Síganme los buenos…

Como si se tratase de una película con mucha psicodelia, efectos especiales o situaciones absurdas, todos los días los mexicanos nos despertamos y a través de nuestro medio favorito para buscar información nos topamos con una nueva situación que comentar, alguna idiotez u ocurrencia para iniciar las quejas, las burlas, los memes y las mentadas. Pero justo eso es el plan, decía María Félix “que hablen bien o mal…pero que hablen”. Y mordemos el anzuelo días si y día también. Y nosotros, sin importar si estamos a favor o en contra replicamos el mensaje, cualquiera que ese sea y con ello, provocamos la división, el pleito, la confusión, la desinformación y la caída. 

La historia no miente y todos sabemos que los sistemas socialistas empobrecen a las naciones, las dejan en quiebra, con generaciones perdidas entre ideologías y la ignorancia absoluta, tan solo combatible cuando les retuerce el estómago del hambre y como chispazo divino comienzan a luchar contra lo que ellos mismos crearon. Ahora bien ¿cómo lo detenemos? Es simple en la teoría, pero complicado en la ejecución. Pero lo único que se necesita es que dejes de amplificar el mensaje…

Cuando te quejas… amplificas. 

Cuando explotas y reclamas… amplificas.

Cuando aplaudes… amplificas.

Cuando comentas la puntada del día… amplificas.

Cuando analizas… amplificas.

Cuando te burlas… amplificas.

Cuando compartes el meme… amplificas.

Cuando compartes la nota que te mandó la tía Chenchis… amplificas.

Cuando te encuentras con la vecina y le comentas lo mal que está el país… amplificas.

Cuando abres la boca nada más llegar al trabajo… amplificas.

Cuando presumes tu beca del bienestar… amplificas.

Cuando le llamas moralmente derrotado al alguien en el metro… amplificas.

… amplificas.

… amplificas.

… amplificas.

¿Ahora lo entiendes? Cada vez que amplificas generas el debate, generas que se hable de todo aquello puesto en la agenda sin importar que los frijoles se paguen como caviar. ¿Y si por un tiempo no amplificamos? Todos, sin importar el color de la camisa, sin importar la ideología o facción política que te guste o te represente. ¿Y si tenemos silencio? ¿Y si escuchamos en ese silencio carente de agendas? ¿Y si pasamos un tiempo mirándonos a los ojos y nos saludamos como antes? ¿Y si hacemos como si hubiera un terremoto y nos ayudamos? ¿Y si dejamos de pensar en política? ¿Y si nos damos la mano? ¿Y si hacemos como que ellos (todos los políticos, todos, sin trampas) no están? ¿Hacemos que no existen? ¿Y nos cuidamos entre nosotros un rato? ¿Y si no nos ponemos apodos? ¿Y si les ayudamos a ellas en su búsqueda de igualdad y que todos tomen su lugar? ¿Y si no nos estorbamos? ¿Y si no nos metemos en la fila? ¿Y si no abusamos de nadie? ¿Y si festejamos a los nuestros que triunfan de verdad? ¿Y si no les envidiamos? ¿Y si…?

Afuera de esa realidad que nos pintan y nos cuentan y nos crean y nos acomodan, estamos nosotros, todos en el mismo barco y nos necesitamos más que nunca porque estamos en medio de una guerra que van ganando los malos, estamos perdiendo niños porque no hay con qué curarlos, si carajo, nuestros niños. Nos necesitamos porque hay madres buscando a sus hijos y hay padres sufriendo por que su hija no volverá o por que ha salido a buscarse la vida y alguien podría querer lastimarla. Nos necesitamos porque tenemos un atraso gigantesco en educación y eso nos cierra las puertas con el mundo, nos necesitamos porque los desastres naturales no esperan, nos necesitamos porque no queremos mexicanos empobrecidos estirando la mano o cruzando fronteras, nos necesitamos para que las siguientes generaciones estén lejos de las drogas que han logrado necrosar el país desde el fondo. Nos necesitamos todos los buenos y jugando en el mismo equipo. Nos necesitamos para recobrar esos lazos de comunidad que alguna vez tuvimos y sigue vivo en nuestro ADN, es solo cuestión de ejercitarlo. 

