Síganme los buenos…

Como si se tratase de una película con mucha psicodelia, efectos especiales o situaciones absurdas, todos los días los mexicanos nos despertamos y a través de nuestro medio favorito para buscar información nos topamos con una nueva situación que comentar, alguna idiotez u ocurrencia para iniciar las quejas, las burlas, los memes y las mentadas. Pero justo eso es el plan, decía María Félix “que hablen bien o mal…pero que hablen”. Y mordemos el anzuelo días si y día también. Y nosotros, sin importar si estamos a favor o en contra replicamos el mensaje, cualquiera que ese sea y con ello, provocamos la división, el pleito, la confusión, la desinformación y la caída. 

La historia no miente y todos sabemos que los sistemas socialistas empobrecen a las naciones, las dejan en quiebra, con generaciones perdidas entre ideologías y la ignorancia absoluta, tan solo combatible cuando les retuerce el estómago del hambre y como chispazo divino comienzan a luchar contra lo que ellos mismos crearon. Ahora bien ¿cómo lo detenemos? Es simple en la teoría, pero complicado en la ejecución. Pero lo único que se necesita es que dejes de amplificar el mensaje…

Cuando te quejas… amplificas. 

Cuando explotas y reclamas… amplificas.

Cuando aplaudes… amplificas.

Cuando comentas la puntada del día… amplificas.

Cuando analizas… amplificas.

Cuando te burlas… amplificas.

Cuando compartes el meme… amplificas.

Cuando compartes la nota que te mandó la tía Chenchis… amplificas.

Cuando te encuentras con la vecina y le comentas lo mal que está el país… amplificas.

Cuando abres la boca nada más llegar al trabajo… amplificas.

Cuando presumes tu beca del bienestar… amplificas.

Cuando le llamas moralmente derrotado al alguien en el metro… amplificas.

… amplificas.

… amplificas.

… amplificas.

¿Ahora lo entiendes? Cada vez que amplificas generas el debate, generas que se hable de todo aquello puesto en la agenda sin importar que los frijoles se paguen como caviar. ¿Y si por un tiempo no amplificamos? Todos, sin importar el color de la camisa, sin importar la ideología o facción política que te guste o te represente. ¿Y si tenemos silencio? ¿Y si escuchamos en ese silencio carente de agendas? ¿Y si pasamos un tiempo mirándonos a los ojos y nos saludamos como antes? ¿Y si hacemos como si hubiera un terremoto y nos ayudamos? ¿Y si dejamos de pensar en política? ¿Y si nos damos la mano? ¿Y si hacemos como que ellos (todos los políticos, todos, sin trampas) no están? ¿Hacemos que no existen? ¿Y nos cuidamos entre nosotros un rato? ¿Y si no nos ponemos apodos? ¿Y si les ayudamos a ellas en su búsqueda de igualdad y que todos tomen su lugar? ¿Y si no nos estorbamos? ¿Y si no nos metemos en la fila? ¿Y si no abusamos de nadie? ¿Y si festejamos a los nuestros que triunfan de verdad? ¿Y si no les envidiamos? ¿Y si…?

Afuera de esa realidad que nos pintan y nos cuentan y nos crean y nos acomodan, estamos nosotros, todos en el mismo barco y nos necesitamos más que nunca porque estamos en medio de una guerra que van ganando los malos, estamos perdiendo niños porque no hay con qué curarlos, si carajo, nuestros niños. Nos necesitamos porque hay madres buscando a sus hijos y hay padres sufriendo por que su hija no volverá o por que ha salido a buscarse la vida y alguien podría querer lastimarla. Nos necesitamos porque tenemos un atraso gigantesco en educación y eso nos cierra las puertas con el mundo, nos necesitamos porque los desastres naturales no esperan, nos necesitamos porque no queremos mexicanos empobrecidos estirando la mano o cruzando fronteras, nos necesitamos para que las siguientes generaciones estén lejos de las drogas que han logrado necrosar el país desde el fondo. Nos necesitamos todos los buenos y jugando en el mismo equipo. Nos necesitamos para recobrar esos lazos de comunidad que alguna vez tuvimos y sigue vivo en nuestro ADN, es solo cuestión de ejercitarlo. 

Yo me apunto al silencio, yo no amplifico. ¿Me ayudas?

#YoNoAmplifico

El último nivel.

Imaginemos por un momento que somos un personaje de video juego y que lo hemos conseguido casi todo, llegamos al último nivel, el más difícil y a su vez el que nos engaña, nos tienta, nos invita, nos acaricia el ego, nos seduce la victoria que ahora está a nuestro alcance. Damos nuestros primeros pasos en el nivel pensando que algo se esconde en algún lado y de pronto saltará a por nosotros, pero no pasa nada, todo está quieto. Los ruidos estridentes se escuchan afuera y nosotros estamos envueltos en los encantos de un violín.

