (vuelvo con los islandeses), en esta latitud son el elemento disuasivo, curiosa oposición.

 

Al grano, cuando bien podríamos estar en la calle (y dale con Islandia) defendiendo todos los atropellos recibidos, llámese como se llame (iremos a los ejemplos más tarde), estamos detrás del teclado de nuestro teléfono inteligente enviando mensajes sobre nuestra indignación. Estos se reparten en dos para el gobierno: a) los que hay que desviar; b) los que hay que perseguir.

 

Ahora sí, vamos a los ejemplos. En el primer caso, es decir, los eventos a desviar, son siempre provocados por errores del propio gobierno, o bien son escándalos, o bien son situaciones que no pueden controlar. Tenemos el error de dejar escapar la información sobre la Casa Blanca, tenemos los contratos públicos de Grupo Higa, tenemos Ayotzinapa, tenemos los papeles de Panamá, tenemos el No Circula de Mancera, etc. Tenemos cualquier cantidad de situaciones que deberían de mantenernos en las calles, situaciones de deberían de deponer gobiernos (Guatemala), pero, estás situaciones tienen un plan de crisis muy sencillo de resolver:

 

1.- Casa Blanca, metemos una nueva novela de la primera dama, en la cual se convence a toda la carne de cañón, que la casa es suya, que si gana mucho de actriz, que si llora le creemos más, etc. Acto seguido un amplio sector de la población que es educado a base de telenovelas (que comienzan su emisión por la mañana y terminan cuando López-Doriga se va a dormir) acepta la solución y detiene la manifestación pública. La clase media, la más indignada comenta con efervescencia los hechos en redes sociales. Ninguno peleará por su derecho.

2.- Ayotzinapa, este quizás sea el más grande de los espectáculos y además el más cruel e indignante. Todos conocemos los hechos en los que 43 estudiantes son desaparecidos. Después todos conocemos que el Procurador ofreció «la verdad histórica» y ahí se murió el tema, ya que después llegaron especialistas extranjeros a estudiar el caso, al tiempo que restos humanos viajan por todos los laboratorios del mundo. Y estos presentan otra verdad que desmiente la verdad histórica y ahora se discute si la verdad que desmiente la otra verdad es la verdad porque se supone que la primera verdad es la verdad y la otra verdad no es verdad (¿me siguen?). La única verdad es que hay 43 personas muertas, desaparecidas, esa es la única verdad. Sin embargo, todo el espectáculo está montado de tal manera que todos siguen esperando la «verdad» y el pueblo sigue sin luchar o acompañar a los pocos que siguen luchando.

3.- Papeles de Panamá, si en el caso de Islandia, el tan sólo conocer que el nombre del Primer Ministro puso a todo mundo en la calle y con el resultado de su posterior renuncia al cargo, en México la cosa va con calma y como la gente no se ha manifestado (quizás porque el Presidente siempre está de viaje en su otro escándalo, es decir, tremendo avión que se compró con nuestra lana) pues absolutamente nadie dice nada, vamos no es ni noticia que ya se sabe dónde lavan el dinero que te robaron. Nadie ha peleado por su derecho.

 

Como se puede observar, para tres casos muy graves (no son los únicos), en México la respuesta de todos es la misma, comentamos en Facebook y Twitter durante dos días y listo o vemos la novela y todo estará mejor porque quizás ese hombre rico y guapo en su BMW del año se enamore de nuestra hija (algo así como uno de los Porkys) y nos saque de la pobreza o quizás nuestro varoncito se convierta en jugador de fútbol y nos saque de la pobreza.