Yo me apunto al silencio, yo no amplifico. ¿Me ayudas?

#YoNoAmplifico

El último nivel.

Imaginemos por un momento que somos un personaje de video juego y que lo hemos conseguido casi todo, llegamos al último nivel, el más difícil y a su vez el que nos engaña, nos tienta, nos invita, nos acaricia el ego, nos seduce la victoria que ahora está a nuestro alcance. Damos nuestros primeros pasos en el nivel pensando que algo se esconde en algún lado y de pronto saltará a por nosotros, pero no pasa nada, todo está quieto. Los ruidos estridentes se escuchan afuera y nosotros estamos envueltos en los encantos de un violín.

Nos vamos sintiendo cómodos, vemos aquella luz al final del túnel que los viejos dicen que existe, pero como nunca estuvimos antes en aquella obscuridad no teníamos idea de qué iba aquello. Ahora sí que lo estamos, nos queda ese último nivel y vamos bajando los brazos ya cansados de luchar: maldito año, perdón, juego de mierda, se lo llevó todo. Sin previo aviso suena el teléfono, han caído uno dos tres, carajo. Las farmacéuticas avisan y avisan, el antídoto es casi listo, pero tendrás que dar ese salto, parece simple, das al botón y pierdes una vida, sí una más, miles de ellas.

Tienes ganas de gritar, no sabes cuándo correr a la luz, si… está ahí al fondo pero surcos en el piso y ese jefe malo del nivel es el último al que habrá que vencer, entrar en su arena con todo lo aprendido y con aquel movimiento que no supimos dar. Luchamos contra la naturaleza con las armas de ciencia y soñando con que ese arcabuz funcione, pero hemos tenido que luchar encarnizadamente contra los nuestros, los de nuestra especie, los que negaron y quizás, siguen negando la existencia de este último nivel y del jefe que lo habita. Hemos tenido que luchar contra la ignorancia de los pobladores de la aldea del juego, nunca saben, no ayudan, está ahí tan sólo para complicar los niveles y que tengamos que repetir nuestros pasos varias veces… ¡carajo! otra vida perdida, miles. Hemos tenido que luchar con otros jugadores que quieren ganar también pero se saltan las reglas, las normas, lo quieren todo y de su falta de respeto, su poca conciencia de lo que los rodea más vidas perdidas. Algunos incluso tienen la versión premium extendida del juego y han jugado niveles extra, sin aire, confinados, sin ayuda, sin defensas y sin otra motivación que la de llegar ahí, en donde estamos todos, ese punto etéreo y nebuloso que deja vislumbrar una luz ahí en lo que parece ser el fondo.

Jugadores hábiles, jugadores muy experimentados, jugadores importantes, jugadores buenos, jugadores entrañables y de otras muy buenas clases han perdido la única vida que nos dieron para atravesar esto. Los jugadores más jóvenes nunca entendieron el juego, saltaron a él y al entrar una estrella brillante les dijo que podían seguir el camino sin casi tener daños o bajas y salieron y fueron y no les importó que otros teníamos que empezar a jugar desde el nivel más bajo. Cuando, aún ahora, salen y después coinciden con los jugadores mayores algo pasa en el juego que el joven sigue y el viejo muere. El juego seduce y atrae al joven para poder llegar al viejo que ha estado acorazado. Sí, nunca lo entendieron y ahora en el último nivel han despejado sus dudas «no pasa nada» y de esa nada los jugadores viejos que estaban por dar el salto caerán. Juego más injusto jamás se jugó.

Allá en los lugares donde el juego comenzó antes, lo saben, no ha terminado y cada vez que bajaron la guardia se les recordó que no había terminado, que debían cruzar el último nivel, ese que de su noticia disparó a las calles y avenidas a los jugadores, se hicieron hogueras, se hicieron cantos, se abrazó y se besó al prójimo y como quien sopla un diente de león varias vidas más no salieron del túnel.

