El último nivel.

Imaginemos por un momento que somos un personaje de video juego y que lo hemos conseguido casi todo, llegamos al último nivel, el más difícil y a su vez el que nos engaña, nos tienta, nos invita, nos acaricia el ego, nos seduce la victoria que ahora está a nuestro alcance. Damos nuestros primeros pasos en el nivel pensando que algo se esconde en algún lado y de pronto saltará a por nosotros, pero no pasa nada, todo está quieto. Los ruidos estridentes se escuchan afuera y nosotros estamos envueltos en los encantos de un violín.

Nos vamos sintiendo cómodos, vemos aquella luz al final del túnel que los viejos dicen que existe, pero como nunca estuvimos antes en aquella obscuridad no teníamos idea de qué iba aquello. Ahora sí que lo estamos, nos queda ese último nivel y vamos bajando los brazos ya cansados de luchar: maldito año, perdón, juego de mierda, se lo llevó todo. Sin previo aviso suena el teléfono, han caído uno dos tres, carajo. Las farmacéuticas avisan y avisan, el antídoto es casi listo, pero tendrás que dar ese salto, parece simple, das al botón y pierdes una vida, sí una más, miles de ellas.

Tienes ganas de gritar, no sabes cuándo correr a la luz, si… está ahí al fondo pero surcos en el piso y ese jefe malo del nivel es el último al que habrá que vencer, entrar en su arena con todo lo aprendido y con aquel movimiento que no supimos dar. Luchamos contra la naturaleza con las armas de ciencia y soñando con que ese arcabuz funcione, pero hemos tenido que luchar encarnizadamente contra los nuestros, los de nuestra especie, los que negaron y quizás, siguen negando la existencia de este último nivel y del jefe que lo habita. Hemos tenido que luchar contra la ignorancia de los pobladores de la aldea del juego, nunca saben, no ayudan, está ahí tan sólo para complicar los niveles y que tengamos que repetir nuestros pasos varias veces… ¡carajo! otra vida perdida, miles. Hemos tenido que luchar con otros jugadores que quieren ganar también pero se saltan las reglas, las normas, lo quieren todo y de su falta de respeto, su poca conciencia de lo que los rodea más vidas perdidas. Algunos incluso tienen la versión premium extendida del juego y han jugado niveles extra, sin aire, confinados, sin ayuda, sin defensas y sin otra motivación que la de llegar ahí, en donde estamos todos, ese punto etéreo y nebuloso que deja vislumbrar una luz ahí en lo que parece ser el fondo.

Jugadores hábiles, jugadores muy experimentados, jugadores importantes, jugadores buenos, jugadores entrañables y de otras muy buenas clases han perdido la única vida que nos dieron para atravesar esto. Los jugadores más jóvenes nunca entendieron el juego, saltaron a él y al entrar una estrella brillante les dijo que podían seguir el camino sin casi tener daños o bajas y salieron y fueron y no les importó que otros teníamos que empezar a jugar desde el nivel más bajo. Cuando, aún ahora, salen y después coinciden con los jugadores mayores algo pasa en el juego que el joven sigue y el viejo muere. El juego seduce y atrae al joven para poder llegar al viejo que ha estado acorazado. Sí, nunca lo entendieron y ahora en el último nivel han despejado sus dudas «no pasa nada» y de esa nada los jugadores viejos que estaban por dar el salto caerán. Juego más injusto jamás se jugó.

Allá en los lugares donde el juego comenzó antes, lo saben, no ha terminado y cada vez que bajaron la guardia se les recordó que no había terminado, que debían cruzar el último nivel, ese que de su noticia disparó a las calles y avenidas a los jugadores, se hicieron hogueras, se hicieron cantos, se abrazó y se besó al prójimo y como quien sopla un diente de león varias vidas más no salieron del túnel.

Dependiendo de dónde te conectas al juego, existe un líder, en algunos casos con manuales del juego más avanzados. Siempre los asiáticos, siempre con sus trucos, siempre antes y mejor. Ellos inventan el juego y se guardan el manual o quizás les explicaron a sus aldeanos mucho mejor el juego, porque desde acá todo salió mal, el jodido traductor del juego no se enteró de qué iba el tema y quedamos en manos de un idiota o dos.

Pues bien, juguemos el último nivel al fin no hemos ganado nada. Juguemos y con suerte encontrémonos allá en la luz, sólo te pido una cosa. Ayuda a todos a vencer al jefe malo, ayúdanos al no bajar la guardia, ayúdanos cuidando a los jugadores mayores, ellos cuando viene la flama no pueden dar al botón tan rápido y pierden su vida, ayúdanos a dar el salto y te prometemos que aquello que hoy te urge por hacer será mejor del lado de la luz y con los jugadores completos.

Hoy jugador joven, tú eres el jugador más importante y, o nos haces ganar el juego o nos ayudas a perder y con ello perderte a ti porque en el juego que empieza en la consola de la vida al llegar a la luz, ingresaremos a un nuevo juego y los manuales siempre los tienen los viejos jugadores, en serio los necesitamos.

Las palabras

Hoy me dio por pensar que hace tiempo no hago uso de las palabras como debería. Y es que con tanto en el mundo, con tanta amenaza, con tanta mentira, con tanta obscuridad es fácil perderse, es muy fácil que el camino se nos espine. Miedo, incertidumbre, pesares, dolor, muerte, hambre y desolación es el panorama general. 

