Las palabras

Hoy me dio por pensar que hace tiempo no hago uso de las palabras como debería. Y es que con tanto en el mundo, con tanta amenaza, con tanta mentira, con tanta obscuridad es fácil perderse, es muy fácil que el camino se nos espine. Miedo, incertidumbre, pesares, dolor, muerte, hambre y desolación es el panorama general. 

Con todas estas palomas negras en la cabeza la belleza se hace esquiva, la verdad se hace cruel y no poesía. Los silencios se vuelven largos, se hacen extraños los recuerdos de risas, de abrazos y besos. Las palabras se quedan secas. Que difícil volverles a la vida, esa misma vida que se nos hizo esquiva, de pronto, sin aviso, sin tiempo de pensar, sin tiempo a planear, sin tiempo a pensar con qué podríamos iluminar la penumbra. 

La memoria nos insiste en ver aquellos rostros, hoy ajenos, que nos devuelven la sonrisa, nos devuelven a los tiempos de copas, de carcajadas, de abundancia, de almas llenas de colores, de ánimos en popa. Los brazos por los hombros de aquel amigo haciendo payasadas y muriendo de risa, haciendo de la vida un chiste, sacándole la pulpa sin darnos cuenta. Tomando de la mano a los nuestros mientras caminábamos mirando de frente a sol, sin saber cuánto nos necesitábamos para mantenernos fuertes en la adversidad. 

Hoy nos quedan imágenes que convertidas en palabras redundan en lazos dorados que atan a las personas que amamos a nuestros corazones opacos y de latir semi lento, sedientos de emociones, aunque fuesen llantos, aunque fuesen reproches o desplantes, sedientos de un guiño, sedientos de sangre caliente de coraje, sedientos de luz, de brillos y más violines y más flautas. 

Atrapados en pensamientos de aquellos a los que no supimos pedirles perdón o perdonar y nos abrazamos en la esperanza de que no sea tarde, esperamos verles a los ojos y llorar cuanto haga falta y llorar desconsoladas hasta que se derrita el óxido de las heridas que hoy sabemos sanas. Y en esos casos sin remedio la redención en silencio del perdón lejano. 

Reconocemos nuestros fallos y sí has sido sabio habrás callado sobre los fallos de los demás, habrás reconocido que aquellos sufren igual o mejor o peor, pero sufren y tienen sus propios desvelos, sus propios fantasmas. 

Al final nos queda esa ilusión del tiempo en el que salgamos a hacer aquello que siempre quisimos y ahora sabemos tan importante como respirar, queremos que el viento nos despeine esos pelos que han crecido sin control pero que hemos aprendido a lidiar con ellos, entendiéndolos y aceptándolos en nuestro propio ser, que lejos de vanidades hoy no miran tanto al espejo y no lo miran porque no se reconoce al ser que empezó sino al que habita hoy una mente harta de pensar, harta de reinventarse, harta de desechar ideas que no eran buenas, harta de alimentar nuevos sueños que incluyen muchas personas y mucha piel chinita y vuelos etéreos como dientes de león. 

Esos vacíos creados por nuestra inasistencia a la vida misma, volverán a llenarse de niños con risas contagiosas, de curiosidad, de sorpresa, en verdad deseo que vuelvas a emocionarte hasta el tuétano por saludarme cuando me veas y sepas el gusto que me ha dado estar contigo, si me ves los ojos enrojecidos sabrás que no estoy llorando, es una basura en el ojo que se metió ahí a propósito porque tu alma así lo quiso, porque ha acelerado tus latidos y los míos y los de todos. Pero no te creas no estoy llorando, fue otra basura, es que a lo lejos vi a alguien más. 

Nos consolaremos y compartiremos la sal y en los años siguientes desbocados por vivir, quizás entiendas que quiero seguir a tu lado, que no quiero que me sueltes jamás y no quiero desperdiciar nunca más el privilegio de apreciar el aroma que sale de las flores. 

No hay castigo, sabemos muy bien a quién debemos de salir corriendo a besar y abrazar al final de la pesadilla, sabemos también que ese día no tendrá mañana, sabemos que no lo dejaremos para después, sabemos que ese sueño que nos despertó por meses en la madruga ahora tiene un espacio que ninguna otra cosa puede ocupar y deberemos salir a conseguirlo pensando que no hay mañana. 

Mientras pasa este tiempo envenenado, quizás sea el momento de pensarte, de desearte que todo vaya bien, que no sufras de más, desearte con estas palabras la mayor de las felicidades y si no nos volvemos a ver, piensa que algún momento pensaba en todos esos rostros del ayer, que ahí estabas tú y se me dibujó una gran sonrisa, piensa que estoy con los míos buscando mis sueños y que estoy queriendo como tú, ser muy feliz.