Dependiendo de dónde te conectas al juego, existe un líder, en algunos casos con manuales del juego más avanzados. Siempre los asiáticos, siempre con sus trucos, siempre antes y mejor. Ellos inventan el juego y se guardan el manual o quizás les explicaron a sus aldeanos mucho mejor el juego, porque desde acá todo salió mal, el jodido traductor del juego no se enteró de qué iba el tema y quedamos en manos de un idiota o dos.

Pues bien, juguemos el último nivel al fin no hemos ganado nada. Juguemos y con suerte encontrémonos allá en la luz, sólo te pido una cosa. Ayuda a todos a vencer al jefe malo, ayúdanos al no bajar la guardia, ayúdanos cuidando a los jugadores mayores, ellos cuando viene la flama no pueden dar al botón tan rápido y pierden su vida, ayúdanos a dar el salto y te prometemos que aquello que hoy te urge por hacer será mejor del lado de la luz y con los jugadores completos.

Hoy jugador joven, tú eres el jugador más importante y, o nos haces ganar el juego o nos ayudas a perder y con ello perderte a ti porque en el juego que empieza en la consola de la vida al llegar a la luz, ingresaremos a un nuevo juego y los manuales siempre los tienen los viejos jugadores, en serio los necesitamos.

Las palabras

Hoy me dio por pensar que hace tiempo no hago uso de las palabras como debería. Y es que con tanto en el mundo, con tanta amenaza, con tanta mentira, con tanta obscuridad es fácil perderse, es muy fácil que el camino se nos espine. Miedo, incertidumbre, pesares, dolor, muerte, hambre y desolación es el panorama general. 

Con todas estas palomas negras en la cabeza la belleza se hace esquiva, la verdad se hace cruel y no poesía. Los silencios se vuelven largos, se hacen extraños los recuerdos de risas, de abrazos y besos. Las palabras se quedan secas. Que difícil volverles a la vida, esa misma vida que se nos hizo esquiva, de pronto, sin aviso, sin tiempo de pensar, sin tiempo a planear, sin tiempo a pensar con qué podríamos iluminar la penumbra. 

La memoria nos insiste en ver aquellos rostros, hoy ajenos, que nos devuelven la sonrisa, nos devuelven a los tiempos de copas, de carcajadas, de abundancia, de almas llenas de colores, de ánimos en popa. Los brazos por los hombros de aquel amigo haciendo payasadas y muriendo de risa, haciendo de la vida un chiste, sacándole la pulpa sin darnos cuenta. Tomando de la mano a los nuestros mientras caminábamos mirando de frente a sol, sin saber cuánto nos necesitábamos para mantenernos fuertes en la adversidad. 

Hoy nos quedan imágenes que convertidas en palabras redundan en lazos dorados que atan a las personas que amamos a nuestros corazones opacos y de latir semi lento, sedientos de emociones, aunque fuesen llantos, aunque fuesen reproches o desplantes, sedientos de un guiño, sedientos de sangre caliente de coraje, sedientos de luz, de brillos y más violines y más flautas. 

Atrapados en pensamientos de aquellos a los que no supimos pedirles perdón o perdonar y nos abrazamos en la esperanza de que no sea tarde, esperamos verles a los ojos y llorar cuanto haga falta y llorar desconsoladas hasta que se derrita el óxido de las heridas que hoy sabemos sanas. Y en esos casos sin remedio la redención en silencio del perdón lejano. 

Reconocemos nuestros fallos y sí has sido sabio habrás callado sobre los fallos de los demás, habrás reconocido que aquellos sufren igual o mejor o peor, pero sufren y tienen sus propios desvelos, sus propios fantasmas. 

Al final nos queda esa ilusión del tiempo en el que salgamos a hacer aquello que siempre quisimos y ahora sabemos tan importante como respirar, queremos que el viento nos despeine esos pelos que han crecido sin control pero que hemos aprendido a lidiar con ellos, entendiéndolos y aceptándolos en nuestro propio ser, que lejos de vanidades hoy no miran tanto al espejo y no lo miran porque no se reconoce al ser que empezó sino al que habita hoy una mente harta de pensar, harta de reinventarse, harta de desechar ideas que no eran buenas, harta de alimentar nuevos sueños que incluyen muchas personas y mucha piel chinita y vuelos etéreos como dientes de león. 