Con todas estas palomas negras en la cabeza la belleza se hace esquiva, la verdad se hace cruel y no poesía. Los silencios se vuelven largos, se hacen extraños los recuerdos de risas, de abrazos y besos. Las palabras se quedan secas. Que difícil volverles a la vida, esa misma vida que se nos hizo esquiva, de pronto, sin aviso, sin tiempo de pensar, sin tiempo a planear, sin tiempo a pensar con qué podríamos iluminar la penumbra. 

La memoria nos insiste en ver aquellos rostros, hoy ajenos, que nos devuelven la sonrisa, nos devuelven a los tiempos de copas, de carcajadas, de abundancia, de almas llenas de colores, de ánimos en popa. Los brazos por los hombros de aquel amigo haciendo payasadas y muriendo de risa, haciendo de la vida un chiste, sacándole la pulpa sin darnos cuenta. Tomando de la mano a los nuestros mientras caminábamos mirando de frente a sol, sin saber cuánto nos necesitábamos para mantenernos fuertes en la adversidad. 

Hoy nos quedan imágenes que convertidas en palabras redundan en lazos dorados que atan a las personas que amamos a nuestros corazones opacos y de latir semi lento, sedientos de emociones, aunque fuesen llantos, aunque fuesen reproches o desplantes, sedientos de un guiño, sedientos de sangre caliente de coraje, sedientos de luz, de brillos y más violines y más flautas. 

Atrapados en pensamientos de aquellos a los que no supimos pedirles perdón o perdonar y nos abrazamos en la esperanza de que no sea tarde, esperamos verles a los ojos y llorar cuanto haga falta y llorar desconsoladas hasta que se derrita el óxido de las heridas que hoy sabemos sanas. Y en esos casos sin remedio la redención en silencio del perdón lejano. 

Reconocemos nuestros fallos y sí has sido sabio habrás callado sobre los fallos de los demás, habrás reconocido que aquellos sufren igual o mejor o peor, pero sufren y tienen sus propios desvelos, sus propios fantasmas. 

Al final nos queda esa ilusión del tiempo en el que salgamos a hacer aquello que siempre quisimos y ahora sabemos tan importante como respirar, queremos que el viento nos despeine esos pelos que han crecido sin control pero que hemos aprendido a lidiar con ellos, entendiéndolos y aceptándolos en nuestro propio ser, que lejos de vanidades hoy no miran tanto al espejo y no lo miran porque no se reconoce al ser que empezó sino al que habita hoy una mente harta de pensar, harta de reinventarse, harta de desechar ideas que no eran buenas, harta de alimentar nuevos sueños que incluyen muchas personas y mucha piel chinita y vuelos etéreos como dientes de león. 

Esos vacíos creados por nuestra inasistencia a la vida misma, volverán a llenarse de niños con risas contagiosas, de curiosidad, de sorpresa, en verdad deseo que vuelvas a emocionarte hasta el tuétano por saludarme cuando me veas y sepas el gusto que me ha dado estar contigo, si me ves los ojos enrojecidos sabrás que no estoy llorando, es una basura en el ojo que se metió ahí a propósito porque tu alma así lo quiso, porque ha acelerado tus latidos y los míos y los de todos. Pero no te creas no estoy llorando, fue otra basura, es que a lo lejos vi a alguien más. 

Nos consolaremos y compartiremos la sal y en los años siguientes desbocados por vivir, quizás entiendas que quiero seguir a tu lado, que no quiero que me sueltes jamás y no quiero desperdiciar nunca más el privilegio de apreciar el aroma que sale de las flores. 

No hay castigo, sabemos muy bien a quién debemos de salir corriendo a besar y abrazar al final de la pesadilla, sabemos también que ese día no tendrá mañana, sabemos que no lo dejaremos para después, sabemos que ese sueño que nos despertó por meses en la madruga ahora tiene un espacio que ninguna otra cosa puede ocupar y deberemos salir a conseguirlo pensando que no hay mañana. 

Mientras pasa este tiempo envenenado, quizás sea el momento de pensarte, de desearte que todo vaya bien, que no sufras de más, desearte con estas palabras la mayor de las felicidades y si no nos volvemos a ver, piensa que algún momento pensaba en todos esos rostros del ayer, que ahí estabas tú y se me dibujó una gran sonrisa, piensa que estoy con los míos buscando mis sueños y que estoy queriendo como tú, ser muy feliz. 

La protesta

Esto que hoy se ve en Estados Unidos y que genera un clamor en el mundo, precisamente por ser ellos, o los otros dramas del primer mundo (ya ven que lo mismo pasó en Guadalajara y en Bangladesh no se ha dicho nada), es una réplica de las protestas que desde hace años va generando pequeños incendios en el mundo. Grupos que se ven afectados por cualquier cosa y deciden protestar, hasta ahí muy bien y es muy necesaria. ¿Pero lo estamos haciendo bien?

Vamos a Minneapolis. Cuatro descerebrados matan a una persona. La gente cansada de los abusos policiales salen a las calles, comienza la protesta y se dirigen a atacar las comisarías de policía. Fantástico, la protesta está dirigida pero… esa misma gente revuelta con oportunistas, vándalos y otros contagiados del estado de caos, deciden que es muy buena idea saquear comercios y quemar y vandalizar y golpear. Ya la cagamos. En qué punto destrozar el patrimonio de otros legitimiza tu punto de vista, ya seas negro, LGBT, feminista, anti lo que sea y cualquier otra minoría activa. ¿De verdad se pide paz a garrotazos? Alguna vez escuché: “es la única manera de que nos escuchen o nos vean”, Gandhi no pensó igual por ejemplo, Luther King tampoco y curiosamente lograron cambiar algo. 