 

Caso aparte merece la CDMX, con su rosada coloración y su olor a lavanda con smog. Todos sabemos y los expertos de todas las clases y organismos, incluida la UNAM, comentan y publican que, los automóviles no son la principal fuente de contaminación, contribuyen pero no la determinan. Incluso en estos días podemos ver como la sociedad civil envía propuestas para la disminución de los contaminantes, pero la realidad es que los niveles de contingencia los determinan los 150 puntos, el No Circula los deja 144, es decir, que de todos modos nos vamos a morir de eso pero no es tan grave. La pregunta es cómo se baja de los 144. Bien, diseñando desde cero, un nuevo sistema de transporte público y todas las otras ideas que ustedes ya leyeron en Facebook y WhatsApp y Twitter y vieron en el Periscope de alguien. Pero nadie ha hecho nada, tan sólo se aceptó la medida y esa aceptación va a concluir en que a partir de junio de 2016 en efecto, todos los coches no circulan. Se volverán a comprar miles y miles de coches, dentro de dos años el doble no circula será la nueva ley y se comprarán más coches y así sucesivamente. Lo que habría que hacer es dejar la marca de puntos imecas de contingencia en 250 y listo. Nadie, nadie defiende su derecho. Nadie está en la calle para exigir una solución diferente a algo que nos está matando.

 

Los temas anteriores son los que hay que desviar y están desviados y no pasará nada con ellos. Sin embargo existen los casos que hay que atender. Aquí está la trampa queridos amigos.

 

Cuando tu, compartes, retuiteas, das like y un gran etc. en las grandes posibilidades que te brindan las redes sociales para mostrar tu indignación, le señalas al gobierno en qué se debe de fijar para que tu obtengas esa sensación de justicia que tanto estás buscando y así poder dejar en el olvido los casos antes mencionados.

 

Ejemplos. Los Porkys, como todos sabemos, son unos perfectos imbéciles que violaron a una chavita y eso indignó a la población. Todo mundo comentó, todo mundo quería justicia, misma que los dejó escapar para prolongar la novela y así provocar que tu sigas en tu cruzada por la justicia. Cuando buenamente decidan presentarlos ante la justicia y que el pueblo obtenga su tan ansiada victoria (ya pasó con el Canadiense de Acapulco), tu mismo vas a señalarles dónde deben de poner los reflectores los gobernantes para que pienses que eres una especie de Batman del Facebook y que gracias a ti se está construyendo un mundo mejor. La verdadera naturaleza del caso, es el increíble nivel de impunidad que existe en el Estado de Veracruz, de donde el Gobernador es quizás, hasta responsable de la muerte de muchas personas, donde sabemos que la Policía  secuestra jóvenes (que no precisamente viven en Costa de Oro) y los entrega a criminales (que son ellos mismos) para asesinarlos, pero tu quieres que ¡los Porkys se pudran en la cárcel! No hay en todo el Estado de Veracruz un estallido social por lo que viven. Nadie lucha por sus derechos.

 

Por eso es tan importante seguir el Periscope de Arne, o a los Súper-Cívicos que lo único que están haciendo es poner a la sociedad en contra de la sociedad, señalando problemas comunes y que en realidad no tienen importancia como invadir por un momento (si, no se van a quedar a vivir ahí y sí, está mal, pero no están matando a nadie) el carril de las bicis en la Colonia Del Valle.

 

Esa sensación de justicia, nace de que todos somos ese justiciero que armado con su cámara del iPhone 6S o el más ultrachingón Samsung Galaxy, etc, puede ser capaz de atrapar al siguiente ciudadano maldito que se pasó un semáforo y asustó muchísimo a la señora de los tamales, ¡felicidades eres el creador del #Gentleman… o la nueva #Lady…! Perdón, pero al que deberías de perseguir y al que deberías de no dejar en paz y al que deberías de exigir y crucificar si así conviene al país, no es al tipo del Tsuru que se pasó un alto, es al tipo que gobierna desde la corrupción y que se beneficia de la parálisis en la que vivimos.

 

Hoy la calle está vacía, pero en la calle se gestan los grandes cambios. Deja en paz al que vive como tú y sufre como tú, persigue al que se ha beneficiado de tu conformidad. La calles y tus derechos te esperan al final del camino, al final de tus likes.

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Yo tengo un pie en la calle ¿me acompañas?