Esos vacíos creados por nuestra inasistencia a la vida misma, volverán a llenarse de niños con risas contagiosas, de curiosidad, de sorpresa, en verdad deseo que vuelvas a emocionarte hasta el tuétano por saludarme cuando me veas y sepas el gusto que me ha dado estar contigo, si me ves los ojos enrojecidos sabrás que no estoy llorando, es una basura en el ojo que se metió ahí a propósito porque tu alma así lo quiso, porque ha acelerado tus latidos y los míos y los de todos. Pero no te creas no estoy llorando, fue otra basura, es que a lo lejos vi a alguien más. 

Nos consolaremos y compartiremos la sal y en los años siguientes desbocados por vivir, quizás entiendas que quiero seguir a tu lado, que no quiero que me sueltes jamás y no quiero desperdiciar nunca más el privilegio de apreciar el aroma que sale de las flores. 

No hay castigo, sabemos muy bien a quién debemos de salir corriendo a besar y abrazar al final de la pesadilla, sabemos también que ese día no tendrá mañana, sabemos que no lo dejaremos para después, sabemos que ese sueño que nos despertó por meses en la madruga ahora tiene un espacio que ninguna otra cosa puede ocupar y deberemos salir a conseguirlo pensando que no hay mañana. 

Mientras pasa este tiempo envenenado, quizás sea el momento de pensarte, de desearte que todo vaya bien, que no sufras de más, desearte con estas palabras la mayor de las felicidades y si no nos volvemos a ver, piensa que algún momento pensaba en todos esos rostros del ayer, que ahí estabas tú y se me dibujó una gran sonrisa, piensa que estoy con los míos buscando mis sueños y que estoy queriendo como tú, ser muy feliz. 

La protesta

Esto que hoy se ve en Estados Unidos y que genera un clamor en el mundo, precisamente por ser ellos, o los otros dramas del primer mundo (ya ven que lo mismo pasó en Guadalajara y en Bangladesh no se ha dicho nada), es una réplica de las protestas que desde hace años va generando pequeños incendios en el mundo. Grupos que se ven afectados por cualquier cosa y deciden protestar, hasta ahí muy bien y es muy necesaria. ¿Pero lo estamos haciendo bien?

Vamos a Minneapolis. Cuatro descerebrados matan a una persona. La gente cansada de los abusos policiales salen a las calles, comienza la protesta y se dirigen a atacar las comisarías de policía. Fantástico, la protesta está dirigida pero… esa misma gente revuelta con oportunistas, vándalos y otros contagiados del estado de caos, deciden que es muy buena idea saquear comercios y quemar y vandalizar y golpear. Ya la cagamos. En qué punto destrozar el patrimonio de otros legitimiza tu punto de vista, ya seas negro, LGBT, feminista, anti lo que sea y cualquier otra minoría activa. ¿De verdad se pide paz a garrotazos? Alguna vez escuché: “es la única manera de que nos escuchen o nos vean”, Gandhi no pensó igual por ejemplo, Luther King tampoco y curiosamente lograron cambiar algo. 

En el mundo hay muchísima gente pidiendo cambios a las clases políticas, nuevas formas de entender, nuevas formas de administrar, nuevas formas de convivir y nuevas formas de relacionarnos. Queremos que los recursos que generan los pueblos se gasten en las cosas necesarias, en donde los cuidados de la gente son lo esencial. No se necesitan más armas, no se necesitan refinerías o trenes, se necesita salud, se necesita seguridad entendiéndola desde la propia necesidad de la paz y no a madrazos. Se necesita alimento para los niños, se necesitan espacios de calma y gozo en la vejez, se necesitan recursos que recuperen la naturaleza, se necesita respeto y seguridad para la mujer, necesitamos científicos y necesitamos cultura, arte, cine, teatro… todo lo demás podría caber si sobra de esto otro. Pero como pueblos somos muy básicos, parece que la evolución en estos términos no jala, no avanza, al menos en Latinoamérica y el Caribe. No sabemos actuar como grupo y es fácil seguir el consejo del manipulador, del violento, del visceral. No, así no se logra nada.