En el mundo hay muchísima gente pidiendo cambios a las clases políticas, nuevas formas de entender, nuevas formas de administrar, nuevas formas de convivir y nuevas formas de relacionarnos. Queremos que los recursos que generan los pueblos se gasten en las cosas necesarias, en donde los cuidados de la gente son lo esencial. No se necesitan más armas, no se necesitan refinerías o trenes, se necesita salud, se necesita seguridad entendiéndola desde la propia necesidad de la paz y no a madrazos. Se necesita alimento para los niños, se necesitan espacios de calma y gozo en la vejez, se necesitan recursos que recuperen la naturaleza, se necesita respeto y seguridad para la mujer, necesitamos científicos y necesitamos cultura, arte, cine, teatro… todo lo demás podría caber si sobra de esto otro. Pero como pueblos somos muy básicos, parece que la evolución en estos términos no jala, no avanza, al menos en Latinoamérica y el Caribe. No sabemos actuar como grupo y es fácil seguir el consejo del manipulador, del violento, del visceral. No, así no se logra nada.

Vemos cómo los líderes de opinión de estos días (youtubers, influencers, instagramers, tuiteros, etc.) no tienen ninguna credencial, no tienen filtros y se han puesto ahí por sí mismos, por lo general por ser divertidos. Hace años los divertidos estaban en el circo, hoy son generadores de ideas políticas y de modas que un montón de gente aburrida ha decido replicar, no jodas. Quieres ser activista ve allá y lucha mientras que el cuadrito negro lo pongan los niños de 12 años. 

De estos manipuladores salen ideas fabulosas como: vamos a saquear las tiendas Nike. ¿Y eso cambia algo? Quieres cambiar a la policía y tu idea es cometer un delito, justo aquello para lo que fue creada la policía. Pues te van a reprimir, o había que esperar otra respuesta, otra acción para detener tu insensatez, tu abuso, tu incoherencia, tu violencia. ¿No eso era lo que pretendías cambiar y entregas más de lo mismo? El mensaje debería ser, señalando todos a la vez lo mismo, apuntar con sus dedos al cobarde y hacerlo pensar y modificar sus conductas, pero no ganarás nada en ir y desatar tu propia violencia contra ellos. Así los dos bandos generan rencor entre sí y podríamos seguir eternamente en el mismo cuento. 

Por lo tanto nos quedan tareas pendientes:

Uno: entender, entender y entender que ese no es el camino. 

Dos: volver a entender que ese no es el camino. 

Tres: actuar en consecuencia, ser democráticos y escoger mucho mejor a los servidores públicos, renovar a los que están y no sirven de nada. No escuchar sus excusas, no escuchar sus promesas y sus discursos. Ya sabemos que no son aptos, ninguno. 

Cuatro: llenémonos de pasión, de fuego interior, de fuerza y hagamos los cambios en el sentido correcto. 

Cinco: unámonos en contra de aquel que ataque nuestro bienestar: salud, seguridad, alimento, fuentes de ingreso. 

Seis: recuperemos la dignidad del trabajo. Entendamos problemas graves desde otras perspectivas, por ejemplo: las drogas son un problema de salud, si no hay consumo no hay distribución y mejor aun, no hay prohibición madre del problema. 

Siete: no podemos seguir fraccionando la vida en minorías, tu elección sexual es un tema de tu casa y no de la vida pública ni de tu trabajo, así no tendrías que excusarte en términos de discriminación, tampoco tu etnia, tu género, tampoco tu estatura, tu peso, tus sentimientos o cualquier otra pendejada que hayas inventado para justificarte ante los demás. Concentrémonos en las minorías que en verdad requieren ayuda, aquellos con necesidades especiales como minusválidos, etc. Tu culo no te hace merecedor de leyes o tratos especiales, ve a tu casa y haz con él lo que te plazca. 

Ocho: alejarse de los actos violentos escondido en un pasamontañas y rodeado de imbéciles, que por lo general lastiman a alguien exactamente igual que tú. O bien, ten el valor de ir a enfrentar al verdadero culpable, ya ves que después de una buena madriza nacen grandes amistades. No dañes lo que alguien más construyó, sí tú hubieras construido algo, sabrías del esfuerzo que representa. 

Nueve: no confíes en aquello que te llega como regalo, quizás disfrazado de ayuda, es un trampa, solo busca que dejes de luchar para obtenerlo por ti mismo, busca que creas algo que no existe, busca confundir tu mente, busca que odies al que lo generó y alabes al que te lo dio. No es así, repito, es una trampa, en caso contrario el mundo entero sería comunista o al menos una comuna hippie y no lo es. 

Diez: no seas un maldito cerdo, limpia todo y no dejes tus huellas allá donde vas, máxime si estás en la naturaleza. 

Pues bien, esto no es la guía de la felicidad, no lo pretende ser, no lo será, pero quizás ayuda a pensar a redefinir aquello que decidimos seguir, ayuda a pensar que tu cuadrito negro o amarillo, tu hashtag, tu arcoíris, tu puño, tu mancha de sangre, etc. no sirve, literalmente, ni para limpiarte el culo. 

Ahora, ve critica, señala, protesta, deja de aplaudir. 

Demonstrators protest the wake of the recent death of Minneapolis’ George Floyd in front of Edinburg city hall on Saturday, May 30, 2020, in Edinburg. (Joel Martinez | jmartinez@themonitor.com)

Los pendejos y la pandemia.

Decía Facundo Cabral «mi abuela estaba casada con un coronel, que era realmente un hombre valiente. Solamente le tenía miedo a los pendejos, un día le pregunte por qué y me dijo porque son muchos, no hay forma de cubrir semejante frente…».