Nos vamos sintiendo cómodos, vemos aquella luz al final del túnel que los viejos dicen que existe, pero como nunca estuvimos antes en aquella obscuridad no teníamos idea de qué iba aquello. Ahora sí que lo estamos, nos queda ese último nivel y vamos bajando los brazos ya cansados de luchar: maldito año, perdón, juego de mierda, se lo llevó todo. Sin previo aviso suena el teléfono, han caído uno dos tres, carajo. Las farmacéuticas avisan y avisan, el antídoto es casi listo, pero tendrás que dar ese salto, parece simple, das al botón y pierdes una vida, sí una más, miles de ellas.

Tienes ganas de gritar, no sabes cuándo correr a la luz, si… está ahí al fondo pero surcos en el piso y ese jefe malo del nivel es el último al que habrá que vencer, entrar en su arena con todo lo aprendido y con aquel movimiento que no supimos dar. Luchamos contra la naturaleza con las armas de ciencia y soñando con que ese arcabuz funcione, pero hemos tenido que luchar encarnizadamente contra los nuestros, los de nuestra especie, los que negaron y quizás, siguen negando la existencia de este último nivel y del jefe que lo habita. Hemos tenido que luchar contra la ignorancia de los pobladores de la aldea del juego, nunca saben, no ayudan, está ahí tan sólo para complicar los niveles y que tengamos que repetir nuestros pasos varias veces… ¡carajo! otra vida perdida, miles. Hemos tenido que luchar con otros jugadores que quieren ganar también pero se saltan las reglas, las normas, lo quieren todo y de su falta de respeto, su poca conciencia de lo que los rodea más vidas perdidas. Algunos incluso tienen la versión premium extendida del juego y han jugado niveles extra, sin aire, confinados, sin ayuda, sin defensas y sin otra motivación que la de llegar ahí, en donde estamos todos, ese punto etéreo y nebuloso que deja vislumbrar una luz ahí en lo que parece ser el fondo.

Jugadores hábiles, jugadores muy experimentados, jugadores importantes, jugadores buenos, jugadores entrañables y de otras muy buenas clases han perdido la única vida que nos dieron para atravesar esto. Los jugadores más jóvenes nunca entendieron el juego, saltaron a él y al entrar una estrella brillante les dijo que podían seguir el camino sin casi tener daños o bajas y salieron y fueron y no les importó que otros teníamos que empezar a jugar desde el nivel más bajo. Cuando, aún ahora, salen y después coinciden con los jugadores mayores algo pasa en el juego que el joven sigue y el viejo muere. El juego seduce y atrae al joven para poder llegar al viejo que ha estado acorazado. Sí, nunca lo entendieron y ahora en el último nivel han despejado sus dudas «no pasa nada» y de esa nada los jugadores viejos que estaban por dar el salto caerán. Juego más injusto jamás se jugó.

Allá en los lugares donde el juego comenzó antes, lo saben, no ha terminado y cada vez que bajaron la guardia se les recordó que no había terminado, que debían cruzar el último nivel, ese que de su noticia disparó a las calles y avenidas a los jugadores, se hicieron hogueras, se hicieron cantos, se abrazó y se besó al prójimo y como quien sopla un diente de león varias vidas más no salieron del túnel.

Dependiendo de dónde te conectas al juego, existe un líder, en algunos casos con manuales del juego más avanzados. Siempre los asiáticos, siempre con sus trucos, siempre antes y mejor. Ellos inventan el juego y se guardan el manual o quizás les explicaron a sus aldeanos mucho mejor el juego, porque desde acá todo salió mal, el jodido traductor del juego no se enteró de qué iba el tema y quedamos en manos de un idiota o dos.

Pues bien, juguemos el último nivel al fin no hemos ganado nada. Juguemos y con suerte encontrémonos allá en la luz, sólo te pido una cosa. Ayuda a todos a vencer al jefe malo, ayúdanos al no bajar la guardia, ayúdanos cuidando a los jugadores mayores, ellos cuando viene la flama no pueden dar al botón tan rápido y pierden su vida, ayúdanos a dar el salto y te prometemos que aquello que hoy te urge por hacer será mejor del lado de la luz y con los jugadores completos.

Hoy jugador joven, tú eres el jugador más importante y, o nos haces ganar el juego o nos ayudas a perder y con ello perderte a ti porque en el juego que empieza en la consola de la vida al llegar a la luz, ingresaremos a un nuevo juego y los manuales siempre los tienen los viejos jugadores, en serio los necesitamos.