Vemos cómo los líderes de opinión de estos días (youtubers, influencers, instagramers, tuiteros, etc.) no tienen ninguna credencial, no tienen filtros y se han puesto ahí por sí mismos, por lo general por ser divertidos. Hace años los divertidos estaban en el circo, hoy son generadores de ideas políticas y de modas que un montón de gente aburrida ha decido replicar, no jodas. Quieres ser activista ve allá y lucha mientras que el cuadrito negro lo pongan los niños de 12 años. 

De estos manipuladores salen ideas fabulosas como: vamos a saquear las tiendas Nike. ¿Y eso cambia algo? Quieres cambiar a la policía y tu idea es cometer un delito, justo aquello para lo que fue creada la policía. Pues te van a reprimir, o había que esperar otra respuesta, otra acción para detener tu insensatez, tu abuso, tu incoherencia, tu violencia. ¿No eso era lo que pretendías cambiar y entregas más de lo mismo? El mensaje debería ser, señalando todos a la vez lo mismo, apuntar con sus dedos al cobarde y hacerlo pensar y modificar sus conductas, pero no ganarás nada en ir y desatar tu propia violencia contra ellos. Así los dos bandos generan rencor entre sí y podríamos seguir eternamente en el mismo cuento. 

Por lo tanto nos quedan tareas pendientes:

Uno: entender, entender y entender que ese no es el camino. 

Dos: volver a entender que ese no es el camino. 

Tres: actuar en consecuencia, ser democráticos y escoger mucho mejor a los servidores públicos, renovar a los que están y no sirven de nada. No escuchar sus excusas, no escuchar sus promesas y sus discursos. Ya sabemos que no son aptos, ninguno. 

Cuatro: llenémonos de pasión, de fuego interior, de fuerza y hagamos los cambios en el sentido correcto. 

Cinco: unámonos en contra de aquel que ataque nuestro bienestar: salud, seguridad, alimento, fuentes de ingreso. 

Seis: recuperemos la dignidad del trabajo. Entendamos problemas graves desde otras perspectivas, por ejemplo: las drogas son un problema de salud, si no hay consumo no hay distribución y mejor aun, no hay prohibición madre del problema. 

Siete: no podemos seguir fraccionando la vida en minorías, tu elección sexual es un tema de tu casa y no de la vida pública ni de tu trabajo, así no tendrías que excusarte en términos de discriminación, tampoco tu etnia, tu género, tampoco tu estatura, tu peso, tus sentimientos o cualquier otra pendejada que hayas inventado para justificarte ante los demás. Concentrémonos en las minorías que en verdad requieren ayuda, aquellos con necesidades especiales como minusválidos, etc. Tu culo no te hace merecedor de leyes o tratos especiales, ve a tu casa y haz con él lo que te plazca. 

Ocho: alejarse de los actos violentos escondido en un pasamontañas y rodeado de imbéciles, que por lo general lastiman a alguien exactamente igual que tú. O bien, ten el valor de ir a enfrentar al verdadero culpable, ya ves que después de una buena madriza nacen grandes amistades. No dañes lo que alguien más construyó, sí tú hubieras construido algo, sabrías del esfuerzo que representa. 

Nueve: no confíes en aquello que te llega como regalo, quizás disfrazado de ayuda, es un trampa, solo busca que dejes de luchar para obtenerlo por ti mismo, busca que creas algo que no existe, busca confundir tu mente, busca que odies al que lo generó y alabes al que te lo dio. No es así, repito, es una trampa, en caso contrario el mundo entero sería comunista o al menos una comuna hippie y no lo es. 

Diez: no seas un maldito cerdo, limpia todo y no dejes tus huellas allá donde vas, máxime si estás en la naturaleza. 