 

Pues bien, empecemos con que al final, todos, sí todos, somos pendejos, sin embargo, lo importante es, en qué escala de pendejismo nos encontremos. Sí hombre, en este punto, ya alguno dirá «ni madres, yo no soy un pendejo», pero tranquilo, todos tenemos a alguien cerca capaz de pendejearnos sin remedio.

 

Pero antes de seguir afligiendo al personal, debemos de ser capaces, como decía antes, de reconocer el nivel de pendejo que tiene uno. Reconocer nuestro nivel de pendejismo es sano. Con esto podríamos evitar meter las narices en asuntos que nuestro nivel no alcanza. Entiendo lo difícil por que hay que quitar egos y falsas autopercepciones, hay que quitar vendas sobre la realidad, hay que quitar ideologías, creencias religiosas, romper ídolos, hacer una profunda exploración de aquellos sucesos en la vida en la que me lo pendejearon (y quién) y la otra a quién hemos pendejeado, esto por si mismo es un parámetro. Una vez resuelto lo anterior, estaremos en el punto en el que frente al espejo… (algunos podrían estar orgullosos, algunos podrían llorar, otro quizás podrían aceptarlo sin más como quien acepta que hoy va a llover y ni si quiera piensa en el paraguas, algunos podrían encontrarse desconsolados, otros quizás son tan pendejos que no entiendan qué demonios hacen frente al espejo y así cada persona enfrentaría su propia catarsis) sólo así aceptará que sin excusa alguna es usted un pendejo.

 

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Bien, del resultado obtenido, por decir algo: usted obtuvo en su evaluación un 8. Ahora reste un punto por no haber sido completamente sincero en la autoevaluación, con eso es usted ya un nivel 7. Después reste otro punto porque este corresponde a la percepción de pendejez que tienen los demás de usted. Ahora es usted un 6.

Con relación a los casos especiales reduzca un punto por cada uno de los conceptos siguientes:

-No le gusta leer, investigar, estudiar.

-Su principal fuente de información es Facebook.

-Sí alguna vez ha compartido información no verificada por una fuente fidedigna (si no sabe qué es fidedigna reste 2).

-Sí maneja atendiendo el celular.

-No acabó al menos con sus estudios de preparatoria.

-Sí llegó en su lectura hasta aquí sin saber de qué va el cuento.

-Sí no entendió el punto anterior reste 2.

-Le cree más a un cura que un científico.

-Es funcionario público de la 4T (por convencimiento propio y adhesión a la causa reste 2).

-Sí considera que deba restar un punto por alguna razón que no se encuentre enunciada, hágalo y después sume dos puntos porque al menos con usted hay esperanza.

 

Pues ya con un resultado muy parecido a la realidad piense que el mundo está enfrentando, además de inusual, una problemática compleja, luchando contra un villano invisible, luchando a palos de ciego y en la mayoría de los casos siguiendo los pasos o recomendaciones de un pendejo. En esta lucha y en gran medida, vamos dependiendo de que su vecino, del cual usted pensó que es más pendejo que usted, entienda que no debe de salir a la calle, dependemos de otro de sus vecinos, igualmente pendejo, entienda que no debe de comprar equipos o insumos que son para los profesionales de la salud. También dependemos que el de enfrente, pendejo por los 4 costados, no piense que es una época de oportunidades o que el otro pendejo de allá no crea que es un castigo divino y ya no hay nada que hacer. Ojo hay muchos pendejos repitiendo “no pasa nada”. ¿Lo ve? Los pendejos van a determinar el resultado de esta guerra.

Por lo tanto, si usted ve a un pendejo de menor nivel que el suyo: ayúdelo, recomiéndele, enseñe los pasos a seguir y si ya la cosa no funciona, dele dos bofetadas y me lo pendejea lo suficiente para que no le den ganas de salir a la calle.

 

Casi para terminar, les comento que: existe un tipo de pendejo muy peligroso y que asoma en tiempos de crisis con frecuencia. El pendejo soberbio. Es muy peligroso porque tiene algún puesto de responsabilidad y toma decisiones que afectan a mucha gente. Pero no se reconocen como pendejos, no saben reconocer que se equivocan y como sólo les alcanza para ver hasta donde termina su nariz, van dando tumbos. Por favor, no se deje arrastrar por estos personajes, lo pueden matar… literalmente.

 

Son tiempos en los que la conciencia social y la conciencia sobre lo que nos rodea debe de primar por sobre el individuo (sí no entendió lo anterior pida ayuda a uno que sea menos pendejo que usted), en la medida que nos ayudemos, principalmente manteniéndonos alejados, será posible superar esto. Aun no tenemos claro el tamaño del enemigo, así que por favor límite su yo (a su pendejo interior) y piense que no vive en este mundo solo. Alcanza para todos sabiendo repartir.

 

Si usted ha llegado hasta este punto, comparta esta publicación, necesitamos llegar a la mayor cantidad de pendejos posibles.

 

 

La crisis que viene.

Más allá de discutir temas de coronavirus, todos tienen suficiente información y la procesan a su modo, la administran como pueden y creen lo que les da la gana, es tiempo de hablar del estado que guardan las cosas y todo aquello que el virus destapó y que no parecía importar. 

