La decisión del voto

Nunca antes habíamos enfrentado una votación tan peculiar como la actual. Que busca por una parte, la continuidad del sistema más corrupto y que de manera estúpida no se pudo detener su regreso al poder. Y sí, no se pudo detener por que no todos los que votan piensan.

Y por otro lado tenemos al de siempre, que además plantea siempre la misma incógnita y finalmente, al grupo de los nuevos amigos que parecen muy desesperados y no les quedó de otra más que unirse.

Ahora bien, en ese escenario tan complejo, se asoman los «independientes» que desde mi gusto, sólo son capaces de debilitar a X o Y candidato en favor del PRI, del que depende como nunca de su base social de siempre, ya que eso de reclutar nuevos votantes, a 5 meses parece imposible.

Metiendo todo esto en una licuadora, el votante que quiere racionalizar su voto se encuentra con un problemón. Los canales de comunicación de siempre (y lo aplaudo) ya no son los mismos y los nuevos están en manos de esa legión de idiotas del que hablaba Umberto Eco. Es decir, que de acuerdo a nuestras amistades y sus ideas o lo que estos vayan compartiendo y que sabrá dios que imbécil subió y con qué intención, un alto porcentaje de los votantes decidirán su voto. Aquí es donde me aterró, aquí es donde me chasquean las rodillas, ya que no es medible la información que recibimos y está determinada por un algoritmo de acuerdo a las personas que «sigo» o bien del que paga para viralizar ciertos mensajes y ese sesgo, esa puerta falsa hoy juega un papel determinante.

Por si fuera poco, aún cuando se conoce a los candidatos y se sigue haciendo el ritual absurdo de los «pre» candidatos, es difícil que alguno de nosotros podamos determinar cuáles son las propuestas de X o Y, eso sí, estamos como desde hace 80 años escuchando la palabra «cambio» incluso del partido que está en el poder, mismo que si considerara hacía si mismo que lo ha hecho bien, para que demonios sigue promoviendo el «cambio». Ese cambio que siempre ha significado que todo siga igual y ese es el gran negocio. Pero ese negocio hoy depende un factor llamado Twitter, Instagram, Facebook y si nos ponemos a ello hasta Tinder.

A mis redes personales, llegan, pros y contras y de unos y otros pero.. ¿qué es verdad? ¿qué es falso? ¿quién lo dijo? ¿por qué todo se resume a clips de 1 minuto? ¿dónde encuentro fundamentos? ¿dónde, dónde dónde? Esto siempre tiene más preguntas que respuestas y los «líderes» de opinión también los pueden encontrar en una competencia de ver quién traga más pinole y se avienta de un edificio en patineta o bien, los de los medios tradicionales vendiendo al mejor postor la opinión.

En este mundo en el que se confunde fácil a un imbécil con un experto en algo, y en el que el número de imbéciles con opinión en significativamente mayor al de los expertos en algo (es que ahora los expertos dan hueva, escriben o hablan mucho) es desalentador cuando se enfrenta una elección con un pueblo muy al límite del hartazgo.

Votar este 2018 es probablemente, el voto más difícil de predecir de toda la historia «democrática» del país, masas que votarán influenciadas quién sabe por qué fuente llenarán o no las urnas y el resultado por más encuestas e información que recibamos no es posible de determinar aún.

Yo por mi parte, no tengo ni la más remota idea de por quién votar, además tampoco ando persiguiendo hueso y tampoco tengo afiliaciones a nada, por lo que intentaré pensar qué es lo mejor y que la suerte decida.

P.D. Bajo ningún motivo, razón o circunstancia votaré por Claudia Sheinbaum, quien gobernó (bueno, eso piensa ella), la Delegación en la que vivo los últimos años y no, definitivamente no, mi voto será para alguien más. (Este es mi comercial y mi opinión personal sobre un candidato, ya ve, yo también lo quiero confundir).

 

El-dilema-del-voto-3

Terapia intensiva.

ekg-flatline_large1

El momento que vive nuestro país, por así decirlo, es crítico. Por un lado enfrenta la posibilidad de que en el país vecino y primera potencia mundial, los mandos queden en manos de un pinche lunático, lo cual me hace recordar a la Polonia de 1936.

Ahora bien, al interior del país, se vive una crisis terrible. Por un lado, todos los días se destapa un nuevo caso gravísimo de corrupción en los gobiernos, federal y estatales. Y no es que sorprenda, así ha sido el sistema durante años, pero en la era de la información, no se puede tapar el sol con un dedo: «no estamos bien, ni estamos mal, sino todo lo contrario» parece la retórica del poder y mientras los vemos huir (Duarte) y los vemos reírse en nuestras narices (Peña). Sin embargo, la temperatura del pueblo sigue entre los 36.5º y los 37º, es decir, aquí a nadie le sube la temperatura de esta situación, cuando casi galopando estamos ya en la elecciones de 2018 y comenzarán (desde ya y todo el 2017) a volar promesas y recados de un lado para el otro, se aparecerá un mesías que es «limpio y puro»… pero son ellos mismos, el mismo sistema, la misma gente.

Mientras contemplamos (algunos horrorizados) lo anterior, nuestra pequeña burbuja llamada «calidad de vida» se explota y se hace cada vez más pequeña. En principio la seguridad es inexistente, no hay resquicio en el país que no esté infestado de ratas (de las del párrafo anterior y de las que viven a su amparo, gracias al nivel de impunidad existente) y estas ratas atacan y devoran cada espacio de los pueblos y de las ciudades.

Tenemos dos caminos a seguir, el camino al que debemos de denominar el del «agachón» que no es otro que: mirar, callar y seguir caminando y de paso ir cooperando con la causa de las ratas, vamos, que dejarnos asaltar cada tercer día parece lo indicado, incluso podemos ponerlo en el presupuesto de las familias.

Otro camino, que no parece probable, debido que no hay fiebre y si no hay fiebre no hay infección, este camino se llama lucha social, en la que todos juntos y en vía de la desobediencia civil, le rompemos la madre al gobierno, en principio por medio de la lana, pero repito, estamos lejos de unirnos y eso es perfecto para ellos: «divide y vencerás».

Un último camino u oportunidad se mostrará en la urnas en el 2018. En ellas debemos los mexicanos, por primera vez, pensar, si carajo, pensar. Es difícil pensar, pero con un poco de esfuerzo podemos. Y ese pensamiento debe estar dirigido a cómo cambiamos esto. ¿Aparecerá un caudillo independiente que sostenga la bandera de la esperanza? ¿De entre los partidos existentes hay alguna posibilidad de un candidato honesto? No lo sé. Sólo sé que habrá que pensar y mucho.

En  fin, estamos en terapia intensiva y solo nuestra voluntad y unión como pueblo nos puede sacar de aquí.