Pues bien, esto no es la guía de la felicidad, no lo pretende ser, no lo será, pero quizás ayuda a pensar a redefinir aquello que decidimos seguir, ayuda a pensar que tu cuadrito negro o amarillo, tu hashtag, tu arcoíris, tu puño, tu mancha de sangre, etc. no sirve, literalmente, ni para limpiarte el culo. 

Ahora, ve critica, señala, protesta, deja de aplaudir. 

Demonstrators protest the wake of the recent death of Minneapolis’ George Floyd in front of Edinburg city hall on Saturday, May 30, 2020, in Edinburg. (Joel Martinez | jmartinez@themonitor.com)

La decisión del voto

Nunca antes habíamos enfrentado una votación tan peculiar como la actual. Que busca por una parte, la continuidad del sistema más corrupto y que de manera estúpida no se pudo detener su regreso al poder. Y sí, no se pudo detener por que no todos los que votan piensan.

Y por otro lado tenemos al de siempre, que además plantea siempre la misma incógnita y finalmente, al grupo de los nuevos amigos que parecen muy desesperados y no les quedó de otra más que unirse.

Ahora bien, en ese escenario tan complejo, se asoman los «independientes» que desde mi gusto, sólo son capaces de debilitar a X o Y candidato en favor del PRI, del que depende como nunca de su base social de siempre, ya que eso de reclutar nuevos votantes, a 5 meses parece imposible.

Metiendo todo esto en una licuadora, el votante que quiere racionalizar su voto se encuentra con un problemón. Los canales de comunicación de siempre (y lo aplaudo) ya no son los mismos y los nuevos están en manos de esa legión de idiotas del que hablaba Umberto Eco. Es decir, que de acuerdo a nuestras amistades y sus ideas o lo que estos vayan compartiendo y que sabrá dios que imbécil subió y con qué intención, un alto porcentaje de los votantes decidirán su voto. Aquí es donde me aterró, aquí es donde me chasquean las rodillas, ya que no es medible la información que recibimos y está determinada por un algoritmo de acuerdo a las personas que «sigo» o bien del que paga para viralizar ciertos mensajes y ese sesgo, esa puerta falsa hoy juega un papel determinante.

Por si fuera poco, aún cuando se conoce a los candidatos y se sigue haciendo el ritual absurdo de los «pre» candidatos, es difícil que alguno de nosotros podamos determinar cuáles son las propuestas de X o Y, eso sí, estamos como desde hace 80 años escuchando la palabra «cambio» incluso del partido que está en el poder, mismo que si considerara hacía si mismo que lo ha hecho bien, para que demonios sigue promoviendo el «cambio». Ese cambio que siempre ha significado que todo siga igual y ese es el gran negocio. Pero ese negocio hoy depende un factor llamado Twitter, Instagram, Facebook y si nos ponemos a ello hasta Tinder.

A mis redes personales, llegan, pros y contras y de unos y otros pero.. ¿qué es verdad? ¿qué es falso? ¿quién lo dijo? ¿por qué todo se resume a clips de 1 minuto? ¿dónde encuentro fundamentos? ¿dónde, dónde dónde? Esto siempre tiene más preguntas que respuestas y los «líderes» de opinión también los pueden encontrar en una competencia de ver quién traga más pinole y se avienta de un edificio en patineta o bien, los de los medios tradicionales vendiendo al mejor postor la opinión.

En este mundo en el que se confunde fácil a un imbécil con un experto en algo, y en el que el número de imbéciles con opinión en significativamente mayor al de los expertos en algo (es que ahora los expertos dan hueva, escriben o hablan mucho) es desalentador cuando se enfrenta una elección con un pueblo muy al límite del hartazgo.

Votar este 2018 es probablemente, el voto más difícil de predecir de toda la historia «democrática» del país, masas que votarán influenciadas quién sabe por qué fuente llenarán o no las urnas y el resultado por más encuestas e información que recibamos no es posible de determinar aún.

Yo por mi parte, no tengo ni la más remota idea de por quién votar, además tampoco ando persiguiendo hueso y tampoco tengo afiliaciones a nada, por lo que intentaré pensar qué es lo mejor y que la suerte decida.