Con el avance del virus y con su inminente llegada a Latinoamérica, que después de África somos los menos preparados para enfrentarlo, me llama la atención que mientras todos los seres humanos estamos enfrentando algo nunca visto; una generación atrás, de esas de cien años, sí que la vivió, pero los que estamos vivos ninguno, el tema central de los discursos ponen en el primer lugar de las jerarquías y dictando los términos del discurso a la economía. ¡No mames! Sin humanos no existe la economía. Nuestro planteamiento como especie debería de comenzar por cómo chingaos le hacemos para sobrevivir. Pues bien, bajo esa escala de valores lo único que asoma por la ventana de la estupidez humana, es que entre muchas otras cosas, hemos creado sistemas políticos, sistemas económicos y muchos subsistemas los cuales tienen un denominador común, que no es otro, que tener a la gente menor capacitada, de menor comprensión y de menor calidad humana en los lugares de toma de decisiones. Justo esas decisiones que hoy determinan ya en ciertos lugares del planeta la vida o la muerte. 

No logro imaginar el escenario en un par de semanas en México, en donde claramente la persona menos, menos, menos y mucho menos capacitada está al mando. Hoy en el mundo debemos de escuchar las voces de aquellos que: no tienen intereses económicos en las decisiones, que son expertos en las materias que urgen (salud única y exclusivamente), que no defienden empresa alguna, que tan sólo son guías en tiempos tan inciertos. 

Hoy en el mundo y me refiero al mundo como todos los seremos humanos que lo habitamos, podríamos escuchar por ejemplo al Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, no sería malo, pero claro es tan sólo un pobre científico loco, de esos que hablan con términos extraños que nadie entiende, de esos que son alarmistas, de esos que no entendemos, que no queremos entender, que no tienen preparados discursos de polarización de masas, es de esos que incluso no saben dar discursos apasionados, no, no es de esos guapos que hablan que parece que saben mucho, no es de esos que reza y que trae un detente en el bolsillo. No, es una persona increíblemente capacitada, es pausada, sabe de lo que habla y está rodeado de personas igualmente capacitadas para: entender, explicar y recomendar qué hacer en este momento. 

En fin, allá en ese pequeño mundo donde crees que eres el dueño de algo, que tienes el poder sobre algo, donde tus decisiones están basadas en jerarquías erróneas, en que quizás tu, que hoy estás fuerte y con salud de hierro, que comes vegetales y vas al gimnasio no hayas reparado en que quizás, tan solo quizás no vayas a sobrevivir esto, quizás yo tampoco o tu seres queridos y tu lo veas sin poder hacer nada. Esto es lo que significa en el fondo que alguien como el Dr. Tedros Adhanom haya dicho “en la madre, esto es una pandemia”.

Para no seguir en una explicación que ya has leído en otro lugar, debemos de movernos e intentar ver en el mañana, cuando la pesadilla acabe. Estamos obligados a entender que no podemos seguir poniendo en las mesas donde se toman las decisiones más importantes y que afectan a todos a unos pobres pendejos. Parece simple pero la labor es titánica y lo es porque tampoco estamos capacitados para tomar la decisión de a quién poner, maldita sea, no hay salida. Ideologías, corrientes políticas, bolsas de valores (no hay mentira más grande que esa), macroeconomías, microeconomías, saldos, inventarios… ¿de verdad no nos queda claro que aquello no lleva a ningún lado?

Los países hoy dependen de sus sistemas de salud, justo esos sistemas en lo que se especula sin piedad alguna, en donde hay “recortes”, donde un papanatas infracalificado y que trabaja en una silla cómoda con un micrófono enfrente y dos botones para votar, ha decidido que es lo “mejor” para el país. En donde un loco decide que es mejor regalar dádivas a niños de 14 años (claro, es que votan dentro de seis años) que mantener los sueldos de aquellos que cuidan de la salud, esos de quienes la vida de miles depende hoy. Vemos estupefactos que los comisionados de salud de los Estados apenas y pueden pronunciar su nombre porque el puesto, perdón, el “hueso” se lo debía un imbécil por haberle juntado unos cuantos miles de votos. Vemos cómo de un plumazo se retiran programas exitosos de salud para los menos favorecidos: “ya que se mueran, da igual, ya muertos no se quejan”. Es terrorífico. 

Vemos también del otro lado comportamientos dignos de un estado de guerra. Algunos moralistas digitales todo el día jodiendo y criticando al que ha comprado por pánico, al que ha decido no tener que limpiarse el culo con una toalla que después deberá de lavar y compró mucho papel. A ver, mi amigo moralista, yo sé que no están ayudando, pero sí sé que están siguiendo sus instintos, que no cuentan con un líder que les de esa seguridad que sí ofrece el papel higiénico. En este lado debemos de comprender, antes de juzgar, que las personas encuentran en los estados de excepción seguridad en diferentes cosas, una vez que las obtienen pueden ser más receptivos a cooperar y ayudar al prójimo. Así que no crucificar a nadie es lo más sensato. Ahora bien, en lugar de moralizar recomienda al que tienes a la mano, a tu familia, a tus amigos y deja en paz a quien no tienes en gusto de conocer, quizás esa persona acabe por ayudarte en algo, hoy no lo sabes. 

Días críticos están por venir, lo vemos en todos los países que van atravesando el temporal que nos espera, vemos cómo están completamente rebasados, vemos escenas dramáticas y vemos que como el virus no discrimina. Vemos a miles pidiendo a todos que se queden en su casa, que paremos esto y ellos ya saben que es la única manera. No podemos vencer al virus, pero podemos evitar que siga corriendo, no es tan difícil de entender. 

Todavía es pronto para saber qué más enseñanzas traerá consigo el jodido virus este, pero si podemos asegurar que habrá lecciones y que serán duras y que mañana hemos de levantarnos para exigir y con fuerza esos cambios que ahora sabemos son prioritarios e indispensables para seguir habitando la tierra. Si tengo la suerte de llegar del otro lado de la crisis ya les contaré lo que aprendí. Suerte a todos, la vamos a necesitar. 

La reelección mexicana.

Nota: Si eres chairo favor de no seguir leyendo. Termina aquí porque lo que continuación se describe no te va a gustar, es posible que no le entiendas y si lo entiendes, es posible que no lo creas y si no lo crees, mejor no lo leas.

Sufragio efectivo, no reelección cantó Madero allá por 1910 y no estaba equivocado. La reelección no es buena y mucho menos en México en donde el poder sirve al que lo tiene y nada más. Donde las leyes son para unos cuantos muy favorables y muy mierdas para el resto, pregúntenle a Ovidio.

Ahora al traste. Se acaba de aprobar la revocación de mandato por iniciativa del presidente. Pues bien, no es más que abrir la puerta a la reelección. ¿Por qué? Es muy simple. En primera instancia hace ver al sujeto como valiente y capaz de aceptar que si no se le quiere en el cargo lo va a dejar pero… El punto es que el sujeto es juez y parte. La votación para tal efecto es a través de una consulta popular, con 4 pelados en las esquinas, vota quien sea y las veces que haga falta, al final no hace falta el conteo y se publica con bombo y platillo que la gente adora a su presidente.

Pues bien, como el pueblo “adora” al presidente, pues no verá con malos ojos que se reelija. Una vez más siendo juez y parte y con el control absoluto del proceso; primero para aprobar dicha ley; y después el control electoral (vamos que por tener, tienen hasta a Barlett) y como resultado el Peje tiene seis años más. Los puede terminar y hacer todo el camino anterior para otro período, esta vez  quizás de 8 años, término que se aprobó vía otra consulta popular afuera del estadio de béisbol. Puede que muera en el camino y la herencia del mandato la obtiene después de muchos enjuagues muy raros un tipazo (perdón: tipejo) como Noroña y…

Ya el presidente dijo que no se va a reelegir pero también dijo que primero los pobres y les quitó el seguro popular,dijo que no hay bronca con las medicinas y los hospitales trabajan bajo protesta y en efecto la gente (niños) se muere por no tener medicamentos,  dijo que la casa de Los Pinos era un excentricidad y republicanamente se fue a vivir a un ¡palacio!, dijo que se reúne con su gabinete de seguridad todos los días, pero que no sabía del operativo en Culiacán, y dijo y dijo y dijo, es decir, no se vayan a creer el cuento de que no se va a reelegir y que conste que se los digo justo el día después de que se comparó con Jesucristo, vamos que ni el Comandante Pajarico tuvo semejantes huevos.

Latinoamérica sufre el síndrome del socialismo que les promete el cielo a hordas de ignorantes que los sistemas educativos han procurado. Si tú entendiste lo anterior (y no eres chairo) sabrás que tienes una tarea gigante delante de ti, de hacer proselitismo político con todas las personas que te rodean con el único fin de arrebatarle las cámaras al Peje en las elecciones intermedias o bien, hacer las maletas y convertirte en un emigrante. Ambas opciones son empresas enormes. 

A mitad de camino.

Es recurrente pensar que a mi edad nos encontramos a la mitad del camino. Nos encontramos en ese lapso en el que hemos dejado atrás los arranques infantiles o juveniles, hemos madurado, que no significa del todo y que no haya nada en el horizonte. Muy al contrario miramos siempre ese horizonte y lo sentimos más nuestro, quizás porque los pasos que damos hacia él son más firmes con menores dudas. Sin embargo, qué pasaría si algo sucede y se corta el camino precisamente ahora.

Imagino que mis hijos tendrían la tarea de terminar de conocer a su padre a través de las historias que les contaran sobre mí las personas cercanas, o aquellos que de pronto y por casualidad se cruzan en la vida y resulta que me conocieron. A través de los amigos de su viejo que tendrán mil historias que contar, buenas y malas, pero quizás coincidan en que fui una persona que estaba ahí cuando se me necesito. A través de la familia que se encargaría de borrar de un plumazo los recuerdos no gratos y magnificar todo lo bueno, exaltando y creando héroes, que de momento para ellos sí que lo fuimos. A través de todas las palabras que he dejado por escrito y que podrán contarles de formas de pensar, de sentir, de vivir, de sufrir y de esa imaginación que nunca me faltó.

Dejaría atrás a una grandísima mujer y qué terrible porque habíamos hecho el plan de envejecer juntos porque nos queremos y nos habría encantado caminar más tiempo juntos para reír, para llorar, para viajar, para pelear, para discutir y para tener ese espejo todos los días en quien mirarse y redescubrirse cada mañana.

Si esto fuera el final del camino me iría contento de haber llegado a donde llegué porque llegar hasta ahí fue producto de mi esfuerzo, me iría orgulloso de haberlo siempre intentado, de haber dejado lo mejor de mí en cada proyecto, en cada tarea, me iría feliz de saber que nunca escatimé al entregar el corazón a mi familia y mis amigos, me iría triste de no caminar más pero yo no decido cuándo.

Ahora bien, no creo que sea el final, aun nos queda mucho por vivir y por enseñar a los que vienen detrás, pero si somos capaces de reflexionar por un momento sobre el mundo sin nosotros, sabríamos tres cosas: que el mundo seguiría caminando, que alguien nos extrañaría mucho y que mientras estemos aquí hagamos lo mejor que tengamos y disfrutemos cada segundo en la siguiente mitad.

Orden, orden, orden, orden, ord…

Casi todos aquellos que se han tomado la molestia de leerme alguna vez, han o tienen la posibilidad de viajar a países desarrollados, y seguramente una de las cosas que quizás pasan desapercibidas pero al reflexionar se hace evidente, es el orden.