P.D. Bajo ningún motivo, razón o circunstancia votaré por Claudia Sheinbaum, quien gobernó (bueno, eso piensa ella), la Delegación en la que vivo los últimos años y no, definitivamente no, mi voto será para alguien más. (Este es mi comercial y mi opinión personal sobre un candidato, ya ve, yo también lo quiero confundir).

 

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Religión y sangre

Permítanme antes de escribir este post, decirles a aquellos que comentan y publican comentarios indignados sobre la muerte de los moneros franceses y no se muestran ni tantito conmovidos por las historias terribles de nuestros suelo, que son hipócritas, ciegos, absurdos y borregos amaestrados, esos que votan y luego se quejan de su elección.

Pero, y aunado a lo anterior, y ejerciendo mi libre expresión, me retumba en la cabeza una pregunta que hacer a muchos ¿qué demonios encuentras en tu religión? La respuesta para mí es «nada», para el resto y sí es que son capaces de quitarse la venda de los ojos, creo que la respuesta es sangre.

Vamos paso a paso, casi la totalidad de las religiones tienen sus orígenes en brotes viscosos de color bermellón, producto de batallas épicas entre tal y cual que mató a tal pero ahora es muy bueno y nos ayuda a vivir y a ser seres especiales.

Y partiendo de ese origen, pues es natural que después de miles de años de lavar cerebros, los seguidores de las religiones, ojo que todas te quieren bueno y  libre de pecado, se sigan guiando por la antiquísima ley del ojo por ojo, o caricatura por bala, o piedra por misil y un largo etcétera.

Ahora bien, todo eso no tendría ningún sentido si los humanos, utilizando nuestra mejor herramienta (en algunos casos), el pensamiento, pudiéramos discernir que: todo eso es un cuento, que incluso sus inventores, no tuvieron a bien pensar que algún día existiría la arqueología y sus cuentos no iban a parecer tan verdaderos como hace tantos miles de años, tiempo en el que el analfabetismo era la norma y los más listos se buscaron la vida inventando fantasías.

Estas fantasías, me parece y no con esto quiero desevangelizar a nadie, hoy en día con todo lo que sabemos del cosmos, de nosotros mismos, de nuestros adelantos científicos y tecnológicos, una caricatura, incluso más divertida que las que dieron muerte hace unos días a los hoy célebres moneros.

Y es que el punto, no es la libertad de expresión, el punto es la estupidez o mejor dicho, la estúpida razón de alguien que matar o otro por algo que no existe.

Cada año que pasa, resulta más y más aberrante el derramamiento de sangre en Palestina, en Oriente Medio, en Francia o en cualquier parte de orbe en pos de un ser mágico que al parecer se alimenta de sangre. Una vez más se comprueba que la evolución depende de muy pocos individuos de toda una especie, ya que a juzgar por todos los acontecimientos de los últimos siglos en la tierra y como especie dominante la del hombre, resulta enigmático como seguimos en la edad de piedra, con mejores piedras claro está.

Incluso, lo que me parece más terrorífico de todo el asunto, es que cualquier mujer nacida en este planeta tenga, ni por asomo ganas de pertenecer o creer en cualquier religión y aquí los apuntes: toda religión desprecia a la mujer, la tiene en un concepto inferior, la somete, no le da crédito, es razón de cualquier barbaridad, abuso y para no seguir expandiendo esto, utilice usted su imaginación para calificar y de cómo se justifica cada religión en el trato a sus mujeres. ¿Y son creyentes, devotas, entregadas? ¡Hijas de Dios! lo que les hace falta es valorarse y creer mejor en el ratoncito Pérez, ese al menos les deja un dinerito por su muelas, las religiones les traen lo peor de unos estúpidos misóginos directo a su puerta. Pero existen, ahí están y mientras las iglesias, mezquitas, sinagogas y anexas tengan peregrinos fieles, los abusos y la sangre seguirá repartiendo titulares en «prime time».