No hay país desarrollado que no se encuentre en orden y la matemática es muy sencilla, es más fácil que dentro del orden se identifique y se corrija al desordenado. Pues bien, en el mundo subdesarrollado se vive principalmente en el caos y en ese caos, el ordenado tiene muy cuesta arriba la salud mental.

El orden empieza por lo pequeños espacios: se empieza por hacer que los espacios sean homogéneos, es decir, las banquetas son iguales (en todos sitios) y está perfectamente reglamentado cómo deben de ser y lo hace el Estado. En el mundo sub las hacen aquellos que construyen algo ahí y básicamente como les salga de los huevos. Y podemos decir que al final no pasa nada, pues no, sí que pasa, en muchos de los casos la gente transita por las avenidas poniéndose en riesgo por el simple hecho de que es plano caminar ahí. Después, es común que existan calles, por ejemplo en la Ciudad de México (decenas de miles), en las que no es posible saber qué sentido tienen y pues como no hay, pues es doble sentido. Hasta aquí no hay problema, el punto es que no existe un ordenamiento en el que se distinga (por un color pintado en la banqueta, tan simple como eso) en dónde se puede la gente estacionar. Como no sucede así, pues todo mundo se estaciona donde, una vez más, le sale de los huevos y transitar es un infierno. Vamos, que si las calles sólo tienen un sentido y marcamos dónde se debería de estacionar la gente, el asunto se arregla de cuajo.

Las dos acciones anteriores permiten ciertos flujos, tanto de gente como de vehículos, es decir, queda ordenado, una vez ordenado se puede reglamentar las sanciones por no cumplir con esa disposición y se deja en evidencia al que rechaza el orden. Por otra parte y como acto seguido, ese orden nos lleva a la limpieza. Esos espacios ordenados pueden también crear las condiciones necesarias para designar qué demonios hacemos con la basura y cómo mantenemos las calles limpias, una vez más dejando en evidencia al marrano. Con acciones así y en pequeñas escalas (Colonias) se podría ir ordenando los espacios públicos. Después de esto sigue la educación y con la misma directriz, el orden, ya verían que pronto cambian las cosas.

Y no, no es utópico, Europa en la década de los 80 era, en principio, un patatal. ¿Cómo es ahora prácticamente todo el continente? Es homogéneo y todo sigue el mismo orden.

Para lograr una cosa así, tan sólo se requiere de la voluntad de aquellos que ejercen el poder, pero más allá de la idea o color que usted tenga a bien seguir o defender, entienda una cosa: ellos nos quieren divididos, ellos nos quieren incapaces de tener ideas como esta, ellos viven a través del caos, ellos no quieren un pueblo con pensamiento crítico, ellos le tienen miedo a usted si usted es capaz de unirse con muchos más que piensen igual que usted, ellos lo quieren bien pendejote, lo quieren sumiso, quieren su voto y después que no reclame.

Pues ya lo he dicho antes y no me cansaré de repetirlo aunque no tenga mayores efectos, si vamos todos juntos los jodemos y cambiamos todo, pero ellos (entiéndase más que cualquier otra persona al Presidente de México) nos quieren discutiendo entre nosotros para poder seguir haciendo con nuestro futuro un verdadero desmadre.

Amigo taxista.

Hoy me ha dado por reflexionar el tema de los taxistas y quizás con alguna extensión a otros transportes públicos, pero como el día de ayer nos dieron con todo estos señores, pues empecemos por ahí.

El gremio de taxistas decidió que ahogar a la Ciudad de México es una interesante medida de presión. Quizás lo aprendieron del Presidente de la República, no lo sé, pero sí sabemos que su decisión afectó a cientos de miles. Su “legítimo” reclamo es en contra de las plataformas digitales: Uber, Cabify, Didi y las que se acumulen. Estos señores no están de acuerdo en que los otros operen y trastoquen el monopolio del servicio de taxi que existía.

Ahora bien señores taxistas, el problema no es un app, no es el gobierno que las permite, el problema real es la decisión que ha tomado el consumidor (yo entre ellos) de no utilizar sus servicios. En la medida que entiendan al usuario, quizás puedan ver la luz de su problema, pero es que no les interesa, quieren ir por la vía corta, así como cuando se brincan todas las filas que hacemos otros. De igual manera su intención es que el Gobierno prohiba las apps y entonces ustedes obligar al consumidor a regresar con ustedes y su pésimo (y me parece poca descripción) servicio. Seguramente después vendrán a cerrar calles para exigir mejores tarifas como lo han hecho antes, pero nunca jamás se habrán detenido a pensar el por qué nosotros, la gente, no lo usamos. Aunque para tales fines me tienen a mí y les explico.

Empecemos por su aspecto, a ustedes no les importa a nosotros si. El aspecto de sus vehículos es un poema al valemadrismo, vamos, que algunos se están haciendo pedazos y siguen en la calle, pero eso sí, la revista la pasaron con un lana. Las abolladuras de sus unidades son el cénit de sus virtudes como conductores, son el monumento perfecto tallado en lámina de Tsuru de todas las veces que se le cerraron a alguien, de las veces que se metieron a la brava en una fila, de todas las veces que no cedieron el paso, de todas las veces que omitieron darse por enterados de que los semáforos tienen alguna finalidad, de todas las veces que no frenaron por un peatón o una bici, de todas las veces que algún pasajero salió herido, asaltado, violado, golpeado, secuestrado, extorsionado o por decir lo menos estafado, de todas las veces que tapaste una calle, de todas las veces que te detienes y estorbas al resto de vehículos porque tus necesidades son más importantes que las del resto, de todas las veces que abusaste de un visitante, de todas las veces que escogiste la ruta más larga, de todas las veces que modificaste el funcionamiento del taxímetro, de todas las veces que excediste la velocidad, de todas las veces que hiciste base en lugares prohibidos, de todas las veces que no coincide la licencia con el conductor, de todas las veces que circulas sin placas ni permisos, de todas las veces que no señalaste con tus intermitentes, de todas las veces que casualmente te perdiste, de todas las veces que quisiste joder al que te da de comer, que no es otro que el cliente y el que ti no te importa en lo absoluto.

El consumidor, repito, el que te da de comer, ha tomado la decisión de viajar de otra manera y  eso no hay gobierno que lo pueda cambiar, el gusto por transportes de mucha mayor calidad a la que tu ofreces es cuestión del que paga. En años anteriores su gremio contó por numeroso como un bloque el cual hay que mantener contento porque votan. Bien, vayan y voten por su chingada madre si quieren, pero nuestra lana ha tomado otro rumbo y cada vez que bloquean las calles, más allá de darles más lana a esos competidores de los que se quejan, más ayudan a decidir no utilizar sus servicios.

Ayer se vivieron algunos dramas reales a cuenta de sus acciones (pendejadas), como gente que no llegó a un hospital para salvar su vida, gente que perdió un empleo, gente que dependía su futuro de llegar a una cita, gente que perdió su vuelo a casa o los muchos niños encerrados (cagados y meados) en los autobuses escolares. Bien, toda esa gente es muy probable que hoy piensen: “no jodas hay que ayudarles a los taxistas, son súper buen pedo”. Sigan haciendo amistades en las calles.

En fin, si usted es taxista y ha leído hasta aquí, chingue usted a su sacrosanta madre, yo seguiré usando el app.

 

 

Divisiones

Hace no mucho, en este mismo espacio me daba por explicar cómo nos hemos dividido los mexicanos en fracciones políticas (babutiblog.wordpress.com/2019/05/08/izquierda-o-derecha/), lo cual nos ha hecho vulnerables y fáciles de controlar desde el punto de vista de gobernates y gobernados.

Pues así cómo si no tuviéramos otra cosa que hacer, en los últimos años, las diferentes corrientes ideológicas que recorren el mundo haciendo explosiones estruendosas y que meses después se apagan, van fraccionando al mundo.

La última en la fila, provocada por la marcha feminista. Que las mujeres levanten la voz me parece bien, como también me parece bien que levanten la voz los niños o los animalistas, o los trompetistas o lo que sea. Porque la lucha por la vida y derecho a la misma es para todos igual y si en algún momento un grupo es atacado por su condición, deberá forzosamente de levantarse y alzar la voz, gritar lo más fuerte posible y así como nos conmina nuestro himno «que retiemble en sus centros la tierra».

Ahora bien, existen una gran cantidad de hombres (los más) que poco o nada tienen que ver con el maltrato, violaciones, asesinatos y ese largo etcétera que sufren las mujeres. Por lo que no corresponde que ese grupo que está pidiendo a gritos ayuda, lo haga descalificando, odiando y diciendo algo así como: «mata a tu padre, mata a tu hermano, etc.» Nooo. No se puede pedir la defensa de la vida y se amenaza justo eso.

Pero vamos al grano, el punto es que dividida la sociedad como se encuentra ahora, todas las luchas que se pretenden desde la sociedad civil son estériles porque las mujeres deberían de ser acompañadas por los hombres en esa lucha, los que defienden el medio ambiente nos necesitan a todos a su lado, los que defienden derechos laborales nos necesitan con un martillo en la mano a todos, los que defienden a los animales nos necesitan de su lado, porque todas las voces juntas no se pueden apagar, todas las manos unidas no se pueden fragmentar, porque todas las mujeres son más fuertes si vamos todos juntos, porque el enemigo no es un hombre, el enemigo es el violador, el asesino, el acosador, el secuestrador. Ese es el enemigo sea del sexo que sea.

Yo no desestimo la marcha de las mujeres, que bueno que salgan y que juntas alcen la voz. Tampoco me importa mucho si pintan el ángel o llenan de diamantina rosa el mundo, que bueno, pero esa mayoría de mujeres que luchan por su derecho no deberán de caer en el juego de las extremistas (todo extremo es malo) de crear odios en las más pequeñas por condiciones de género. Yo puedo salir y reclamar con las mujeres su derecho a la vida y a la libertad. Estoy dispuesto a ayudar a alguna de ustedes si en mi presencia corren algún riesgo.

Estoy como muchos millones de hombres, agradecidos con ustedes por la vida, por la educación, por el cariño y por cada centímetro de mundo que cubren con sus sueños, anhelos, pasiones, locuras, etc. porque las mujeres que están a mi lado son admirables en todo el sentido de la palabra y serán quizás las que confirmen que estas palabras no son sólo palabras.

Espero que todos dejemos nuestros extremos porque sólo juntos podemos hacer los cambios que el mundo requiere con urgencia y que tiene que ver con: la paz, la vida, el medio ambiente, la violencia (en todos sus sentidos), la pobreza, los océanos, el amazonas, los migrantes, los africanos, los ilegales en Estados Unidos y cualquier problema y en cada rincón del mundo.

Repito y vuelvo a repetir… todos juntos somos más fuertes que divididos en grupos que se descalifican los unos a los otros, sólo hay un grupo al que todos debemos de enfrentar y es el de los antisociales, criminales, violadores, asesinos, etc. pero hay que identificarlo y juntos plantarle cara.