La paz sea con ustedes,

Babutxas.

 

 

 

De vuelta al mercado

Hace unas semanas y a raíz de nuestro cambio de casa, casi sin querer, mi esposa y yo estábamos de acuerdo en adentrarnos en nuestro nuevo barrio e integrarnos a su particular ecosistema de inmediato.

Lo primero que hicimos al recorrer sus calles fue localizar los comercios que nos podrían ser útiles. Como todavía nos encontrábamos haciendo arreglos, decidimos que la mejor distribuidora de materiales de construcción, sería justo la que se encuentra a un lado de casa. Poco después mientras hablábamos sobre los cambios que íbamos experimentando, surgió la idea de explorar el mercado del lugar.

Al llegar descubrimos, que en principio sus aromas no eran un desastre, que sus pasillos eran limpios, que sus tenderos eran amables y que sin saberlo, estaban dando a una nueva familia del barrio una muy agradable bienvenida.

Nos encontramos también, con que los vegetales que antes comprábamos en el «súper» no parecían tan redondos, ni tan brillantes, ni de formas tan iguales los unos a otros, más bien estos son: irregulares, definitivamente más pequeños, pero sin duda y lejos de cualquier apreciación estética que me merezca un pimiento morrón, eran mucho más reales, mucho más parecidos a aquellos que veía en la cocina de mi casa o en casa de los abuelos cuando era niño.

A los pocos días ya habíamos establecido un plan para comprar nuestros víveres dentro del mismo barrio, lo tenía todo, incluso pagamos menos, sin embargo nos topamos con algo que no habíamos tomado en cuenta, estos vegetales tan sólo duraban dos o tres días, al principio me sorprendió, cuando los adquiríamos en el «súper», algunos vegetales se mantenían en perfecto estado durante algunas semanas. Aquí un cebolla no consumida al tercer día asoma una rama de 5 cm de rebosante alegría natural.

Cambio de planes, ya que no podíamos almacenar o comprar para determinados periodos de tiempo, tuvimos a bien pensar, que aquí la compra se hace diario, se compra muy poco y se utiliza el mismo día. A partir de ese momento, los alimentos que llegaban a la mesa eran frescos, llenos de sabores y en presentaciones, a juzgar por el estilismo vegetal de los supermercados, horripilantemente deliciosos.

Esta rutina que hemos logrado conservar hasta el momento, ha dotado la despensa de huevos que aun tienen alguna pluma pegada, chiles que de verdad pican, jitomates pequeños y jugosos y un sin fin de experiencias que nos devuelven a una vida más humilde y más parecida a lo vivido en otros tiempos.

Más allá de la ilusión que hasta los niños han mostrado por el cambio de hábito, he de reconocer que si las familias como la mía destinamos más tiempo a recorrer nuestros barrios, conocer a sus gentes, dejar recursos económicos circulando en la misma localidad, creo que podemos prosperar de otra manera, reduciendo así los grandísimos capitales de los corporativos, que miran nuestra alimentación como un número que suma en su caja registradora y de la cual no tenemos claro el origen, tan sólo sabemos que los vegetales se ven espectaculares y que cuando compramos algo de carne empaquetada, la que está a la vista es espectacular y las de abajo son pellejos y grasa, lo cual no sucede con el carnicero local, el cual es capaz de mostrarte cada corte que hace para asegurarte de la calidad y las propiedades de sus cortes.

A pocas semanas al caminar por el barrio, se hacen más frecuentes los saludos con las personas del lugar, los marchantes comienzan a reconocer tu cara, algunos comienzan a entender tus hábitos y te ofrecen ciertas cosas antes de que preguntes y creo que con el tiempo incluso comenzarán a tomarme el pelo cuando pierda el Madrid, sólo espero que muchos de ellos sean seguidores de las Chivas o del Cruz Azul, para que las mofas vayan más en su dirección que en la mía.

P.D. Las tortillas hechas a mano y los aguacates que tenemos a nuestra disposición merecen un post aparte.

Información adicional: Gasto total en el «súper» en las últimas tres semanas $683.50 pesos.